Opinión económica
La hora de “subamérica”
Rodrigo Peñalba Franco rodrigo@marcaacme.com
La creación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) implica un propósito: el libre tránsito de mercancías entre las Américas. El sustantivo América escrito en plural precisa múltiples Américas, usualmente asociadas a las divisiones geográficas de Norte, Sur, Centroamérica, y Caribe. Sin embargo, la división geográfica no necesariamente coincide con la división cultural. No es lo mismo Mesoamérica que Centroamérica, aunque las etimologías parezcan coincidir. Del mismo modo, América no coincide culturalmente con América.
Para Centroamérica, el 2003 significó la oportunidad de construir “el puente al progreso” con la firma del Cafta: “Progreso” alcanzado al cruzar el puente, ¿hacia dónde?: EE.UU. El Cafta es la oportunidad de cumplir el sueño americano, el sueño de EE.UU., nación que ha sabido capitalizar el gentilicio “americano” como propio de los nacidos de familia anglosajona. Los demás son afroamericanos (los de África) o hispanos (los de España). Es de señalar que la referencia al “american dream” debería ser expuesta como “anhelo americano”, pues ellos no sueñan, realizan, son pragmáticos. Los sueños son para los idealistas. MLK: “I have a dream”. La realidad es que el racismo todavía existe, gracias.
La Estatua de la Libertad ha recibido el valor simbólico de representar la “tierra nueva” de esperanzas, oportunidades y libertad. Tales oportunidades y libertades son dadas a quienes compartan el orden que las crea, y si bien sabemos que nuestros derechos terminan en donde empiezan los de los demás, la misma frase da como pauta que si reduzco los derechos de terceros los míos crecen.
El orden que garantiza las oportunidades y libertades a los que participan del mismo, por definición, pone límites a los ajenos, condiciones que hemos de cumplir para realizar el sueño americano. El orden existente garantiza su continuidad tocando el orden de otras naciones para asegurar que “todo siga en orden”. Si tales naciones quieren participar de las oportunidades, deben acoplarse a sus requerimientos: el libre mercado y la democracia, conceptos nunca contradictorios, pues en el libre mercado la democracia es practicada diariamente. La gente compra “con libertad”, resultando la empresa con más utilidades, la que más y mejor venda; y en tales empresas la democracia de los accionistas, democracia del capital financiero, manda sobre la del capital humano. Entrar al orden de América es realizar el progreso, es mejorar.
Entre los “latinos” hacemos lo mismo. Nos hacemos llamar “Latinoamérica”, cuando jamás hemos tenido raíces en la civilización romana, sino en España y Portugal. Para el Caribe es España, Inglaterra, Francia, Holanda en idiomas, África en raza. Los emigrantes hacia el Norte son referidos como Hispanos, y en el caso de los mexicanos que se asientan, chicanos. El latinoamericano de hecho también es racista, racista hacia el indígena.
Los movimientos indigenistas dicen ser la raíz del Continente, declarando que la cultura azteca o inca es la verdadera cosmogonía nuestra. Eso fuera verdad si la línea evolutiva de tales culturas no hubiera sido interrumpida por el evangelizante civilizador de la España católica. El alfabeto azteca era una cuestión de un par de siglos para que naciera como instrumento de lenguaje para tal civilización, pero tal hito jamás sucedió, y el rescate de sus tradiciones es más bien un intento de congelar el tiempo en la esperanza de un futuro ya pasado. Las cosmogonías precolombinas no representan a América hoy en día, pero son una faceta, la oportunidad que esperaba la industria turística autóctona para competir con los palacios de la China Imperial o las selvas africanas. Nuestra “ventaja competitiva” en la globalización para conquistar al mercado de “americanos” que pagan cruceros, alquilan automóviles, se hospedan en nuestros hoteles (de capital “americano”) y utilizan nuestras carreteras financiadas por el BM/FMI que tiene de socio a los “americanos”. El éxito de la música latina sucede no porque nos guste a nosotros sino porque se vende en EE.UU.
Revisando lo expuesto no hay problema en declarar que América es América y nosotros Subamérica, pues queremos cruzar el puente al progreso, realizarnos en la tierra de la libertad y oportunidades, ser admitidos en su orden, tener éxito en dólares, potenciar nuestras ventajas competitivas con nuestro “socio comercial” por naturaleza. ¿Nos verán como “socios” ellos a nosotros? Subamérica quiere ser América. En tal caso, el ALCA es la unión de América y Subamérica en el libre comercio. De las cualidades morales de la América que es o llegará a ser no me toca opinar, pero seremos parte de América, tarde o temprano. ¿O no, don Enrique?

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