Especial
Una vida en medio del agua
 |
|
 |
Cada vez más, la mujer nicaragüense tiene más acceso a la tierra o a desarrollar actividades productivas que le dejan algunos dividendos
compartidos con su familia, con un mayor énfasis en la crianza de los hijos |
|
|
Nora Suárez y sus hijas trasladan su pesca hasta el pueblo, donde lo ofrecerán de puerta en puerta.
|
|
Amparo Aguilera
SAN CARLOS, RÍO SAN JUAN.- Nora Suárez, tiene 28 años. Nueve de los cuales hoy contabilizan 3,353 noches de desvelo, desde que se dedica a la pesca del camarón de río.
Suárez, es parte de media docena de mujeres que en Río Frío, isla ubicada al noreste de San Carlos, sobreviven con la pesca de esa especie, que se cotiza en las comiderías y bares-restaurantes, de esa cabecera departamental, a 45 córdobas por libra.
En otras palabras, ella conforma un grupo de féminas que nunca duermen porque ritualmente se levantan cuatro veces por noche, para atrapar a los crustáceos, utilizando cajas de madera, o cajillas como los expertos las llaman, en cuyo fondo atan piedras, para hacer peso y lograr que se hundan en el río a nueve y doce varas de profundidad; junto a la carnada elaborada con pedazos de sábalos o mojarra, que enlazan a un mecate con botellas de gaseosa vacías.
Es decir que Suárez en nueve años ha generado, un promedio de 28,743 córdobas, con la venta de 638 camarones, de una y media libra. Aunque esto nadie no lo nota. Ni siquiera ella misma.
Cada semana, esta mujer arriba a San Carlos junto a sus dos hijas, de ocho y cinco años, en una panga de madera carcomida y cuatro remos, que divide entre los brazos de Reina, su hija mayor, y los de ella.
A PUNTA DE REMOS
“No tengo idea de cuánto remamos, pero siempre llegamos temprano a San Carlos”, refiere. Esto usualmente ocurre entre las diez y once de la mañana, tras una hora a punta de remos. Tiempo que en una panga con combustible, lleva tan sólo diez minutos.
Puestas en San Carlos, comienza la odisea de cada semana. Las tres mujeres se adentran en el pueblo con la venta en mano, yendo de comidería en comidería o de restaurantes a bares, en busca del “rial”
Y esto les lleva tiempo, pues es hasta una o dos horas más tarde que logran vender la oferta y es entonces cuando van de vuelta al río con un puñito de dinero sean 315 a 274 córdobas, según el tamaño de los camarones, del que sólo disponen para invertir, en el mismo rubro, “y para llenar la panza”, como dice Suárez con una sonrisa de media luna, como si se tratará de una broma que anima el día.
APORTE INTANGIBLE
Según sus cuentas, con ese dinero algunas veces compran la media arroba de arroz, que adquieren en el mercado local a 150 córdobas y que combinan con camarones o pescado fresco que ella misma atrapa, en la dieta diaria; y un quintal de sal, que en los últimos días compran a 90 córdobas.
En otras ocasiones, en cambio, hacen uso del dinero para abastecerse con materia prima: mecates y clavos, cuyo costo total oscila entre los 250 y los 350 córdobas, que dan mantenimiento a las diez cajas de madera donde capturan, año con año, a sus presas.
Pero ese aporte que hace al hogar, tampoco se nota en su comunidad donde los hombres, de las 17 familias que habitan en Río Frío, son los que predominan en la pesca del camarón.
Aunque según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), más del 20 por ciento de las mujeres, asumen la jefatura del hogar en el área rural y un 54 por ciento, aporta a la economía local.
“Ellas son las que entre 60 y 80 por ciento se integran a la actividad productiva (de sus localidades)”, señala Ivania Toruño, directora ejecutiva del Instituto Nicaragüense de la Mujer (Inim).
“Aunque –agrega– lamentablemente sólo se les reconoce como un complemento, que ayuda al hombre en su responsabilidad como jefe de hogar”.
De acuerdo a Toruño, esto se debe a que persiste una resistencia a ese reconocimiento, pese a que está comprobada la eficiencia femenina a todo nivel.
Sin embargo el último estudio referido al Uso del Tiempo por las y los Nicaragüenses, efectuado por el INEC entre 1998 y el 2001, revela en términos generales, que hombres y mujeres están taco a toco en rendimiento productivo. A pesar de que los hombres constituyen el 68 por ciento de la Población Económicamente Activa y las mujeres el 31.9 por ciento.
MIDIENDO FUERZAS
El tiempo productivo, que registra el estudio del INEC indica que los hombres tienen una hora más de trabajo en comparación con las mujeres.
No obstante, en detalle refleja que los hombres y mujeres casados o unidos son los que registran más horas laborales, las cuales oscilan, en promedio, entre ocho y siete horas.
Contrario a los hombres y mujeres solteras, que dedican de siete a seis horas en su misión laboral, que en los hombres se divide entre el sector productivo y en el industrial manufacturero. Y en las mujeres entre el sector comercio y servicios. Aunque en el caso de Suárez, todo converge.
Por otra parte, en el trabajo comunitario, el estudio del INEC cuantifica que las féminas están a la vanguardia.
Ya que según el estudio, éstas representan más del 50 por ciento de la población que realiza trabajos en la comunidad.
Esto se complementa en el trabajo reproductivo o doméstico, donde ellas también llevan la batuta, según la investigación, tanto en presencia como en cantidad de tiempo.
Los hombres, de acuerdo a la información, usualmente aportan al trabajo del hogar, con el acarreo de leña y la reparación de casas. En cambio las mujeres, suelen dedicarse a las labores de la casa, al cuido de niños, enfermos y ancianos.
De allí se explica que la tasa de participación de los hombres, en esa labor, sea del 50 por ciento durante todo el ciclo de su vida. Mientras en las mujeres la participación va en aumento, pues ésta inicia en un 61 por ciento en la niñez, y aumenta significativamente en la adolescencia y adultez donde registran una participación del 90.9 y 89. 7 por ciento.
Hecho que desciende “un poco”, en la tercera edad. Es decir cuando ya son ancianas, de acuerdo a la investigación. Lo que compensa su “pequeño” aporte en el trabajo productivo, donde son los hombres los que en general, más participan.
EL TRIBUTO A LA MUJER
Como lo muestra la historia, buena parte de las efemérides mundiales parten de un dolor o de una lucha. Y este día no es la excepción.
Hace 96 años, alrededor de 20,000 newyorkinas, que laboraban en una fábrica textil, protestaron en demanda de mejores condiciones laborales. Por su intento fueron despedidas. Entonces se encerraron y se declararon en huelga, para validar sus exigencias.
En eso estaban, cuando repentinamente se produjo un incendio, donde perecieron 129 obreras. 67 años después las Naciones Unidas reconocieron esta lucha, y declararon este día como tributo a esas féminas, a nivel mundial.

|