MARTES 16 DE MARZO DEL 2004 / EDICION No. 23393 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Victoria sangrienta

Una de las muchas cosas buenas de la democracia es que garantiza la alternabilidad en el poder, o sea que la gente puede cambiar a sus gobernantes cada cierto tiempo, por medio del mecanismo democrático por excelencia que es el de las elecciones populares.

Así quedó demostrado una vez más el domingo pasado con las elecciones de España, en las que el opositor Partido Socialista Obrero (PSOE) derrotó al gubernamental Partido Popular (PP) Y como se acostumbra en las genuinas democracias, los líderes del partido derrotado —el saliente Presidente del Gobierno, José María Aznar, y el candidato Mariano Rajoy— reconocieron su derrota y felicitaron al victorioso líder socialista, Rodríguez Zapatero, aún antes de que las autoridades correspondientes anunciaran el resultado oficial de los comicios.

En realidad, lo malo —o más bien lo triste— es que tuviera que ocurrir la carnicería del 11 de marzo para que se produjera ese súbito cambio de la intención electoral en España, puesto que significa para el terrorismo islámico un inobjetable triunfo, que seguramente tratará de repetir en otros países cuyos gobiernos han apoyado a Estados Unidos en la guerra de Irak.

Hasta el 10 de marzo las encuestas daban como seguro vencedor al gubernamental Partido Popular —a pesar de su involucramiento en la guerra de Irak—, igual que en las elecciones municipales y autonómicas celebradas en mayo del año pasado. Lo cual en todo caso era explicable pues la situación económica de España mejoró notablemente durante los ocho años de gobierno de Aznar y el PP; mientras que 14 años en el poder del PSOE y Felipe González dejaron a España en una generalizada crisis económica y social, y además moral por la corrupción del gobierno socialista.

Pero también en la lucha contra el terrorismo de ETA el gobierno de Aznar y el PP fue muy eficaz, al contrario de la administración del PSOE, ya que mientras durante la época de Felipe González un promedio de cien españoles moría anualmente, víctima del terrorismo, esta cifra se redujo dramáticamente a sólo tres muertes por año durante el gobierno del PP y Aznar. ETA casi fue desmantelada en los últimos años; la policía política penetró sus estructuras y a los etarras les queda ahora muy poca de la tremenda y mortífera fuerza operativa que tenían en la época del gobierno socialista. Precisamente por eso fue que muchos españoles no le creyeron al gobierno de Aznar, cuando culpó a ETA por los atentados del 11M, lo que más bien fue contraproducente, pues poco tiempo después tuvo que reconocer el error y admitir que habrían sido los terroristas islámicos los culpables de los sanguinarios bombazos del jueves pasado en Madrid.

Pero lo más terrible y lamentable de esta situación —aparte de que una elección democrática sea decidida por semejante carnicería— es que España da la impresión de haber claudicado ante el terrorismo islámico; y que el mundo occidental parezca estar a merced de las amenazas, chantajes y acciones genocidas de los terroristas islámicos, que tienen el poder de castigar a la población de los países que apoyan a Estados Unidos y de “premiar” a quienes condenan o al menos se oponen a las acciones estadounidenses contra el terror internacional.

Cabe entonces temer que en los países cuyos gobiernos han apoyado a Estados Unidos podrían ocurrir acciones terroristas similares a las del 11M de Madrid, en vísperas de sus elecciones, de las cuales la próxima será el domingo de esta semana en El Salvador, nación centroamericana que al igual que Nicaragua también ha enviado tropas a Irak, aunque fuese en misión de carácter humanitario.

Finalmente, el resultado de las elecciones generales del domingo recién pasado en España no sólo ha demostrado el viraje de izquierda del electorado en este país europeo, sino también la tendencia a volver a la política aislacionista de la época franquista, que si bien es cierto le evitó riesgos exteriores también la condenó al atraso en relación a los demás países euro-occidentales.

Rodríguez Zapatero ya anunció el fin del apoyo de España a Estados Unidos y la próxima retirada de las tropas españolas de Irak. Esto representa, sin duda, una significativa derrota de la política exterior estadounidense y un gran triunfo del terrorismo islámico.
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