SáBADO 6 DE MARZO DEL 2004 / EDICION No. 23383 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Blanco y negro
Que el Libro Blanco no quede en blanco

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Eduardo Enríquez
eduardo.enriquez@laprensa.com.ni

Desde hace un año, pero muy esporádicamente, aparece en los medios de comunicación una referencia al Libro Blanco de la defensa nacional. Confieso que cuando oí el término por primera vez no me llamó mucho la atención; pensé que se trataba de otro aburrido estudio que pasaría a llenar los anaqueles gubernamentales donde nadie se volvería a acordar de él.

En realidad, el Libro Blanco puede ser eso, o puede ser un valioso documento que modernice nuestras Fuerzas Armadas. Todo depende de la atención que le pongamos los civiles.

El Libro Blanco es un documento en el cual se plasma la visión, política y objetivos de determinado tema, en este caso la defensa o seguridad nacional. El hecho de que el Presidente de la República haya ordenado a su ministro de Defensa que elabore uno, ya desempolva el tema de las relaciones civiles-militares, que había quedado en el olvido.

Eso es trascendental, porque en los últimos años –finales de la administración Chamorro y toda la administración Alemán– se dio por un hecho que a los militares era imposible someterlos a la autoridad civil y que lo mejor que se podía hacer era tenerlos contentos –dejarlos con su autonomía, sus negocios y sus exoneraciones– y hacerse de la vista gorda, porque ya mucho había que agradecerles que no se metieran en política.

Pero cualquier sociedad que se quiera modernizar no puede darse el lujo de tener un cuerpo autónomo que en promedio consume 35 millones de dólares del Presupuesto General de la República cada año y que no se tiene un concepto claro de que si nos sirve o no.

El Libro Blanco determinaría cuáles son las amenazas para el país y cómo, dentro de nuestras realidades, podemos enfrentarlas. Es absurdo seguir pensando en este Ejército convencional, pensado para defender al país de una posible invasión de los vecinos. Por mucho que se pretenda hacer creer lo contrario, la amenaza real al Estado de Nicaragua no viene de Honduras o Costa Rica, viene del narcotráfico, del tráfico de ilegales y de los desastres naturales. Un Ejército que responda a esas amenazas, entre otras, es el que debe definir el Libro Blanco.

Debe establecer parámetros que logren el sometimiento de los militares al poder civil.

Debe dejar claro quién controla el presupuesto de Defensa, quién hace los ascensos y retiros, y –algo que se ha puesto de moda– quién recaba y controla la información de inteligencia. Si esas tareas no están bajo los civiles, no hay tal sometimiento.

Plasmar en un Libro Blanco los puntos antes mencionados y los mecanismos para hacerlos realidad, significaría una profunda transformación del Estado, pero no va a ser tan fácil convencer a los militares. A nadie le gusta ceder poder.

Ésta es una oportunidad clara para los civiles, de avanzar en el control de los militares. Sin embargo, es preocupante que la llamada “sociedad civil” no lo vea como un tema atractivo, porque si no hay presión, el Libro Blanco va a quedar en blanco, o sea, todo como hasta ahora. Como sociedad no podemos permitirnos ese lujo, hacernos de la vista gorda nos puede costar muy caro.
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