Los nuevos “predicadores” de Hispanoamérica
Ricardo Medina Macías AIPE
CIUDAD DE MÉXICO.- Uno de los usos más característicos del nuevo populismo hispanoamericano es que los populistas en el poder más que gobernar parece que predican. Pero no hay que engañarse: los sermones son la coartada mientras se tejen las redes de alianzas y complicidades.
Se diría que los modernos populistas más que gobernar predican infatigablemente. Hugo Chávez abruma a los venezolanos con sus constantes “cadenas nacionales” en la televisión, predicando la buena nueva de la República bolivariana, invocando, incluso, alguna suerte de comunicación con el espíritu del héroe en el más allá. Cualquier día de éstos don Simón Bolívar desmiente a Chávez.
En Argentina, Néstor Kirchner es un excelente palabrero. No se sabe si para cada problema tiene una solución, pero él o su jefe de Gabinete siempre tienen una declaración.
En otras latitudes, como México, hay quien cosecha puntos de popularidad en las encuestas y tiempo en los medios de comunicación con sus cotidianos sermones laicos y aldeanos de cada madrugada.
Las prédicas, cada una en su estilo, tienen en común una visión épica de la política. De un lado está la clase política tradicional —despreciable, corrupta, alejada del pueblo— y del otro sus modernos salvadores, dechados de honradez indestructible, surgidos —dicen ellos— de las entrañas del pueblo que ya está harto de tanta política venal.
Esta epopeya, aderezada de desplantes gallardos (por ejemplo: “díganle al señor Bush que no va a tener una sola gota del petróleo venezolano” o “no permitiremos que el Fondo Monetario Internacional le dicte su política soberana a la Argentina”) y de gracejadas (deditos que se mueven o boinas rojas de paracaidista en misión de combate), promete que por fin ha llegado la hora de las reivindicaciones postergadas y escamoteadas al pueblo por los políticos de siempre.
El detalle fantástico es que estas prédicas sean verosímiles, cuando la biografía de los predicadores los ubica sin apelación entre “los políticos de siempre” y cuando los remedios que proponen son, justamente, los mismos remedios populistas que en el pasado causaron los males que hoy prometen solucionar.
Pero es un error pensar que los modernos populistas sólo predican. Si se limitaran a ello, el daño causado sería mucho menor. No, gobiernan cara al público y a los medios de comunicación desde el púlpito, pero en el frente interno y calladamente tejen —con mayor o menor éxito— la tupida red de relaciones y complicidades con los tradicionales grupos de poder y de presión.
Sin esa red de araña —construida desde la irresponsabilidad fiscal— sólo serían palabreros y no políticos exitosos.
Porque el problema del populismo no es que sus discursos sean cursis, solemnes, aldeanos, arrogantes o cómicos, sino que sus políticas invariablemente recurren a la irresponsabilidad fiscal, dejando a su paso una estela de pobreza, desigualdades, miserias, atraso y hasta violencia.
Con esa red de tratos, privilegios, concesiones y guiños, los predicadores se garantizan su permanencia en el poder… y en el púlpito.
¡Ah!, los nuevos populistas.
Analista político mexicano.
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