DOMINGO 21 DE MARZO DEL 2004 / EDICION No. 23398 / ACTUALIZADA 11:58 pm





EL HUMOR DE





Especial
Cena a tres platos con los “hombres de negocio”

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Eduardo Marenco Tercero

¿Cómo es una cena con los “hombres de negocios”? Un reportero y un fotógrafo de LA PRENSA estuvieron en una de sus reuniones, un martes por la noche. El “plato fuerte” es el testimonio de un hombre que narra los golpes que ha dado y ha sufrido en la vida, su arrepentimiento y solicitud de perdón a su familia, hasta su encuentro con Dios. Las lágrimas abundan y los testimonios ponen los “pelos de punta” a cualquier profano


LA ENTRADA

Los comensales, sólo varones, abren la puerta corrediza del salón privado del restaurante La Plancha y entran con discreción, saludándose unos a otros, pagan los setenta córdobas y reciben un tiquete amarillo que los acredita a ordenar del menú: bistec encebollado, pollo apanado y chuleta de cerdo apanada. De entrada, ensalada; y de refresco, una Coca-Cola, un jugo de naranja o de guayaba. Cero alcohol. Muchos llegan huyendo del trago. Una cerveza helada sería ahí un sacrilegio. El “plato fuerte”: el testimonio sobre la tormentosa vida de uno de los ´hombres de negocios`.

Cerca de las 8:00 p.m., apagan el televisor, se cierra la sala y Denis Lanzas, un hombre canoso, da la bienvenida a todos y pide a los invitados que se presenten dando su nombre y oficio y que identifiquen a la persona que les ha invitado. Nos toca hacerlo a mí y a Orlando Valenzuela. Luego se nos aplaude.

El ingeniero Dudley Guerrero toma el micrófono y explica la misión de la Fraternidad, de cómo sus miembros procuran una buena relación con Cristo, los milagros en sus finanzas, salud y en la relación con sus familias y esposas. También Cristo les ha ayudado, dicen, a dejar adicciones al tabaco, al trago, a los juegos de azar... y a las mujeres.


EL PLATO FUERTE

A las ocho y diez minutos es hora del “plato fuerte”. El “chef” en esta ocasión es el piloto, empresario y periodista, José Bonilla, quien narra los azares de su vida.

Su niñez marcada por la violencia de su padre, quien solía llegar a medianoche, borracho a veces a golpear a su madre: “Mi niñez, entonces, la pasé escuchando golpes, gritos, trastos que se quebraban a esas horas; mi padre maltrataba a mi madre, pues. Salíamos huyendo de él a buscar refugio, mi madre corriendo medio desnuda envuelta en sábanas; y esos recuerdos se cimentaron en mi vida con crueldad. Laceraron mi corazón. Mi padre fue el culpable de que cambiara el rumbo de mi vida. Me inyectó nerviosismo y me llenó de angustia. Yo me orinaba de miedo cuando llegaba el último día del mes, cuando daba la medianoche en el reloj y mi padre no llegaba a la casa”.

“En sus arrebatos de rebeldía –prosigue–, se iba de la casa y me obligaba a seguirlo para dormir debajo de un árbol como ocurrió muchas veces, en la casa de una prostituta o en un cuartucho de una cuartería porque él quería estar solo. En otro de sus arrebatos dijo que se haría cargo de nuestra educación y nos sacó a mí y mis hermanos del Colegio Bautista. ¡Se tiraba el dinero en guaro y prostitutas!... Creció en mí un tremendo resentimiento contra mi padre”.

Lo que vino después, cuando él creció, fueron sus estudios, su casamiento, su vida empresarial hasta que de pronto, en la cima del éxito según pensaba, comenzó a imitar la conducta de su padre.

“Yo llegaba por las madrugadas, porque tenía que divertirme, pues había vivido una niñez acelerada y una adolescencia compactada, pero ella, mi esposa, se ponía mala. Yo llegaba con la camisa con pintura de labios y se molestaba. ¡Pero a ella no le faltaba nada!”. Los comensales lo escuchaban absortos y en silencio.

Se volvió mujeriego, mentiroso y cínico, y cuando se dio cuenta ya estaba dándole “sopa de muñeca” a su mujer. Se hizo piloto, empresario exitoso y avasallador. Con su padre no se hablaba.

“Y ya para entonces la segunda esposa me decía que ya no me aguantaba. Tenía pleitos con los socios de la empresa. Comencé a venir a la Fraternidad, y por primera vez me vi hacia adentro. Me vi sucio. Me dio asco. Me di cuenta que había mandado a abortar a cinco mujeres, me sentí horrorizado de ser un asesino, me sentí vil. Me eché a llorar aquella noche”.

Ya casi todos han terminado de comer, los meseros retiran los platos y cubiertos y sirven café.

En la Fraternidad se desahogó brindando el testimonio de su vida y ésta dio un giro. Le pidió perdón a su padre, “¡Lloré sobre ese viejo!”, comenta, le cambió el humor, resolvió sus negocios y ahora su principal “socio” es Dios, según dice.


EL POSTRE

Después de un llamado a la conversión y de una oración colectiva, termina su larga diatriba seguida de aplausos, se reparten sobres blancos en los que cada uno escribe una oración personal, luego alguien da “la oración de los sobres” y luego a mí y a Orlando Valenzuela se nos hace escuchar la “oración del invitado”.

José Bonilla pone sus manos sobre mis hombros, de frente mío y da una larga oración en la que me invita a abrir mi corazón a Cristo. Luego pone su mano derecha, la misma de la “sopa de muñeca”, sobre mi pecho al lado del corazón, pidiéndole a Dios por mí. ¡Caramba!, me dije, ¡converso voy a salir de aquí!... Una vez cumplido este último trámite, nos marchamos, bien cenados y estupefactos, siendo las 9:25 p.m., cuando ya Managua empezaba a dormir.


EL NEGOCIO DE DIOS

Se reúnen en fritangas. En hoteles de primera clase como el Intercontinental o el Holiday Inn. En restaurantes como La Plancha o Pollos al Pastor. O en la ´Cocina de Doña Haydée`. El “plato fuerte”: el testimonio de un hombre que narra los golpes que ha dado y ha sufrido en la vida, su arrepentimiento y solicitud de perdón a su familia, hasta su encuentro con Dios dentro de la “Fraternidad de hombres de negocios del Evangelio Completo”. Las lágrimas abundan y los testimonios ponen los ´pelos de punta` a cualquier profano.

¿Quiénes integran esta comunidad de laicos parecida en sus rituales a los Alcohólicos Anónimos? Desde un cronista deportivo hasta un pulpero. Desde un asalariado hasta un diputado.

Hay de todo. Personajes como Noel Ramírez, ex presidente del Banco Central, consentidor de los tarjetazos del amor entre Arnoldo Alemán y María Fernanda Flores; o gente como Víctor Manuel Gallegos, mejor conocido como “Pedrito el hondureño”, quien era enemigo a muerte del ex comisionado Luis Enrique Rodríguez, ex jefe de la Policía de Estelí, cuando asaltó los bancos de la ciudad el 21 de julio de 1993 llevándose un botín de más de US$714,000 dólares de la época. Gallegos intentó matar a Rodríguez ese día y luego éste lo buscó para vengar el asalto a su casa, pero ambos se reencontraron años después dentro de la Fraternidad, se perdonaron y ahora son “hermanos en Cristo”. Ahora predican juntos donde antes se colocaban emboscadas.


EL ORIGEN

La Fraternidad Internacional de Hombres de Negocios del Evangelio Completo (FIHNEC), fue fundada hace cincuenta años por Demos Shakarian (1913-1993), un cristiano de origen armenio y próspero ganadero que vivía en Los Ángeles, California.

Cuenta la historia que la familia de Shakarian sobrevivió a la persecución de los armenios por el Imperio Otomano, que expulsó a ese pueblo hacia el desierto en la antigua Mesopotamia, en lo que hoy es Irak, en 1914. Su familia se trasladó a Estados Unidos, pues temía el cumplimiento de una profecía sobre el exterminio de los armenios.

De modo que creció en un ambiente de holgura económica, se dice incluso que su abuelo llegó a conformar el tercer rebaño de vacas lecheras más grande del mundo. Un milagro cambió su vida: su hermana había sufrido un accidente que le dejó graves quemaduras y fue “sanada” por el doctor Charles Price, un predicador itinerante. Eso llevó a Shakarian a financiar campañas evangelistas y fundar en una cafetería lo que dio en llamar “Fraternidad de Hombres de Negocios del Evangelio Completo”. La Fraternidad se sustenta en un eje central: Jesús obra milagros en la vida cotidiana de las personas y les cambia la vida para siempre. Sus integrantes creen que Dios les salva de enfermedades incurables, de los vicios y les da prosperidad económica.

Los adeptos a la Fraternidad en Nicaragua han crecido en los años noventa, llegando ahora a integrar más de 360 capítulos (agrupaciones) que se reúnen semanalmente en algún restaurante, fritanga u hotel cinco estrellas.
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