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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 27 DE MARZO DE 2004
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Para Godot que espera

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.Se presenta hoy a las 7:00 p.m. en el Teatro Nacional Rubén Darío

 

Mirna Velásquez Sevilla

Una gotera, un árbol a base de latas apachurradas, viejas, basura... Con eso basta para que tu cerebro respire e imagine el mal olor del espacio: un escenario cubierto de una luz azul, que transporta a las entrañas de la miseria.

Godot es la esperanza de los personajes, dos indigentes que aguardan en medio de la basura. En la obra original son dos personajes masculinos que la agrupación Teatro Estudio de Nicaragua transforma en dos mujeres sobre las que gira la historia y a su alrededor se suman otros personajes.

Didi y Gogo son las dos indigentes que durante toda la puesta en escena esperan. Puede apreciarse que las intenciones del director, César Paz, es la de remarcar dos elementos: la solidaridad y claramente define un carácter de género.

Estos dos personajes en algún momento llegan a interactuar entre sí. Es ligeramente perceptible que entre ambas hay una relación más que de amigas. Pero, yendo más allá de la simple relación, resalta la solidaridad que en esta sociedad escasea sobre todo en las mujeres, que como género carecemos de identificación para reñir juntas contra los problemas arrastrados por el machismo y la falta de equidad, muy minúscula en la sociedad.

UN HOMBRE VÍCTIMA

Esta obra, encarnada por mujeres, como ya dije, revierte el papel tradicional del sufrimiento de la mujer y entra a escena Lucky, un mudo y el único hombre. La agresión aquí es a la inversa. El hado del maltrato es sufrido en carne propia por un hombre, víctima de las mujeres. Una inversión que llega al extremo de provocar la identificación del público con ese personaje.

En esperando a Godot hay un cambio total de intencionalidad que originalmente Samuel Beckett (el autor) tiene. Aquí se aprecia pues una versión libre e independiente de parte de Paz, quien aborda la obra con una visión muy propia, de sobra identificado.

Simplemente toma la obra como una justificación para llevar el mensaje que Beckett concibió: la espera. Pero en este caso el mensaje es modificado. La espera se torna en nada más el punto de partida, el director va más allá e incorpora elementos que ya fueron descritos antes.

Como pocos trabajos, Esperando a Godot simplemente refleja la realidad en todo su sentido, en un espacio donde la escenografía es la basura, donde el lugar no es ninguno, ni importa, porque no se enmarca dentro de ningún espacio determinado, ni en el tiempo.

La ingeniosidad del director en la musicalización de la obra (del grupo neoyorkino Stomp) y la escenografía, sin embargo, desencajan con la falta de pericia y “tablas” de las jóvenes actrices que queda al descubierto desde el principio.

En los primeros parlamentos, dejaron en mí, y quizás alguien más del público lo comparta, la necesidad de “enrollarse” o entrar a la obra de inmediato, sobre todo por tratarse de un absurdo, donde de sobra está decir la dificultad del público para digerir el texto, pero seguramente con algo más de experiencia se lograría.  
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