Necesidades
Alfonso Kijadurías
Necesito a mi mamá, con edipiano amor, sus desayunos humanismos. La ingenua libertad de ese niño en sus faldas suspirando la culpa original. Aquel domingo de misa, pan y sol y la muchacha aquella burlándose de mi amor tontísimo.
Necesito de Dios y su absurda existencia para luego volverme materialista y soñador.
Necesito de mi mal ponderada familiaridad de padre, casarme una vez más con la madre de mis hijos. Que me digan lo pequeño que soy. Necesito de veras volverme a ver en el espejo limpio de la casa y cambiarme de ropa y salir a esperar como un novio solemne a la vida, esperándome. Necesito una vez más que mi tata me pegue con los puños terribles de patriarca y que me diga bruto, inútil, polvo de la noche delirante y brutal.
Necesito que las gentes acudan a mi paso. De veras necesito que me quieran. Me besen todos los labios del mundo. Y que me dejen, me dejen, por favor, crecer un poco más con mi vejez de niño atolondrado. 
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