DOMINGO 7 DE MARZO DEL 2004 / EDICION No. 23384 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Avive el seso… despierte

J. Alejandro Alonso

A Dios no se llega si estamos desprovistos de amor y servicio para los demás.

La arrogancia no es señal de poder ni de gloria.

No es cristianismo por estar bautizado, sino por vivir conforme las enseñanzas evangélicas.

La debilidad femenina ante el hombre que la atrae, no es más que el complemento de la debilidad del hombre ante la mujer.

Vemos dos clases de médicos: a unos, consultando su ciencia y experiencias; a otros, revisando sus cuentas bancarias.

La libertad de nuestro país y la soberanía de nuestra Patria no ha de considerarse regalo de naciones extranjeras, sino producto de aspiraciones nobles y de respeto a los derechos de los pueblos.

Las buenas relaciones humanas no atan, liberan; no toman, dan; no apagan la luz en los cerebros: aumentan su luminosidad.

A Sandino se le imita, no se le rinde culto; él es la luz que no se apaga, que ilumina la senda del patriotismo.

La usura es, en muchos casos que conocemos, un asalto autorizado por sus víctimas.

En la tierra somos huéspedes de honor, con derecho a tomar de ella lo que necesitamos; pero no más de lo necesario, ni lo que corresponde a los demás.

Los triunfos ante lo grande y lo fuerte, capacitan y enaltecen; los que se obtienen sobre lo pequeño o lo débil, adormecen, atrofian, degeneran.

La Iglesia Católica sufre persecución interna declarada por algunos de sus jerarcas. Pero los jerarcas que son fieles a su Iglesia y amparan a los pobres marginados, son suficientes para que la Iglesia recupere su prestigio perdido.

Vemos riquezas materiales y riquezas espirituales. Unas son representadas por el dinero y otras por las virtudes. Las primeras pueden acumularse en cajas de hierro y en bancos, las segundas se acumulan en el alma y el corazón.

Entre las formas de robar está la de imponer mercados y en éstos imponer precios. Los individuos y los pueblos y países deben sujetarse a estas regulaciones. Esta manera de proceder es la que da vida al capitalismo y al imperialismo.

Si ocultamos los méritos de los demás, lo que hacemos es mostrar nuestra propia bajeza moral. Nuestra ruindad.

El autor es escritor nicaragüense.
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