“Santuario” de muchos gatos
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Un zapatero cuida con amor y esmero a los gatos que cría y a las descendencias de éstos les asegura un buen hogar |
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Don Mario Tercero.
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Hilda Rosa Maradiaga
“Se regalan gatos”, anuncia un pequeño rótulo sobre la ventana en la casa del señor Mario Tercero, de oficio zapatero. Detrás de ese rótulo se encuentra la historia de la tradición de amor por los gatos que existe en una familia.
Lo encontramos acariciando a una hermosa gata, mientras ella bebe su leche. Se llama Bigote. Igual que todos los gatos que llegan a formar parte de la solitaria vida de don Mario. “Es una tradición. Mi papá tenía un gato que se llamaba Bigote y todos los gatos que vienen a esta casa se llaman así”, explica.
Don Mario asegura que regala gatos, porque aunque “me gusta cuidarlos como se merecen y en un hogar pobre es difícil estar manteniendo animales, porque a veces no hay ni para uno mismo”.
Sin embargo, él se asegura de alimentarlos bien. Bigote prefiere carne desmenuzada y asada. Todas las noches, don Mario le compra su ración en una fritanga. Y a las 4:00 a.m. se levanta para darle de desayunar. Por eso “los ratones pasan encima de ella y ni caso les hace, porque tiene asegurada la comida”.
Bigote tiene ocho años, es hija de uno de los tantos gatos que hay en la casa de Ricardo Tercero, hijo de don Mario.
“La casa de mi hijo es grande y ahí convergen una gran cantidad de gatos que realizan sus amoríos y correteos, también paren ahí”. Su hijo, también amante de los gatos, destina un presupuesto a comida especial para gatos, “muy nutritiva y comprada en el supermercado”, cuenta.
Sólo Bigote lleva ya seis partos y está embarazada. Ante tanta producción de gatos, lo mejor es buscarles un hogar donde tengan amor y atención. “No me gusta botarlos y se los regalo a alguien que yo sé que los va a cuidar bien”.
Precisamente en estos días, hizo entrega, a domicilio, de dos gatos, todavía quedan tres por encontrarles hogar y en casa de su hijo, Ricardo, ronronean unos seis. Además, Bigote está esperando gatitos.
DEFENSORES DE LOS ANIMALES
Este amante de los gatos no sabía que recientemente se conformó la Asociación Protectora de Animales (APA), pero le parece una excelente idea. “Me molesta mucho cuando veo pasar carretoneros dándole golpes a los caballos. ¿Cómo pueden tratarlos así si son quienes les dan de comer? Ellos son animalitos de Dios”, comentó.
Pero en el caso de los hijos de Bigote, don Mario debe cuidarlos hasta de su propia madre. “Tiene la mala costumbre de comérselos. Hace poco parió seis y se los comió en dos tantos, como en una película! En cuanto me descuido se come los que puede”, revela.
Para este zapatero, cuyos hijos ya hicieron sus vidas, algunos fuera del país, los gatos son una compañía, un entretenimiento. Y a los que no puede mantener, les asegura una vida mejor, poniéndolos en buenas manos.

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