William Grigsby Vado: Director de Radio La Primerísima
“Guadamuz fue víctima de las disputas internas del Frente”
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Fue un asesinato político el de Carlos Guadamuz, sostiene sin pelos en la lengua William, el “Chele” Grigsby, el “enfant terrible” del sandinismo |
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Eduardo Marenco Tercero
Aparece tarareando “You are my destiny”, sin rasurarse, el cabello rubio alborotado, la camisa por fuera del jeans desteñido, alto y rechoncho, invita a su despacho y el tufo a cigarrillo se impregna en la piel. Como todo buen revolucionario se parece al católico ferviente: hacen un altar de las paredes de su oficina. Retratos del Che Guevara, Fidel Castro, Carlos Núñez y Gertrudis Arias.
Libros pocos (El Espía del tiempo, de Marcelo Figueres, entre éstos), aunque el “Chele” Grigsby lee con desenfreno.
Por estos días, le han aplicado el “chequeo japonés” según le explicaba el comandante Henry Ruiz: le han seguido de manera ostentosa para amedrentarlo. Se metieron a robar a su casa y sólo se llevaron un par de “chochadas” de su cuarto. El cree que esas acciones, junto al asesinato del político y periodista Carlos Guadamuz, llevan la intención de instaurar el terror en el corazón de los periodistas y de los mismos sandinistas.
Terror que Grigsby conoce en carne propia desde el 30 de septiembre de 1990 cuando “alguien” mandó a quemar la radio que él dirige.
—Si mal no recuerdo, vos acusaste a Humberto Ortega en aquel momento.
“Y lo sigo acusando. Te voy a decir algo que nunca se ha publicado, estando en Barricada yo lo entrevisté –acompañado de Julio López Campos en febrero de 1995– y cuando terminó la entrevista, yo apagué la grabadora, la puse aparte. Mire, le dije, ahí está apagada la grabadora, ahora quiero que me diga por qué quemó la radio. Me dijo que era parte del clima de tensiones que había en el momento y que probablemente algunos compañeros interpretaron mal. Sí, le dije, es que fue una columna del Ejército. Sí, pero vos sabes, me contestó, y me dio una explicación toda nebulosa”.
—¿Pero él implícitamente lo admitió?
“(Sí, dice asintiendo.) Además, el jefe de la Policía de aquel momento era René Vivas, y cuarenta y ocho horas después me llamó a la oficina y me dijo que no nos enredáramos, que había sido el Ejército. Si querés te paso los nombres de todos los oficiales que participaron, me dijo, los piches salieron de la base de Xiloá, el jefe del comando era Néstor López, también estuvo involucrado Álvaro Herrera, su segundo, llegaron a donde estaban los transmisores de 10 kilos, de unos cien mil dólares”.
—¿Se te acusó de que estabas en la conspiración de Javier Pichardo (entonces jefe de la Fuerza Aérea Sandinista)?
“No, nunca. Lo que me dijeron es que era agente de la CIA. Rosario Murillo lo dijo el 21 de septiembre, diez días antes de la quema de la radio. Dijo que observaran mi comportamiento y que había una conspiración de la CIA para hundir al Frente y que yo era el responsable. De eso hace catorce años, hoy Rosario Murillo no piensa lo mismo y mantenemos una comunicación fraterna y fluida. Tuvimos una plática de cinco horas hace como siete años, y nos dijimos cada quien lo que tenía que decirse. Eso (las declaraciones de Murillo) fue la preparación de la quema. Y en aquellos días un capitán de la Fuerza Aérea me había llamado, y me dijo: “Humberto Ortega quiere destituir a Pichardo, estamos sublevados, estamos dispuestos a combatir, a Pichardo no lo dejan salir de El Chipote y estamos exigiendo que se resuelva esto”. Luego llamaron más oficiales.
En la tarde llamó un capitán y me dijo que tenían los helicópteros encendidos y que iban a artillar El Chipote. O sueltan a Pichardo o bombardeamos El Chipote, decían. Lo que hice fue, en lugar de revelarlo, llamar a Carlos Fernando Chamorro, le conté lo que estaba pasando y que yo daba de plazo para que se resolviera antes del programa (Sin Fronteras), o lo revelaba. A las nueve y cincuenta de la noche Carlos Fernando me llamó y me dijo que no lo dijera. Llamó después casi a medianoche y me dijo que no había logrado nada y le dije, lo siento mucho, voy a revelarlo en la mañana. Y así fue. Se armó la de San Quintín. Los capitanes le salvaron la vida a Pichardo. Además, de eso, en abril del 90 yo leí la lista de todas las casas piñateadas, con nombre y apellido, Paul Atha encabezando la lista. Luego fue el enfrentamiento para que hubiese congreso en el Frente, que renunciara la Dirección Nacional, que rindieran cuenta política...”
—Tu relación con el Frente ha sido de amor y de odio. ¿Cómo explicás esa dualidad?
“Pues sí, ideay”.
—Por un lado ellos te han hecho daño y por otro, te has rebelado en contra de ellos.
“Yo no estoy casado con el partido, estoy casado con las ideas de Sandino y de Carlos (Fonseca Amador), en la medida que el Frente represente ese ideario voy de viaje, sino, pues critico, y como no les gusta...”
EL ASESINATO DE GUADAMUZ
—¿Cuál es tu interpretación política del asesinato de Guadamuz?
“Hay todavía muchos cabos sueltos. (Se interrumpe la entrevista por una llamada, su interlocutora seguro le pidió que se cuide, él responde que de todos modos en Tepito, México, ahora celebran a San la Muerte con calaveras y todo, así que le vale). ¿En qué estábamos?... Me parece que el Frente se convirtió en una suma de grupos de poder que pujan por la hegemonía, sobre todo en la designación de candidatos”.
“La hegemonía la logró en el congreso del 98 ó 99, la derecha empresarial, que logró anclarse en la Dirección Nacional y casarse con Daniel”.
—¿Te referís a Bayardo Arce...?
“No... al grupo de los Coronel Kautz, etcétera, que detrás está Humberto pues. Ahí hay un matrimonio de intereses, entonces Daniel abandona la alianza con la izquierda y se alía con los empresarios. Y excluye totalmente a la izquierda. Estos grupos de poder buscan dinero e influencia política. Creo que Guadamuz es víctima de esa disputa. Creo que el golpe está dirigido no contra el Frente como fuerza, sino contra Nicho Marenco”.
“Es mi interpretación de los hechos. Creo también que Daniel se apuró a poner a Nicho de candidato precisamente para evitar que el grupo de los empresarios le volviera a poner otro candidato o perder ese espacio que él necesita políticamente tenerlo bajo su influencia porque viene la disputa presidencial y la Alcaldía de Managua es crucial para una disputa presidencial. Es decir, pone a un hombre de su absoluta confianza, de su entorno inmediato, y lo pone rapídisimo, muy temprano y sorpresivamente”.
“Y creo que esto es una reacción de esos grupos de poder para destruir la candidatura de Nicho y tener la posibilidad de poner un candidato alternativo. Pero además, pensado a mediano plazo, para golpear la candidatura de Daniel y para que eventualmente Daniel tenga que ceder esa candidatura”.
—Es decir, para vos fue un asesinato político.
“Sí. De eso no me queda la menor duda”.
—¿Y el cuento del asesino de que él actuó en solitario?
“No. Eso es absurdo y él lo sabe, él tiene que decir eso porque si no...”
—¿Quiénes integrarían ese grupo de poder?
“Pues habría que verlo, no lo tengo claro pues, pero creo que fue así”.
—Entonces Guadamuz, para decirlo claro, fue víctima de las pugnas internas del Frente.
“Creo que no lo matan porque fuera un peligro, no. Escogieron a Guadamuz como podían escoger a otro sandinista o a otro ex sandinista de ese perfil, de manera que hiciera daño al Frente. Está maquiavélicamente pensado. Si lo ves con frialdad, a un mes de los hechos, ¿quién ha sido el principal golpeado? Nicho. Y detrás de Nicho: Daniel. Este golpe lo podría absorber el Frente, una vez aclaradas las cosas, dos o un año plazo, pero ahora tenés encima las elecciones. Y es muy difícil que se recupere de ese golpe si no hay un esclarecimiento absoluto del crimen que deslinde las responsabilidades. Por eso el primer interesado debería ser el Frente. Porque sino su candidato va a ser sumamente golpeado”.
—Ahora, esto plantea que las diferencias en el Frente se dirimen al estilo de la mafia.
“Al estilo de las bandas mafiosas. Eso es lo triste. Mirá, cuando quemaron la radio, me acuerdo que me sentía destrozado por dos razones: porque quemaron la radio y por saber quién la había quemado. ¿Qué es más doloroso? ¿saber en qué se ha convertido el Frente? En el Frente vos podés distinguir estos grupos de poder que pelean y la enorme masa sandinista que es honrada, mística incluso, y que sigue siendo fiel al ideario y que no admite que esto pueda ocurrir. Entonces, este asesinato de Guadamuz es el doloroso proceso de la enorme masa sandinista de aceptar que hay algo que no funciona en el Frente”.
—¿Cómo interpretás el regaño público de Rosario Murillo a Daniel Ortega?
“Es parte de esto que te estoy diciendo. Guadamuz dijo barbaridades de Daniel, no sólo de asuntos políticos, sino de asuntos personales muy graves, hasta llegó a decir que Daniel había violado a su hijo. Entonces hay mucho resentimiento que te lleva a decir no lo maté yo pues, pero está bien muerto. Rosario dice: no es posible que prevalezca tu resentimiento, que te alegrés de que finalmente se murió, o que prevalezca el sentido común de que vos como revolucionario debés estar en contra de crímenes como ese. El reclamo es en ese sentido, legítimo y valiente”.
—¿Creés que la Policía está interesada en esclarecer el caso?
“Creo que la Policía está atrapada. Yo creo que la Policía sabe quién fue, por qué fue, pero está atrapada, entre la presión yanqui, de los grupos de poder de adentro, de la propia Policía, pero estoy seguro de que a estas alturas ya lo saben. ¿Tendrán la valentía política para tomar las decisiones que deben tomar? Esa es la gran duda. Ni siquiera Bolaños está interesado en que se tomen. Porque el personaje o los personajes involucrados son de un peso muy grande”.

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