¿Cómo eres?
Lic. Ernesto González Valdés
Hace ya más de veinticinco siglos, Tales de Mileto (año 625 - 546 a.C.) –filósofo griego fundador de la filosofía griega y considerado como uno de los Siete Sabios de Grecia–, afirmaba que la cosa más difícil del mundo es conocerse uno mismo. Inclusive en el templo de Delfos (antigua ciudad de Grecia, emplazamiento del Dios Apolo) podía leerse aquella famosa inscripción socrática: “gnosei seauton”: conócete a ti mismo, que recuerda una idea parecida.
Conocerse bien a uno mismo representa un primer e importante paso para lograr ser artífice de la propia vida, y quizá por eso se ha planteado como un gran reto para la especie humana a lo largo de los siglos. La observación de uno mismo permite separarse un poco de nuestra subjetividad, para así vernos con un poco de distancia, como hace el pintor de vez en cuando para observar cómo va quedando su obra.
Observarse a sí mismo es como asomar la cabeza un poco por encima de lo que nos está ocurriendo, y así tener una mejor conciencia de cómo somos y qué nos pasa.
Por ejemplo, es diferente estar fuertemente molesto “o arrecho”, sin ningún motivo, a estarlo producto de alguna causa definida, y lo ideal, ante la no presencia de una causa, lo constituye el poseer una conciencia autorreflexiva que nos diga: “Ojo con lo que haces, estás molesto por motivos innecesarios, que a la larga tienen solución, y si no échalos a la basura”.
Comprender bien lo que nos pasa tiene un poderoso efecto sobre los sentimientos perturbadores que puedan invadirnos, y nos brinda la oportunidad de poner esfuerzo por sobreponernos y así no quedar abandonados a su merced.
Pero hay muchas personas que son conscientes de pasar por un estado emocional negativo, y sin embargo no logran salir de él. Son personas que suelen sentirse desbordadas por sus propios sentimientos, y que no necesariamente se dan cuenta de que son pesimistas, malhumoradas, susceptibles o abatidas, pero a la vez se consideran incapaces de salir de ese estado. Son conscientes de su situación, pero de un modo vago, y precisamente su falta de perspectiva sobre esos sentimientos es lo que les hace sentirse abrumadas y perdidas.
Piensan que no pueden gobernar su vida emocional y por eso no hacen casi nada eficaz por salir del agujero en que se encuentran. Viven constantemente recordando experiencias negativas tal vez de antaño, y que ya sucedieron –que no tienen solución, y que el tiempo se ha encargado de borrar– cuando realmente debemos pensar en el futuro, ese es el que nos interesa. Lo pasado, pasado fue.
Hay otras personas que son algo más conscientes de lo que les sucede, pero su problema es que tienden a aceptar pasivamente esos sentimientos. Son proclives a estados de ánimo negativos, y se limitan a aceptarlos resignadamente, con una actitud rendida, de dejarse llevar por ellos, y no se esfuerzan por cambiarlos a pesar de lo molesto que les resulta sobrellevarlos.
Favorablemente todos en este sentido no somos iguales, hay personas que perciben con verdadera claridad sus sentimientos y ellas suelen alcanzar una vida emocional más desarrollada. Son personas más autónomas, más seguras, más positivas; y cuando caen en un estado de ánimo negativo no le dan vueltas obsesivamente, ni lo aceptan de modo pasivo, sino que saben cómo afrontarlo y gracias a eso no tardan en salir de él. Su ecuanimidad en el conocimiento propio les ayuda mucho a abordar con acierto los problemas y gobernar con eficacia su vida afectiva. ¿Cómo es usted?

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