LUNES 22 DE MARZO DEL 2004 / EDICION No. 23399 / ACTUALIZADA 12:15 am





EL HUMOR DE




¿Otra España es posible?

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Xavier Ruiz Ribes*

Lo que ha ocurrido en España merecería un análisis más profundo que estas breves líneas, pero sin duda se pueden sacar aquí varias conclusiones que muestran un panorama complejo y de gran interés:

1. Sería dramático pensar que los atentados del 11-M hayan podido cambiar un gobierno, o que Bin Laden tenga la capacidad de deponer presidentes. Pero los resultados de las elecciones del domingo hubieran sido otros de no haber mediado la tragedia brutal del jueves, y es por tanto otra tragedia que muchos españoles sólo hayan despertado del letargo después de la masacre.

2. Pero este resultado no es fruto de un día tan sólo, ni las reflexiones de los votantes pueden ser tan inestables. Si el Gobierno de Aznar ha perdido unas elecciones es principalmente por una trayectoria previa basada en un dogmatismo que se ha comprobado estéril. Desoír tantas veces las opiniones de una mayoría de españoles que reivindicaban, entre otras cosas, la no implicación en una guerra ilegal, ha provocado un coste político de gran magnitud. Harán bien en reflexionar otros gobernantes sobre el hecho de pasar por encima de la voz del pueblo, quien se ha mostrado al fin más inteligente de lo que muchos creían.

3. Hasta el último día el Gobierno del PP siguió errando la estrategia comunicativa hasta extremos grotescos. Cuando el ministro del interior, Ángel Acebes, se empeñaba todavía en demostrar que ETA era la responsable de la matanza, media Europa ya conocía las reivindicaciones y pruebas que apuntaban a Al Qaeda. Cuando se intentó corregir el tiro ya era demasiado tarde: nada hay peor para un político que tener que desmentir lo que ya de por sí era una fabulación sin datos verídicos.

4. Y entonces apareció, nada menos que el día de reflexión, el candidato del PP, Mariano Rajoy, conminando a las gentes a no manifestar su repulsa por todo este entramado ante las sedes del partido y a regresar a sus casas de inmediato. La gente sólo reclamaba explicaciones y datos reales, y a esas alturas eso ya era mucho pedir.

5. Y España votó. Y los resultados son abrumadores: respaldo general a la izquierda, a un candidato socialista con imagen de conciliador, a un partido independentista catalán que propugnó el diálogo con los terroristas, y en definitiva, a un cambio de caras, ideas y modos. Y perdió la derecha, pero sobre todo ese talante excesivamente autoritario, duro, del que ha usado y abusado el presidente Aznar y que ha acabado por hartar a una mayoría de ciudadanos.

6. Una de las mejores conclusiones de estos días es que en política no vale todo. Y lo que se paga especialmente es la mentira. Ya la pagó en su día el PSOE al esconder la verdad sobre la trama de los GAL, uno de los episodios más vergonzosos de la historia de España en forma de un grupo antiterrorista violento creado por personas vinculadas al Gobierno. Y ahora el PP paga las mentiras de una guerra en Irak creada con el único fin de comer un pedazo de la riqueza petrolífera de ese país. Ni armas de destrucción masiva ni peligro mundial: mientras el patético Saddam Hussein se pudre en la cárcel, Bin Laden sigue masacrando gente desde su escondrijo.

7. El mundo, que nadie lo dude, es hoy más inseguro. ¿Quién está a salvo de un nuevo atentado terrorista? ¿dónde va a ser el próximo? Contra las políticas solidarias, conciliadoras, dialogantes y multiculturales ha prevalecido últimamente la política de la agresión preventiva, del choque de culturas y de la ley del más fuerte. Bush ha sido su principal impulsor, pero ha tenido varios seguidores inquebrantables, como España y el Reino Unido, y a otro nivel también Nicaragua. ¿Será lo que ha pasado en España un síntoma de un cambio más internacional?

8.A la espera de otro mundo posible parece que los españoles han decidido que, como mínimo, sí hay otro país posible. Está por ver cómo será y qué capacidad de gestión va a tener este nuevo socialismo de caras también muy nuevas. Pero las 200 víctimas mortales del 11-M se merecen, al menos, que la España del futuro se construya sobre los eslabones de la paz. Una paz que esas 200 personas no encontraron una mañana de marzo teñida, ya para siempre, de sangre y luto.

* El autor es español cooperante en Nicaragua.
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