Aforismos preliminares
Edmundo Solórzano Díaz
Gozamos de juventud cuando no sabemos apreciarla, y principiamos a lamentar su ausencia a la edad en que ya somos una caricatura de lo que fuimos.
Cada enfermedad es una sentencia de muerte, y cada convalecencia un indulto.
Busca tu nivel social: que si fueres plebeyo, evitarás el ridículo y si aristócrata, el descrédito.
Pobre es el que tiene que soportar la adversidad sin estar acostumbrado a ella.
La necesidad obliga al pobre a ser cínico; la abundancia convierte al rico en hipócrita.
Con pocas palabras se pueden decir muchas ideas; con pocas ideas se pueden hablar muchas palabras.
La sinceridad es la llave maestra de todas las puertas.
La más cruel de las angustias proviene de la impaciencia.
Entre todas las armas, la más vil es la intriga.
Las mentiras se justifican cuando sirven de auxilio a las verdades.
Un país sin recursos para educar a sus ciudadanos, es como un mendigo que tiene muchos hijos.
Patriotismo es la palabra que emplea la conveniencia para epitafio de tontos.
A medida que se extinguen los sabios, se multiplican los tontos.
Un país donde el ciudadano tiene menos garantías que en el extranjero, no merece el nombre de Patria.
La libertad no consiste en la veneración de un trapo, sino en el respeto recíproco entre gobernantes y gobernados.
No sólo para comprar un sombrero, sino para comprar un libro, debemos estar seguros del tamaño de nuestra cabeza.
El hombre es como el felino: encuentra placeres donde debiera haber pesares. La mujer es como una fortaleza, pero el hombre que logra someterla queda prisionero de ella.
Por retorcida y absurda que sea una superstición, siempre encontrará admiradores que la cultiven y la propaguen.
La manera más fácil de probar que Dios existe, es tratando de probar que no existe.
El autor fue filósofo nicaragüense.

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