Luz de esperanza frente al hambre
Sabrina Quezada Ardila Especial para LA PRENSA
Ellis tiene 12 años y su mayor placer es comer pollo y huevos. “En mi casa me pongo flaquito por la comida que me dan”, dice al recordar que en la casa de su tía, en la zona rural de Muy Muy, Matagalpa, la dieta habitual está compuesta por frijoles y tortillas.
Hace dos años, Ellis como muchos otros niños que llegan al Centro de Recuperación Nutricional de Niños de Matagalpa, escapó de las garras de la desnutrición y de la muerte que se le avecinaba.
Fue en este centro, donde Ellis recibió tratamiento contra la desnutrición que padecía y donde conoció que existen otros alimentos además de los frijoles y las tortillas. Allí también conoció el drama de otros niños pobres como él que por falta de alimentos sufren las consecuencias de la desnutrición y de otras enfermedades.
Uno de esos casos es el de Jonathan, que en diciembre pasado tan sólo pesaba 8 libras. “A sus 10 meses tenía el peso de un niño recién nacido”, dice Adriana Bracamonte, directora del Centro de Recuperación Nutricional, ubicado en la ciudad de Matagalpa.
Jonathan fue transferido al centro después de ser dado de alta del Hospital Regional de Matagalpa, donde los médicos le curaron la neumonía que presentaba, pero no la desnutrición. La piel de Jonathan se pegaba a sus huesos, una situación extrema provocada por el hambre.
Muchos son los niños que llegan al hospital para recibir tratamiento por diversas enfermedades, como neumonías y diarreas, que también presentan severos niveles de desnutrición. Pero el hospital no tiene posibilidades de rehabilitar a estos niños brindándoles alimentación y cuidados especiales, por lo que les dan de alta.
Para fortuna de Jonathan desde hace más de cuatro años funciona el Centro de Recuperación Nutricional, donde niños con desnutrición reciben tratamiento especial para recuperar su estado nutricional.
ATENCIÓN ESPECIAL
“Al salir del hospital los niños regresaban a sus casas para encontrarse de nuevo con una alimentación limitada y con deficientes condiciones higiénicas”, expresa Bracamonte.
“Pero los niños con desnutrición deben recibir un cuidado especial y contar con una dieta alimenticia bien balanceada, ya que están expuestos a contraer más enfermedades. Su vida está en peligro”, agrega.
Unos 300 niños han recibido atención en el centro durante sus cuatro años y medio de funcionamiento, la mayor parte de ellos han llegado gracias al trabajo de búsqueda casa a casa que realiza el personal, ya que son muchos los padres que no buscan atención médica para sus hijos con desnutrición.
“Lo que hemos comprobado es que los padres no saben que la desnutrición es una enfermedad y que deben buscar ayuda para los niños. Además, les da pena que otros sepan que sus niños están extremadamente flaquitos a causa del hambre, entonces los ocultan. Hemos encontrado a madres en las calles de Matagalpa que llevan a sus niños completamente tapados. Esa es una señal de que puede ser un niño con desnutrición”, dice Bracamonte.
La mayor parte de los niños con desnutrición provienen de los municipios matagalpinos El Tuma-La Dalia, San Ramón y Rancho Grande, y de la zona urbana marginal de Matagalpa.
DESNUTRICIÓN EN LA ZONA CAFETERA
El Centro de Recuperación Nutricional comenzó a funcionar el 28 de junio de 1999, gracias al financiamiento de la organización religiosa interdenominacional norteamericana Misionary Venture, que destina un fondo mensual para el pago del personal, de los servicios básicos y para comprar medicinas, pagar los exámenes de laboratorio y la alimentación de entre 20 y 25 niños.
“Cuando tenemos más de 25 niños nos vemos en serios problemas para ajustar el presupuesto y pasamos muchas limitaciones”, dice su directora, quien considera que es en la época de verano, cuando se reduce el trabajo en la zona, que se presenta la mayor cantidad de niños con desnutrición.
DESNUTRICIÓN SUPERA MEDIA NACIONAL
Según una encuesta nutricional realizada por el Ministerio de Salud en octubre del 2002 –cuando los obreros agrícolas formaron plantones en las carreteras– la tasa de desnutrición aguda en niños menores de 5 años en el municipio El Tuma-La Dalia era del 12 por ciento, seis veces más alta que promedio nacional, que es del 2 por ciento, según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (2001).
“Los niños con desnutrición provienen de hogares muy pobres, de familias numerosas en donde no hay suficientes alimentos. Generalmente sólo comen arroz y guineos, y algunas veces frijoles”, dice Bracamonte.
Los niños permanecen un promedio de dos a tres meses en el centro donde reciben alimentación y cuidado especial. Poco a poco van recuperando peso hasta que están en condiciones de regresar a su hogar.
DE REGRESO AL CENTRO
Ellis, que al ser dado de alta el año pasado regresó a la casa de su tía en Muy Muy, donde vive desde que su madre murió de leucemia hace algunos años, volvió al centro este año para recibir un nuevo tratamiento: educación.
“Ellis quiere estudiar y decidimos recibirlo para que pueda ir a la escuela. Está en segundo grado”, dice Bracamonte. Ellis muy orgulloso muestra su cuaderno de español donde ha escrito con letra impecable algunas oraciones. En una de ellas se lee: “Los niños del centro están alegres”.
POBREZA, DESNUTRICIÓN, ABANDONO Y MALTRATO
Cada uno de los niños del Centro de Recuperación Nutricional tiene su propia historia. Al hambre que ha lacerado su cuerpo se unen muchas veces historias dramáticas de abandono y maltrato.
“El abandono se debe muchas veces a la desesperación de los padres que sufren al no tener con qué alimentar a sus hijos. Estos mismos padres desesperados están desnutridos”, dice Bracamonte.
También recuerda muchos casos de niños maltratados.
“A Axel le quemaban con cigarro sus brazos y piernas. A Mariíta le quemaban sus manos con tizones. Rosa Emilia, de 2 años ha pasado toda su vida encerrada con su madre en un cuarto, sin ver el sol, revolviéndose en el piso de tierra sin ropita interior, la encontramos con lodo y excremento seco en su cuerpo”, dice Bracamonte.
APOYO AL CENTRO
Algunas organizaciones han apoyado el trabajo de Adriana Bracamonte, directora del Centro de Recuperación Nutricional y su equipo, como el Programa Mundial de Alimentos (PMA) que desde hace dos años proporciona alimentos y leche para los niños; Manos que Ayudan y el Club de Jóvenes 20-30 donan ropa, medicinas y algunos alimentos cada cierto tiempo.
Visión Mundial donó ropa de cama y ropita para los niños y en una ocasión los estudiantes de la Universidad de Ciencias Empresariales hicieron una recolecta y donaron utensilios diversos, colchones, pañales desechables y baldes con alimentos.
Además de atender a los niños con desnutrición, el centro proporciona un almuerzo a 130 niños de la calle los días lunes, miércoles y viernes.

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