Sur
Iglesia Católica castiga a los suicidas
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Tras desatarse el pasado año una ola de suicidios, principalmente entre jóvenes,
las autoridades eclesiales de Rivas decidieron que “no hay acto religioso solemne
para quien se quite la vida, pues nadie más que Dios tiene ese derecho”. Por el momento se han calmado los intentos suicidas, según estadísticas de la Policía rivense |
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Alfonso Alvarado Lugo,
cura párroco de Rivas.
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Noelia Sánchez Ricarte CORRESPONSAL/RIVAS
Después que las campanas de la Iglesia Católica no dejaban de doblar por la ola de suicidios que sacudió la ciudad de Rivas, la situación se ha calmado en lo que va del año. Y es que hasta las autoridades eclesiásticas reaccionaron al decidir no realizar misa solemne en caso de los difuntos suicidas.
Entre agosto y noviembre del 2003, cuatro personas perdieron la vida inexplicablemente, todas las víctimas eran jóvenes del sexo masculino de entre los 18 y 25 años, varios con estudios universitarios.
De ese total, tres jóvenes de la ciudad de Rivas se quitaron la vida en espacios de tiempo cortos: uno lo hizo el 30 de agosto, otro se suicidó catorce días después (el 13 de septiembre) y nueve días después en ese mismo mes, un tercero se quitó la vida. Nuevamente, el 9 de noviembre de ese mismo año, otro joven se suicidó en el puerto de San Jorge. Todos en sus propios hogares.
Fue entonces que la reacción de la Iglesia Católica ante esta tragedia que sacudía a la juventud, no se hizo esperar, los guías espirituales insistieron en que no se realizaría una celebración solemne en caso de que la persona fallecida se hubiese quitado la vida. Se decidió también que tampoco las campanas volverían a doblar por esa persona.
En este nuevo año, la situación al parecer ha cambiado, por lo menos así lo demuestran las estadísticas de la Policía Nacional, que hasta la fecha sólo registra un suicidio. Pero la decisión de la Iglesia Católica aún está firme: no hay acto religioso solemne para quien se quite la vida, pues nadie más que Dios tiene ese derecho.
SEIS DURANTE EL 2003
Durante el año 2003, seis jóvenes del sexo masculino, ente los 18 y 25 años, fallecieron por causas desconocidas.
La Policía en sus estadísticas contabiliza que la mayoría de estos jóvenes murieron por asfixia.
Durante el año 2002, fallecieron cinco hombres (entre las edades de 15 y 45 años) y en ese año destacan como causas de estas tragedias los problemas pasionales (4) y familiares (1); de este total cuatro personas se quitaron la vida por asfixia y uno por intoxicación.
POSICIÓN DE LA IGLESIA CATÓLICA
El cura párroco, Alfonso Alvarado Lugo, comentó que en efecto la medida tomada por la Iglesia Católica fue para que los jóvenes comprendieran que suicidarse era un acto malo, “gravemente malo”.
“Sin embargo procuramos no herir a la familia doliente, sino más bien consolarla, hay que dejar claro sin embargo, que sólo Dios juzga y dichosamente Él es compasivo y misericordioso”, manifestó el sacerdote.
Mientras ocurrieron esas tragedias, los párrocos sólo hicieron una oración por el difunto, procurando no darle solemnidad.
La valoración actual del padre Alfonso es que esta tragedia ha cesado y considera “que el año pasado fue como una histeria colectiva”.
Varias podrían ser las razones por las que estos jóvenes tomaron la fatal decisión de quitarse la vida. En principio, el padre Alfonso considera que había conflictos en las familias de esos jóvenes que se suicidaron, probablemente eran hogares desintegrados o porque había una mala relación con alguno de los progenitores.

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