SáBADO 6 DE MARZO DEL 2004 / EDICION No. 23383 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Control presupuestario y transparencia

La Contraloría General de la República anunció que auditará al Ministerio de Hacienda en lo referente al manejo del Presupuesto General de la República, en respuesta a la solicitud de un diputado sandinista. Por su parte, el ministro de Hacienda, Eduardo Montealegre, declaró al respecto que se trata de una acción política, pero que en todo caso él y su cartera ministerial no tienen nada que ocultar.

Por supuesto que se trata de una acción política. Todo control sobre los poderes públicos es político. Una de las funciones esenciales de la Asamblea Nacional —el poder político por excelencia— es controlar el ejercicio de la Administración Pública; y la misión de la Contraloría es velar porque todos los fondos del Estado se manejen en forma correcta y transparente.

En realidad, lo que debió decir el ministro Montealegre es que esta decisión de auditar el manejo del Presupuesto General de la República, tiene una intención partidista, de carácter liberal-sandinista. Es obvio que si el actual Gobierno de la República fuera mangoneado por el PLC arnoldista o el FSLN, el diputado sandinista no habría pedido la auditoría para el Ministerio de Hacienda ni la Contraloría hubiera aceptado la petición, mucho menos de la manera tan rápida y obsecuente como lo hizo.

Inclusive, es la primera vez que se auditará la ejecución del presupuesto y la administración de los recursos presupuestarios, algo que se debió hacer desde mucho tiempo atrás, pero que según el presidente actual de la Contraloría, no se hizo antes por falta de recursos presupuestarios. Sin embargo ahora sí se puede hacer, no obstante, que los mismos contralores se están quejando de que este año tienen menos presupuesto que los años anteriores.

Ahora bien, aparte de la politiquería partidista que predomina en estas decisiones de los órganos del Estado, así como en las relaciones de los funcionarios superiores del Gobierno, lo importante para los ciudadanos y para los intereses de la sociedad es que se escudriñe y salga a luz pública el manejo presupuestario.

La verdad es que el mismo Gobierno del presidente Bolaños y el ministro Montealegre sembró la duda, al utilizar dos cifras gruesas sobre los ingresos presupuestarios de este año, pues mientras en la ley que aprobó la Asamblea Nacional a fines del año pasado se asentó la suma de 10 mil 196 millones de córdobas, en el memorando dirigido al FMI se dice que son 11 mil 350 millones de córdobas. O sea que hay una diferencia de 1,154 millones de córdobas, o de “sólo” unos 800 millones como dijera el ministro de Hacienda.

Según el ministro de Hacienda no hay nada anormal en esa diferencia de cifras, pues se trata solamente de que en el Presupuesto se puso la cantidad de ingresos que hay seguridad de recaudar y obtener en términos generales, mientras que la cifra que se reportó al FMI es el monto ideal de lo que se querría recaudar y conseguir; y como este otro estimado de ingresos no es seguro que se obtenga, no se debía poner en el presupuesto aprobado por la Asamblea Nacional, que es el legal y el que se ejecuta de manera obligatoria.

Pero esa explicación gubernamental no es convincente. No parece serio y más bien motiva a la suspicacia que para un propósito se calcule una determinada suma de ingresos y que para otro fin el estimado sea diferente. Y aunque el propósito de esa diferencia sea, como dicen algunos, el de no gravar todo el ingreso que se obtenga finalmente con los porcentajes que se asignan por fuerza de ley al Consejo Nacional de Universidades (CNU) financiadas por el Estado, la Corte Suprema de Justicia y las alcaldías; o aunque fuera para financiar el pago de la deuda pública y reducir un poco más el déficit fiscal, no es legal ni transparente que se haga de esa manera por muy injusto que sea asignar tanta plata y sin control al CNU mientras las escuelas públicas carecen hasta de pupitres y del vaso de leche para los niños escolares.

La lucha contra la corrupción implica obligatoriamente ser transparente en todo. No basta con que el Presidente de la República y el ministro sean honrados; también tienen que aparentarlo y demostrarlo.
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