DOMINGO 7 DE MARZO DEL 2004 / EDICION No. 23384 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Pensamientos para mis hijos

Luis H. Debayle

Pienso, luego tengo derecho a creer. Siento, luego creo.

El pensador es un explotador del infinito.

El dogmatismo científico es la esclavitud de la razón libre.

El fanatismo es para la religión lo que la locura para la razón.

Es mejor la tradición que la apostasía.

La vida es lo que menos comprendemos y es en lo que más creemos.

El pasado no es noche de tinieblas, sino foco de luz que rasga la penumbra del porvenir.

Instruir es ilustrar, acopiar conocimientos, fomentar ciencia. Educar es elevar el alma, dar al espíritu la suprema cultura del bien, de la corrección y la virtud.

Lengua que no avanza retrocede.

El ideal supremo del arte es penetrar en el corazón de la belleza y elevarse hasta el espíritu por la verdad.

El genio creador no es gusano que se arrastra al nivel del suelo; es águila caudal que vuela en el espacio hasta el infinito azul.

Todo lo bello es verdadero, todo lo verdadero es, al fin y al cabo, bello.

El color es la lengua del pintor. Un cuadro es un poema de líneas con su ritmo y sus rimas de colores.

Una melodía musical es una gama de matices. La poesía es música de ideas y un paisaje de armonías.

La palabra es el espejo de la razón, la luz de nuestros oídos. La palabra es más poderosa que la espada. Ha triunfado del vicio, de la tiranía, de la ignorancia, del espacio y del tiempo.

En la América Latina los lazos que nos unen a la Madre Patria, el afecto y el respeto que le profesamos, se deben más a la palabra de Cervantes que a la espada de Hernán Cortés.

La palabra de dolor y miseria del sublime Job en el estercolero y la palabra fulminante de Moisés en el Sinaí, resuenan al cabo de siglos en la boca de Jesús, transformándose en la irradiación eterna del Calvario.

Con el hombre de negocios sed neto, terminantes, concisos, sin adjetivos inútiles ni fraseología superflua.

Si habláis con técnicos en cualquier ciencia, expresaos en términos adecuados, claros conformes al objeto. Sin rebuscamientos.

Respectus, viene de respicere: mirar. El respeto es una mirada reverenciadora del espíritu y del corazón.

Respetar está cerca de venerar; el respeto es el primer paso de la veneración.

Un mandatario debe aspirar más al respeto que al temor de sus gobernados.

El que es maestro de veras, lleva en sí el quid dividium: enseñar. Enseña como el pájaro canta, como la rosa perfuma.

La sentenciosa soberanía de (Víctor) Hugo, la egolatría de (Gabriel) D´Annunzio y el egoísmo agresivo de Nietzsche, plagiado por ciertos payasos de la literatura, sacan las mejillas del lector un rubor piadoso.

El amor es el principio, la razón y el fin de todas las acciones humanas. No se discute, ni se explica, ni se escribe; lo canta el ritmo del corazón palpitante.

Hace más no el que más sabe, ni el que más desea, sino el que más ama.

Si Dios es amor, según la profunda palabra de San Juan, amor es lo más divino del alma humana.

Enaltecer a la mujer, respetarla, admirarla y amarla, es hacer obra digna de hombres. Calumniarla, rebajarla, humillarla, es obra infame de cobardes. El cobarde no es un hombre, sino una cosa.

La política es como la esfinge mitológica: devora a todos aquéllos que se acercan a ella y no saben descifrar sus enigmas. Es un laberinto al cual se penetra solamente conducido por el hilo de Ariadna de la falsía y de la amoralidad.

El oro es la fuerza suprema de la moderna sociedad y la causa de la mayor parte de los crímenes y fratricidios entre individuos y naciones. Su despotismo es el peor de los despotismos.

Nuestro siglo no es de oro, sino el del oro. Y Tagore exclama: ¡Engarzad en oro las alas del pájaro y nunca más volará al cielo!

El autor fue médico y literato.
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