MIéRCOLES 17 DE MARZO DEL 2004 / EDICION No. 23394 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Bernard

Emilio Álvarez Montalván

Siempre es doloroso aceptar la partida de un amigo para el más allá, sobre todo si fue compañero de colegio. Cursamos varios años en el Instituto Pedagógico, ubicado entonces en la Roosevelt. Eran los años cuando el hermano Antonio Garnier nos obligaba a recitar, en un francés farfullado, las lecciones de botánica, induciéndonos además a coleccionar en un herbario plantas que recogíamos con él en los barrios de Managua. Años después acompañé a Bernard al aeropuerto Xolotlán, cuando marchó a incorporarse al ejército de Charles DeGaulle. En una de las batallas cayó prisionero y, al enfermarse, fue trasladado a un hospital, de donde escapó.

Exitoso comerciante, marchó a Costa Rica cuando la revolución sandinista, despojado de gran parte de sus ahorros. Esposo y padre ejemplar, gustaba informarse de la política criolla, aunque nunca pudo explicársela. En los últimos años acostumbrábamos en amena tertulia almorzar con nuestro común amigo Mario Salvo padre.

Fallece Bernard de pronto, agobiado por la muerte repentina de su hijo mayor y la gravedad de la menor de sus hijas. Fue hombre probo y ciudadano ejemplar. Hasta luego Bernard Horvilleur Burlet.
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