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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 27 DE MARZO DE 2004
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Corrupción en el régimen y el Estado nicaragüense

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.Del patrimonialismo de los Somoza a la corrupción de Alemán, un análisis político-histórico de Eduardo Marenco. Se presenta el próximo 2 de abril en Galería Epikentro, 7:00 p.m.

 

Alejandro Serrano Caldera*

Con mucho gusto he aceptado la invitación de Eduardo Marenco para escribir estas palabras, a manera de prólogo de su libro, que es su Tesis de Maestría y su tesis de periodista y escritor: El Patrimonialismo y la Corrupción en el régimen y el Estado nicaragüense: Un estudio comparado.

Con este trabajo el autor obtuvo su Maestría en Estudios Latinoamericanos en la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana, en Bogotá, Colombia, y con él penetra en los meandros de la política nicaragüense, preservando siempre, no podía ser de otra forma tratándose de una tesis de grado, el rigor y el método que la academia impone, sin perder el toque con que el periodista, acostumbrado a la agilidad y destreza que exigen la información cotidiana, matiza las reflexiones de su escritura.

Con una cita de Giovanni Sartori anuncia Marenco el trasfondo de nuestra práctica política, eso que los griegos llamarían lo permanente (no quiero decir lo esencial), de este acontecer histórico, para diferenciarlo de lo accidental, de lo contingente: “¿Cuánto gravita entonces, el pasado sobre el presente? ¿Cuál es el elemento de continuidad en esa discontinuidad?”.

La cita de Sartori, y en general el trabajo de Marenco, me llevan de nuevo a mis reflexiones sobre el tema. En efecto, pienso que el pasado, o peor aún, los vicios del pasado, de nuestro pasado, se han reproducido en el presente, en nuestro presente, con una persistencia perversa que ha resistido cuartelazos, montoneras, revoluciones, elecciones, transiciones y toda suerte de convulsiones que han azotado nuestros intentos de encontrar, o construir, un camino hacia la democracia, el Estado de Derecho y la modernidad.

Y no se trata de que no hay cambios o de que todo permanece inmóvil y estático, no, este es un país que no deja de moverse, y no me refiero únicamente a su inestabilidad telúrica, sino a su más acusada inestabilidad política.

No obstante, más allá de todos sus movimientos, a pesar de todas sus convulsiones, hay una capa geológica de la política que permanece incólume, inmóvil a pesar de todos los movimientos e igual a sí misma, a pesar de todos los cambios. Como en IL Gatopardo, la novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, pareciera que la consigna fuese que hay que cambiar para que todo permanezca igual.

Frente a ese pasado persistente que desafía todas las leyes de la historia, la política y la física, el presente se encuentra secuestrado y el futuro confiscado. Dos actitudes confirman esta lamentable situación: o la repetición mecánica del pasado o los intentos de suprimirlo de tajo, como si nunca hubiera existido o como si fuera posible una amnesia universal que sumergiera en el olvido todo lo ocurrido.

Eso no puede ser. Los pueblos amnésicos carecen de historia, pues la historia, como dice Leopoldo Zea, no la componen los puros hechos sino la conciencia que se tenga de ellos. Quien no aprende del pasado está condenado a repetirlo y está condenado también a sacrificar el futuro, pues éste sólo se construye en la continuidad de ese laborioso y contradictorio tejido de continuidades y rupturas de nuestra propia experiencia que es la historia. Las copias serviles de modelos extraños no nos han dado ni nos darán nunca un futuro, porque no es el nuestro y porque no hay futuros prestados. Al pasado no se le repite ni se le suprime. Al pasado se le supera.

Esta falta de visión dialéctica de la historia nos ha encerrado en un círculo vicioso que en diversas ocasiones me he permitido representar gráficamente como una rueda que gira constantemente sin avanzar del mismo sitio. Los elementos que la componen en forma circular son: Pacto-Constituyente o reforma parcial a la constitución —dictadura unipersonal o poder bicéfalo— Crisis-conflicto y de nuevo pacto...

Marenco identifica esa constante histórica en el fenómeno de la corrupción que ha contaminado nuestra historia y comienza su trabajo con un título rotundo que evoca a Faulkner o a Hemingway: El Olvido y la Furia. A lo largo de su estudio atribuye en buena parte esta responsabilidad al Sistema Presidencial que, como él dice, tiende a la excesiva concentración de poder en el ejecutivo, lo que, a su vez, lleva implícita la arbitrariedad y la corrupción.

Piensa que el Sistema Parlamentario puede contribuir a establecer mejores mecanismos de control del poder y por ende, de la corrupción.

Sin desconocer las bondades del Sistema Parlamentario y las tentaciones a la arbitrariedad que la concentración de poder en el ejecutivo propicia la naturaleza misma del Sistema Presidencial, pienso, sin embargo, que la causa del problema no está tanto en el sistema como a las ambiciones no siempre legítimas de la clase política y de los funcionarios del Estado, principalmente del gobierno, en la debilidad de las instituciones y en la cultura política premoderna de nuestra sociedad.

La conciencia crepuscular que nuestra sociedad tiene de las instituciones, del poder y del derecho, tiende a la búsqueda de caciques y caudillos que dirijan la política, la sociedad y el Estado. Con esta causa de naturaleza cultural, no es ninguna garantía, sin perjuicio de sus bondades intrínsecas, que el sistema parlamentario elimine la corrupción, como tampoco es una verdad axiomática que el sistema presidencial la produzca.

Este magnífico trabajo de Eduardo Marenco inserta el problema político específico de Nicaragua en las coordenadas del mundo contemporáneo. Desde esta perspectiva nos habla del sistema-mundo y dependencia, de las fluctuaciones de los mercados internacionales, de los planes de ajuste estructural del modelo neoliberal, del Estado, el régimen político, el patrimonialismo, la corrupción en el Estado moderno, la soberanía dependiente y el Estado patrimonial, la acumulación patrimonial en la familia Somoza, del patrimonialismo de los Somoza a la corrupción de Alemán, entre otros temas, en los que enlaza con dominio y convicción, la situación específica de Nicaragua, con la evolución de las tendencias dominantes en el mundo.

Igualmente desarrolla con propiedad el ajuste estructural y el surgimiento de la élite de tecnócratas, la relación de la Iglesia Católica y el Estado en lo que él llama un “concordato de facto”, estudia la naturaleza de los pactos políticos del siglo XX, y, particularmente, lo que denomina el “Pacto de Dominación Alemán-Ortega”.

En sus conclusiones, además de afianzar los conceptos fundamentales del estudio, establece la relación que se produce entre el presidencialismo, la coalición bipartidista y la corrupción, sobre cuyos puntos de vista, explicitados por el autor a lo largo de la obra, hemos hecho nuestro análisis y consideraciones.

Este libro de Eduardo Marenco es un aporte valioso al estudio de nuestra realidad política. En él convergen en feliz coincidencia, el rigor del académico, la agilidad del periodista y la responsabilidad del ciudadano. La razón que guía sus pasos a través de los diferentes capítulos y que produce las concatenaciones lógicas entre lo político y lo económico, lo nacional y lo internacional, no está exenta de la pasión del nicaragüense que quiere ver en el ejercicio político y en la función pública un medio para el desarrollo y estabilidad del país y una práctica al servicio de la nación y de la dignidad de su pueblo.

*Politólogo y filósofo nicaragüense.  
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