VI
Carmen Naranjo
(Fragmento)
Tal vez la flor, la abeja, ese perfume de siembras en que el sexo redondea los ojos y remienda las alforjas del vacío. La flor que cuelga del aire para caer en la desnudez del tiempo y resucitar en la pericia del milagro. Esa flor superior a la palabra y credo, mejor que la pintura y la buena profecía niña, bella niña, simple ninfa, que no juega a las rondas, que se duerme sin arrullos, que despierta para soñar y muere sin lágrimas y funerales. Esa flor con labios que besan, con manos que acarician, con almohadas de almendra y miel, con meriendas de libres albedríos, sin raza y con alma de colores, con especie y sin nacionalidades, con género y sin lucha de contenidos. 
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