MARTES 9 DE MARZO DEL 2004 / EDICION No. 23386 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Apolonia, Isabel y Erling

Foto  

 

Ary Neil Pantoja

A las 11:10 de la mañana del 11 de julio de 1988, tras dos años de intenso tratamiento de quimioterapia (radiaciones), dos semanas en cama y tres horas de agonía, Apolonia Pantoja sucumbió a un cáncer cérvico-uterino que padeció durante diez años sin ser detectado. Años atrás, su hermana mayor, Isabel Pantoja, también se rindió a la muerte por la misma causa.

Primero mi tía y luego mi madre. El caso más reciente es el del pequeño Erling Cubas, quien murió de un paro cardíaco la tarde del jueves 4 de marzo, tras padecer el mismo mal. Al igual que mi madre y mi tía, Erling no contó con la gracia de la vida.

Recuerdo que mi madre decía que su sueño era conocer a Carlos Mejía Godoy, de quien era una admiradora. En una ocasión llegó a verlo de largo, pero no pudo hablar con él. El cáncer se la llevó sin concretar su sueño.

Erling quería conocer a Rosendo Álvarez y no sólo logró hacer realidad su deseo, sino que también compartió sus últimas semanas de vida junto a su ídolo, hasta que el campeón mundial se convirtió en su padrino, su apoyo y su norte.

Hoy el compromiso de Rosendo es con Erling, pero más con los miles de niños y niñas que en Nicaragua padecen esa terrible enfermedad. Con gran satisfacción escuché que ya hay planes para conformar la Fundación Erling Cubas que se dedicará, según sus palabras, a atender a la niñez con cáncer.

Aplaudo esta iniciativa y desde ya Rosendo puede contar con este servidor para apoyar esa noble causa. Seguramente esta fundación dará a los niños y niñas con cáncer la oportunidad que mi madre Apolonia, mi tía Isabel y el pequeño Erling no tuvieron, como es una vida plena al lado de sus seres queridos.

Una oportunidad para conocer a sus cantantes y a sus boxeadores favoritos. Oportunidad para disfrutar de otro amanecer y compartir una sonrisa. Oportunidad para tener un nuevo amigo y ver a sus hijos realizarse como profesionales, porque sé que donde quiera que haya ido después de su muerte, mi madre está orgullosa de ver en la persona que me he convertido.
.


---
 
 

Derechos Reservados 2002. La información contenida en este medio de comunicación, no puede ser reproducida ni publicada, parcial o totalmente, en ningún otro medio de comunicación privado o público, sin el consentimiento por escrito de LA PRENSA S.A
 

 

Sobre el enigma del objeto

Daniel Ortega contra la libertad de expresión

Apolonia, Isabel y Erling

La sanidad de Erling

Sobre Fundación Erling Cubas