Hogar feliz, escuela feliz
Doris Esther Fley de Gómez*
El hogar debería ser el modelo educador por excelencia.
Siempre se ha dicho que la base de la sociedad es el hogar. En este momento es bueno reconocer que el hogar es la primera escuela, los padres los primeros maestros, y los hijos los alumnos. Por ningún motivo se debe descuidar esta tarea, y no debe ser confiada a personas no capacitadas.
El hogar debiera ser la obra de la verdadera educación. La formación del carácter debería comenzar en la primera infancia del niño, cuando su mente es más impresionable y las lecciones impartidas se recuerdan mejor.
La primera lección que los hijos deben aprender es la obediencia, pues si son obedientes en casa no les costará obedecer las leyes y reglamentos que existen en el colegio y en la comunidad.
Otra lección importante es el dominio propio, y esto se adquiere en la preparación diaria y en el fiel cumplimiento de los deberes. Ninguna persona indisciplinada y testaruda puede tener éxito en este mundo. Padres como maestros que son, den ejemplo de dominio propio en cada acto que hagan dentro y fuera del hogar.
En el hogar se debe respirar la cortesía y los modales reposados y suaves, éstos tienen un efecto positivo, eviten los gritos y el mal humor.
Recuerden que pocas palabras interesantes y bien dirigidas serán de más beneficio que decirlas todas de una vez, los discursos largos recargan la mente del niño.
Todos necesitamos de motivación para cumplir con diferentes desafíos, en el hogar es de mucha utilidad poder reconocer el empeño, la perseverancia y dedicación que los hijos han demostrado en sus trabajos y metas propuestas.
Si el hogar retomara su objetivo principal como agente educador, las generaciones futuras serían sólidas y con un alto valor moral.
Es urgente unir esfuerzos tanto los padres y los maestros en las aulas de clase para que la unidad familiar que se está perdiendo pueda reivindicarse y en este nuevo año escolar puedan marchar de la mano tanto el hogar como la escuela.
Ya que un niño desmotivado, con un hogar semidestruido no aprende lo mismo que un niño que llega a la escuela respirando un ambiente de armonía y felicidad desde su casa.
Es en el aula de clase donde se pueden apreciar mejor los diferentes comportamientos que se han enseñado desde que está el bebé en brazos. Entonces podemos decir: “Un hogar feliz, una escuela feliz”.
EL EFECTO DEL DINERO
Los padres de hoy en día suelen enfrentar presiones por satisfacer las demandas no prioritarias de sus hijos
Presupuesto. Cada hogar tiene un presupuesto que se debe cumplir.
Enseñanza. A los hijos hay que enseñarles a diferenciar entre los deseos y las necesidades, cada día mostrar el ahorro a través de la práctica.
Satisfacción. No dar al niño todos los gustos y caprichos, muchas veces todo lo obtienen a través del llanto y esto acarrea vergüenza a los padres cuando no se les recompensa.
Licenciada en Educación. Unadenic.* 
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