MARTES 9 DE MARZO DEL 2004 / EDICION No. 23386 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




La sanidad de Erling

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Daniel Aragón S.

Hasta el último momento, en su postrer aliento, Erling Cubas solicitó a Dios su sanidad: “Dios, sanáme, si me vas a llevar, llevaáme…”

Muchos quisiéramos acompañar al unísono a Rosendo Álvarez en su deseo de gritar y nos preguntamos: ¿Por qué Dios no quiso darle la sanidad a Erling?

Erling era, como le llamó Rosendo Álvarez, el campeón de la fe, y además su sanidad la deseaba para convertirse en un predicador. Si a eso se le agrega que Erling era apenas un niño, nos encontramos ante un caso en el cual todos los factores para que Dios realizara el milagro de su sanidad estaban dados. ¿Por qué, pues, Dios no lo hizo? Muchos que no tenemos quizás la fe de Erling podríamos creer que Dios no le hizo ninguna sanidad; pero si vemos su actitud y los sucesos desde la perspectiva de su fe, podremos descubrir la inmensa e infinita misericordia de Dios y su eterno amor por este niño campeón de la fe.

La Biblia nos enseña que los pensamientos y los caminos de Dios son enormemente diferentes a nuestros pensamientos y a nuestros caminos. Recuerdo el pasaje bíblico que nos dice: “Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres para que haya nacido ciego? Respondiendo Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él” (Jn.9:2-3). Y el Evangelio de Juan nos narra que Jesús sanó a este ciego de nacimiento.

La fe de Erling muestra que lo mismo le sucedió a él. Dios le cumplió a este niño todo cuanto deseó: conocer a Rosendo, ser un predicador, y por último su sanidad. ¿Cuál sanidad?, me dirán. Yo les digo: Erling Cubas está completamente sano.

Dios quiso hacerlo a su manera y si no le dio la sanidad a nuestros ojos fue “para que las obras de Dios se manifiesten en él”; y vaya que sí se manifestaron, porque este pequeño campeón de la fe nos ha predicado como nadie lo ha hecho y nos ha recordado que ésta su fe no sólo mueve montañas (movió y conmovió a todo un pueblo), sino que también vence a la muerte, al dolor y a la enfermedad y lo vemos aún en los últimos momentos: “…y si me vas a llevar, lleváme” (Dame la sanidad, pero si es tu voluntad llevarme contigo, lleváme) Y con esto nos dejó a todos “noqueados”.

El autor es pastor y director del Colegio Cristiano Monte Hermón.
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