Acepciones y etimología de la palabra cochón
Jorge Eduardo Arellano
El vocablo cochón parece ser exclusivo de Nicaragua. En ningún otro país de lengua española se conoce, ni siquiera en los restantes de Centroamérica. El famoso Diccionario secreto de Camilo José Cela lo ignora, como también el Léxico descriptivo de expresiones malsonantes (1974), recogidas por Jaime Martín. En consecuencia, resulta lógico que el DRAE, en todas sus 22 ediciones, no lo registre; mucho menos el Diccionario de autoridades (1726) y el reciente Léxico hispánico primitivo (2003), editado por Manuel Seco. Tampoco aparece en ninguno de los repertorios del español de América, como los de Morínigo, Malaret y Neves; ni en el Diccionario de hispanoamericanismos /no recogidos por la Real Academia Española (Madrid, Cátedra, 2000), coordinado por Renaud Richard. Este repertorio (que se sustenta en más de un centenar de lexicones y en unas trescientas obras de narradores representativos de todos los países hispanoamericanos) consigna cuarenta y tres voces del español de América usadas en nuestro país. Y entre ellas no figura cochón.
Otros muchos repertorios consultados del Caribe, Sudamérica y del istmo centroamericano confirman mi aserto. El de costarriqueñismos, compilado por Miguel A. Quezada Pacheco (1991), no trae la despectiva palabrita. Ni Atanasio Herranz, en sus diversas investigaciones del español de Honduras, se refiere a ella. Apenas Erick Schwimmmer, en su Diccionary of honduran colloquialism, idioms and slang (Tegucigalpa, Litografía López, 2001, p. 42) informa que cocho es sinónimo de homosexual en el lenguaje del hampa; y cochón su aumentativo. Pero creo —tras consultar con algunos colegas— que se importó no hace mucho tiempo de Nicaragua, pues su uso se restringe a ese vocabulario especial. Según el Léxico del delincuente hondureño (1986) de María Elba Nieto, al homosexual se le llama en el vecino país fronterizo: cocorro, cuico, guayaba, hueco, piña, pinero y taravías; y el verbo que designa la relación sexual entre ello es piñar.
Aquí no empleamos esos términos. Aquí preferimos cochón en dos acepciones fundamentales: homosexual y cobarde. Al respecto, la Comisión de Lexicografía y Gramática de nuestra Academia incluye ambos significados en su Diccionario de uso del español nicaragüense (2001, p. 64), continuando una tradición contemporánea. Hildebrando A. Castellón, en su Diccionario de nicaraguanismos (1939, p. 41), lo define con la marca gramatical de sustantivo masculino: “Marica, bujarrón, cobarde. Se dice acochonado por afeminado”. Y añade su derivado cocheche: “Afeminado, cochón”. Por su parte, Alfonso Valle reitera ambas acepciones referidas, otorgándole un matiz a la primera de homosexual; y asegurando que es un préstamo del francés: “Pederasta. / Cobarde (…) Galicismo adoptado para designar al hombre sucio, puerco”. Además, puntualiza una tercera acepción: “Aficionado a trabajos femeniles”, lo que después equivaldría a bichero. Valle da otro significado a cocheche: “Individuo dado a hacer oficios de mujer; no es propiamente el sodomita sino el entrometido en las tareas femeniles”. Y añade el verbo cochechear: “Andar metido en cosas propias de mujeres” (Diccionario del habla nicaragüense, 1948, p. 58). Yo coincido con el colega Enrique Peña Hernández al identificar cocheche como eufemismo de cochón; al mismo tiempo, agrego que cocheche fue cayendo, poco a poco, en generalizado desuso.
En su Folklore médico nicaragüense (1960, 1967 y 1997), el doctor Ernesto Miranda Garay consagra siete párrafos al vocablo en cuestión: “Se le aplica a la persona que se porta como un cobarde, capaz de no enfrentarse a una situación difícil. /Pero verdaderamente significa una aberración sexual y atañe a los dos sexos”. Luego diserta sobre su práctica en la era precolombina señalando que “en cada tribu había un castigo particular cuando se descubría en un individuo la inversión sexual”. Sin embargo, para el distinguido galeno de gran clientela popular, “la raza indígena (alude al ámbito geográfico mesoamericano) tenía más integridad moral en ese sentido que la Roma pagana”. Y concluye: “El vocablo cochón tiene por sinónimos los términos cochechón, mamplora y marica”. (Un colega de Miranda, el marxista Alejandro Dávila Bolaños, en su libro La medicina precolombina de Nicaragua, publicado en 1974, considera también el homosexualismo como una enfermedad y perversiones de los amerindios)
Una autoridad lexicográfica superior, el citado maestro Enrique Peña Hernández, despachó una consulta sobre la palabra cochón en su instructiva y ya referida columna de La Prensa: “Esta voz francesa significa cerdo o puerco; y en sentido figurado, hombre sucio y desaseado” (?); v. gr.: “Mener une vie de cochón” (“vivir como un cerdo”). /En Nicaragua tiene frecuente aplicación en todas las esferas sociales, pero con otros significados: homosexual, cobarde o miedoso. “También se usan las voces derivadas o afines: cochonada, cochonería, cochonear, cochonazo y cochoncito” (Columna lexicográfica. Managua, Academia Nicaragüense de la Lengua, 1967, pp. 36-37)
Pero el doctor Peña Hernández plantea una discusión: “Se desconoce el origen de su uso en nuestro país”. El suscrito opina que si se tratase del galicismo cochón (puerco o chancho), su introducción no se ubicaría cronológicamente más allá de 1900. Por algo no figura en el vasto y pionero repertorio: Palabras y modismos de la lengua castellana, según se habla en Nicaragua (1874) de Carlos Herman Berendt. Pero si corresponde a un indigenismo, como sostiene Carlos Mántica, se remontaría a la época aborigen, pues Mántica señala su etimología: “del Náhuatl, cotzoan: el que se corre; cobarde”. Al mismo tiempo, el mayor estudioso de nuestra habla asegura que en México se usa la palabra coyón (de coyoni) equivalente al que se corre, al cobarde. De ahí que confirma, al menos en esta acepción, la etimología náhuatl del vocablo. “No seás cochón, tomáte la medicina”; “No te corrás, cochón, y peleá”; “Es un cochonazo que le tiene miedo a la oscuridad”, me comunicó estos ejemplos de su uso en Nicaragua.
¿Y el nahuatlismo cuilón, nombre que en el siglo XVI se daban entre sí los indígenas, del Pacífico en Nicaragua, de acuerdo con el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés? Se trata del sustantivo/adjetivo con que los nahuas del istmo de Rivas denominaban al invertido. ¿No procederá, entonces, cochón de cuilón? ¿No contienen ambos vocablos más similitud homofónica que cotzoan y coyoni? En mi trabajo Anglicismos y léxico sexual de Nicaragua (1998), cito que el mismo Bernal Díaz del Castillo, en su Verdadera relación de la conquista de México, registra cuilón: “nos decían (los mexicanos a los españoles) palabras vituperiosas, y entre ellas: “¡Oh, cuilones, y aún vivos quedáis!”. Manuel Alvar anota su equivalencia: “putos, cuilonyote, pecado nefando, de hombre con hombre. La aclaración total de la voz consta en la primera parte de la extraordinaria obra”. Y Díaz del Castillo, añade: “Por aquella causa llaman hoy día donde aquella guerra pasó cuylonemiquis, que en su lengua quiere decir donde mataron a los putos mexicanos”.
Un heterofóbico declarado, en su disertación Barroco descalzo (2003), cita a Robert Lancaster, a quien uno de sus informantes nicaragüenses le sugirió que la palabra cochón se derivaba de colchón (matress); versión que acepta Tomás Almaguer, otro teórico de la sexualidad anómala en la Academia norteamericana. Pero Erick Blandón lo niega al razonar: “El uso del colchón es relativamente nuevo entre la clase media y alta; téngase en cuenta que, todavía a principios del siglo XX los nicaragüenses, en su mayoría, dormían en camas de cuero, sobre petates, en hamacas o en tijeras de lona (…) Más acertada parece la argumentación de Arellano”. Es decir, el descarte de su procedencia galicista y la propuesta de una etimología náhuatl: de cuilón que significaba tanto cobarde como homosexual.
El autor es académico nicaragüense de la Lengua

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