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Carmen Naranjo: La palabra es relámpago

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.Habla del oficio de la mujer escritora

 

Matilde Niño*

Es toda una leyenda literaria en Costa Rica, controversial, entusiasta, Carmen Naranjo cuando habla su palabra es trueno, mujer de temer pero en lo que escribe. Sus premios literarios son muchos; los ha ganado casi todos en Costa Rica: entre otros, el Premio Nacional Magón (1986) y Aquileo J. Echeverría de novela en dos ocasiones (1966 y 1971). Además, la Universidad de Santo Domingo (República Dominicana) le confirió un doctorado honoris causa (1991), y el Gobierno de Chile, la Medalla Gabriela Mistral (1996).

Con una vasta obra entre poesía, ensayo, cuento y novela llenan su extenso currículum. Algunas de sus obras han sido traducidas al inglés, hebreo, yugoslavo y griego. Entre ellas están América, Canción de la ternura, Hacia tu isla, En el círculo de los pronombres, Misa a oscuras, Camino al mediodía, Memorias de un hombre palabra, Los girasoles perdidos, Responso para el niño Juan Manuel, Idioma del invierno, Hoy es un largo día, Diario de una multitud, Por las páginas de la Biblia y los caminos de Israel, Mi guerrilla, y Cinco temas en busca de un pensador.

Naranjo ha jugado un destacado papel en la lucha por la equidad de las mujeres, con el hincapié en el aspecto cultural. En su libro Mujer y cultura la escritora identifica y analiza cinco mitos culturales que sustentan la discriminación y la exclusión de las mujeres: el mito de Eva, de Penélope, de la virginidad, de la maternidad y de la “mujer liberada” (en cuanto a este último, ella seguramente ha vivido sus implicaciones en carne propia).

Ha sido embajadora de Costa Rica en Israel, subgerente administrativa de la Caja Costarricense del Seguro Social, asistente de gerencia del Instituto Costarricense de Electricidad, Ministra de Cultura, presidenta del Consejo Nacional de Educación Física y directora del Museo de Arte Costarricense, entre otras funciones.

Su prestigio como intelectual ha traspasado las fronteras patrias y ha sido llamada a desempeñarse como experta de las Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos en El Salvador, República Dominicana, México y Estados Unidos.

Ahora vive en medio de los árboles frutales en su oasis de Tambor de Alajuela.



—¿Que es la palabra en su vida?

—Es el todo, es la vida. Ella es vital. La palabra va más allá del espacio, la palabra es relámpago, a veces te desecha porque se cree que no es el momento y no hay oportunidad para profundizar. Vuelve e insiste y se va fermentando, tiene tanta fuerza que es como la gota que perfora la piedra. El relámpago que ilumina la palabra no viene solo, trae una serie de sensaciones maduras en la memoria, apunta a estallar en sus sentidos, son sensaciones que tocan y desafían.



—¿De dónde nace su poesía?

—Tiene sus orígenes en el amor, la vida ingrata y los grandes momentos, los períodos buenos y malos, lo fértil, lo infértil. Ahí figuran todos los oficios del sentir y del pensar envueltos en circunstancias reabiertas, culpas, miedos, y revanchas, muchas sensaciones que cada vez más nos acercan y nos alejan de la humanidad.



—¿Su poesía y narrativa han sido criticas. Ha tenido problemas por esto?

—Si, muchos. Me acusan de controversial, me ha costado la soledad, el hermetismo pero he ganado otras cosas.



—¿Cómo la literatura de otras mujeres le ha impactado?

—Desde muy joven he conocido mujeres inteligentes, brillantes en su capacidad de ver el mundo y describirlo, he leído a Claudia Lars y la conocí en los años 40, en Uruguay conocí a María Cristina Rossy y también a Rosario Castellanos, todas ellas y otras han sido extraordinarias.



—¿Y las feministas la han influenciado?

—Si, como Simone de Beauvoir que me influenció en ese arrojo a la vida a defenderme, a estar siempre en esa lucha de uno que también es la de los demás.



—¿Cómo cree que otros ven a las mujeres poetas?

—Las mujeres que escriben poesías son muchas, hoy día, por supuesto, pero de algún modo se asociara la poesía con la mujer, de una manera que parece que no amenaza tanto contra el poder masculino una mujer que escribe poesías como una mujer que escribe novelas o ensayos. No es que sea un género menor, por supuesto, ni tampoco que no se tome en serio. Tal vez es porque la intimidad de la voz poética a veces parece estar más alejado de las cuestiones sociales y políticas que ponen incómodos a los defensores del patriarcado.



—¿Entonces la poesía no deja los efectos de la novela?

—Por supuesto, el aspecto más llamativo de la presencia actual de las mujeres en la literatura es en el campo de la novela, por ser el género más popular. Sin lugar a dudas, las novelistas principales de la actualidad, escritoras como Isabel Allende, Elena Poniatowska, Laura Esquivel y Rosa Montero, han alcanzado un éxito económico que rara vez disfrutan escritores de cualquier sexo. Se agotan enormes tiradas de sus best-sellers, son figuras conocidas que tienen una voz pública respetada por cientos de miles — si no millones — de lectores ávidos.



—¿Leer a Darío ha sido importante en su vida?

—Leí los poemas extraordinarios de Cantos de Vida y Esperanza que marcaron la literatura hispanoamericana y española, Rubén Darío dejo todo un pensamiento del que hay que aprender, sólo leyéndolo y volviéndolo a leer aprendemos de él.

CARMEN NARANJO

(Costa Rica, 1928). Escritora incansable, una de las más importantes figuras de la literatura de Costa Rica y Centroamérica. Es considerada por la crítica pionera del discurso interior o el fluir de la conciencia, aplicados a la novela urbana de la región. Carmen Naranjo estudió filología en la Universidad de Costa Rica e hizo postgrados en la Universidad Autónoma de México y en la Universidad de lowa.

*Escritora nicaragüense.  
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