Simbiosis mutualista
Mauricio Díaz D.*
“... bajo el supuesto de que al año 1999 había en el país 450 mil inmigrantes nicaragüenses, el aporte de la mano de obra nicaragüense a la producción del país puede haber sido de unos veinticuatro mil millones de dólares durante la última década. Esta cifra significaba más o menos el doble de la deuda externa que tenía Nicaragua antes de ser declarado país pobre altamente endeudado, cifra que se le volvió prácticamente imposible de pagar. Si los nicaragüenses que emigraron a Costa Rica se hubiesen quedado produciendo allá, y hubiesen contado con la misma infraestructura productiva y el capital con que han contado acá, Nicaragua habría podido pagar esa deuda sin tanto contratiempo.”
Me tomo la libertad de citar parte del análisis La Inmigración Beneficia a la Economía Costarricense, de los sociólogos Gioconda Úbeda R. y Denis Meléndez H. (10 de febrero del 2001), cuyo valor estriba primero en que es un estudio elaborado por costarricenses y segundo que permite extraer una y simple lección: los trabajadores nicaragüenses han emigrado porque no han tenido las condiciones laborales ni la infraestructura ni el capital para quedarse produciendo en Nicaragua. Hay que agregar fenómenos naturales, de la política y bélicos como causales de la emigración.
Nicaragua es el segundo socio comercial de Costa Rica, le compra cerca de doscientos millones de dólares anuales adquiriendo cerca de novecientos tipos o variedades de productos, pero apenas le vende unos 40 millones de dólares, tema que debe dar lugar a una estrategia de penetración y ampliación de la oferta exportadora hacia esa nación.
Si se quiere definir la relación bilateral con Costa Rica creo que es de complementariedad, pues ambos países se benefician: los inmigrantes nicaragüenses producen riqueza pero también envían remesas estimadas entre 200 y 250 millones de dólares anuales.
“… El inmigrante simplemente se abstiene de comprar cosas que le mejorarían su bienestar en Costa Rica, para mandarle a la esposa, a la madre o a los hijos en Nicaragua”. De acuerdo a estudio del INCAE hay cerca de 400 empresas de Costa Rica, de todos los niveles y tamaños, haciendo negocios con Nicaragua.
Ese círculo virtuoso se completa al analizar el destino de las remesas de las y los nicaragüenses, pues más del 70 por ciento de lo enviado sirve para adquirir alimentos que en muchas oportunidades se compran en los supermercados Pali, de capital tico pero que administran y operan trabajadores nicaragüenses.
Hay más de cien millones de dólares en inversiones de empresas y corporaciones de Costa Rica en Nicaragua. El último censo de población (2000) reflejó un poco más de 227 mil nicaragüenses, muy lejos de las afirmaciones que intentan situarlos cercanos al millón de personas. De acuerdo con estimaciones de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), se calcula que en Costa Rica había en 1999 aproximadamente unos 450 mil nicaragüenses. Ese parece ser el límite superior y así pareciera confirmarlo el censo de población (incluyendo estimaciones de estadígrafos de la Universidad de Costa Rica que contemplan población flotante e “invisibilizada”). A la par de esa masa humana debe también mencionarse una importante contribución de empresarios nicaragüenses que desde los años ochenta algunos y desde antes otros, han venido contribuyendo al engrandecimiento de ese país. Cinco bancos de capital nicaragüense operan en Costa Rica; empresarios, banqueros, industriales y comerciantes contratan a su vez empleados costarricenses para las diferentes actividades donde se desempeñan. Eso es simbiosis mutualista, no antagónica, pues también los costarricenses dependen de los inversionistas y de la economía nicaragüense.
Sin duda que existen grupos anti-nicas. Es inevitable si consideramos la inmensa presencia nicaragüense y las campañas desplegadas por algunos medios de comunicación social que intentan trasladar la causa de los males costarricenses al impacto y la presión que ejercen los nicas sobre los servicios públicos, particularmente salud y educación, pero como señalan los autores de la obra en referencia, Costa Rica vive su propio proceso de desgaste y de ajuste que significó la reducción presupuestaria del gasto público, lo que se ha traducido en el deterioro paulatino de la calidad de esos servicios. Asimismo, en ocasión de los procesos electorales se vuelve un tema de campaña entre quienes adversan y quienes defienden a los nicaragüenses.
En materia de comisión de delitos existe una gran desinformación y muchas de las cosas que se dicen no son ciertas, por ejemplo que la mayoría de los delitos los cometen los nicaragüenses. Hay cifras que indican que en la población de las cárceles los nicaragüenses representan sólo el 3.7 por ciento, lo cual señala que el manejo responde a la percepción y no a la realidad.
Pero podría dedicar muchas páginas al análisis de los diferentes prejuicios alrededor de la presencia nicaragüense en Costa Rica. Al respecto y en honor a la verdad cabe destacar que hay en esa nación un debate en medios académicos, intelectuales, profesionales, que ha dado a luz importantes análisis, estudios como el libro “Otros Amenazantes: los nicaragüenses y la formación de identidades nacionales en Costa Rica”, del doctor Carlos Sandoval, catedrático de la UCR, muy acabada autocrítica que deberíamos leer los nicaragüenses, y hasta un extraordinario monólogo del nica-tico César Meléndez, titulado precisamente “El Nica”, cuya contribución en la sensibilización de la condición humana de ese ser hacia los costarricenses, todavía no se valora en su integral dimensión.
La política de buena vecindad del presidente Bolaños hacia Costa Rica, los lazos familiares del presidente Pacheco en Nicaragua y la singular amistad entre ambos mandatarios, es el mejor marco para el fortalecimiento de las relaciones diplomáticas, comerciales y de toda naturaleza, entre ambos países.
* El autor fue Embajador de Nicaragua en Costa Rica.

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