Enhorabuena, Nicaragua
El jueves de esta semana, el representante de Nicaragua, Eduardo Castillo, intervino en el sexagésimo período de sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, Suiza.
El representante nicaragüense denunció particularmente la grave situación de violación a los derechos humanos en Cuba. “Causa dolor y tristeza la oleada represiva que hace un año dejó 75 disidentes detenidos y condenados a severas penas en Cuba por haber cometido el ‘atroz delito’ de pensar en forma diferente al régimen” —señaló el jefe de la delegación de Nicaragua—. Y agregó que “ello nos hace recordar las oscuras páginas de nuestra experiencia, cuando sufrimos censura, represión y otros odiosos vicios de las dictaduras en nombre de la seguridad del Estado”.
LA PRENSA fue de las principales víctimas de aquellas violaciones brutales a la libertad y los derechos humanos, sufridas bajo las dos dictaduras, la somocista y la sandinista. Y ciertamente, fueron muchas las muestras de solidaridad que recibía entonces el pueblo de Nicaragua, de manera que ahora tiene un compromiso especial de apoyo a quienes sufren crueles vejaciones por ejercer su derecho a pensar e informar libremente, y a tener una opinión política propia, como es el caso de quienes no están de acuerdo con el sistema comunista de Cuba.
De manera que compartimos la solidaridad expresada por el representante nicaragüense ante la Comisión de DD.HH. de la ONU, con los periodistas cubanos independientes Oscar Espinoza, Roberto de Miranda, Rolando Jiménez, Rafael Millet, Miguel Sigler y Raúl Rivero (Premio Mundial —Guillermo Cano— de Libertad de Prensa, Unesco 2004), quien además es directivo de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP); entre otros que fueron condenados a veinte y más años de prisión.
Pero no hay que esperar mucho de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, aparte de la posibilidad de denunciar las violaciones que se cometen en países que sufren regímenes totalitarios y autoritarios. Este organismo de la ONU, que lo integran 53 miembros rotativos, ha caído en una lamentable situación de desprestigio debido a la inercia e inclusive al encubrimiento de gobiernos violadores de derechos humanos.
El problema radica precisamente en el hecho de que la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas no está integrada por funcionarios independientes, como la comisión correspondiente de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Corte Europea de Derechos Humanos, cuyos miembros no dependen de los gobiernos y por lo tanto pueden actuar y al menos emitir resoluciones de condena contra las violaciones a los derechos humanos.
Ya algunos países se han pronunciado contra la influencia perversa que tienen algunos gobiernos autoritarios sobre la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, y se han pronunciado a favor de que se redefina su composición y se integre con personas que tengan suficiente capacidad política y moral de velar efectivamente por el respeto a los derechos y libertades de la persona humana, en cualquier parte del mundo donde sean o pudieran ser violados.
Sin embargo aún algunos países democráticos se oponen directa o indirectamente a esa demanda, por temor a investigaciones sobre excesos en la lucha contra el terrorismo, que es ahora prioridad número uno en la mayor parte de las grandes potencias dedocráticas.
A pesar de todo, mientras siga siendo posible aunque sea denunciar en la comisión de Ginebra las violaciones a los derechos humanos, los gobiernos que defienden la dignidad de la persona humana deben seguir aprovechando ese foro para expresar su solidaridad con las víctimas de la represión.
Al respecto la posición de Nicaragua ha sido encomiable en los últimos años, aunque bajo el gobierno de Arnoldo Alemán se cometía el error de llevar a Ginebra, como jefe o portavoz de la delegación oficial, a un ciudadano cubano-norteamericano. Eso debilitaba la condena de Nicaragua a la violación de los derechos humanos en Cuba, porque no se miraba como una posición genuina y propia, sino como subordinada a otro país, en este caso a Estados Unidos.
Lo correcto es lo que se hace ahora, es decir, denunciar las violaciones de los derechos humanos en Cuba y manifestar la solidaridad con las personas víctimas del totalitarismo castrista, pero haciéndolo con voz y palabras que son propiamente nicaragüenses.

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