JUEVES 4 DE MARZO DEL 2004 / EDICION No. 23381 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Historia de higiene

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. Conozca cómo la humanidad desarrolló artículos tan necesarios como el papel higiénico y el inodoro

 

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Acaricia el rostro de los caballeros y las piernas de las damas. Se vende por millones en el mundo entero y, sin embargo, es fruto de la misma imaginación que deploraba el capitalismo. Es un poco de utopía que está de incógnita en su baño.

Desde tiempos remotos el hombre se ha sometido a toda clase de rig ores para lograr una barba arreglada, sea corta, rasa, en candado, estilo “inglés”, “garibaldi” o “fu manchú”.

Como muestran pinturas rupestres, el hombre de las cavernas se ocupaba de estos menesteres del mismo modo que su par contemporáneo. En diferentes sitios arqueológicos se han encontrado “hojillas” rudimentarias que datan del neolítico.

AFEITANDO EL MUNDO

El sílex afiliado fue el primer material de que echó mano para deshacerse del vello feo. Luego experimentó con hierro, bronce e incluso oro.

Otros métodos más masoquistas también existen desde la prehistoria misma: se sabe que nuestros antepasados practicaban, como el hombre moderno, la depilación a punta de pinzas. Y en algunas culturas los hombres se quemaban las puntas de los bigotes con herramientas candentes.

Y por fin King Gillette, un joven de Wisconsin, a quien el incendio de la casa familiar obligó a buscar trabajo cuando tenía 16 años, consiguió empleo con el empresario e inventor William Painter, quien le ofreció un sabio consejo: fabrica algo que se use y se tire, le dijo, y los clientes siempre tendrán que volver por más.

Aquella mañana de 1895, Gillette hacía las maromas de costumbre para afeitarse en el baño del tren y salir entero. Entonces se dio cuenta de que la solución la había tenido todo el tiempo en la mano. La primera afeitadora práctica, de seguridad y de hojilla desechable, era la puerta a la fortuna.

Desarrollar la idea tomó seis años. Le aseguraron que era imposible fabricar una hojilla tan delgada, a un costo razonable.

En 1901 un ingeniero del técnico de Massachussets, William Nickerson, dio con el material y la técnica apropiados. Poco después se otorgó la patente, y en 1903 salieron a la venta las primeras unidades.

Para 1905 ya eran 90,000 las afeitadoras fabricadas y Gillette, un millonario... inconforme. Gillette era un socialista utópico, que soñaba con la creación de un sistema de cooperación universal, en el que no existiera el egoísmo.

Imaginaba a sesenta millones de estadounidenses viviendo en una gran metrópolis, servida por una sola gran empresa, de la que todos serían accionistas.

El fabricante de afeitadoras escribió varios libros, entre ellos La humanidad a la deriva, que dedicó a los seres humanos, “pues para todos la esperanza de que escapen de un ambiente de injusticia, pobreza y crimen es igualmente deseable”. El inventor murió frustrado en 1932.

DE FONDO

1350 aC. Hayan un cuenco agujereado que parece antecedente de la ducha en una excavación de Akhenaten, en Tel-el-Amarna (Egipto).

Edad Media. Occidente abandona las costumbres de babilonios, griegos y romanos. Los cristianos lo encuentran poco piadoso.

1767. William Feetham recibe la primera patente por una ducha, en Inglaterra. Los médicos impulsan el “renacimiento” de la ducha tratamientos de “baño de lluvia”.

1810. Se fabrica la ducha Regency. Se experimenta con estilos y diseños.

S. XX. La ducha se convierte en algo utilitario, pero retoma el camino abierto por sus ancestros, en términos de confort y lujo, a finales de siglo.

DOLOROSA LIMPIEZA

S. V AC-S. V dC. En los baños públicos romanos se dispone de una esponja remojada, amarrada a una estaca.

1391 dC. Emperadores chinos ordenan la fabricación de papel higiénico de grandes proporciones.

S. XVIII dC.Colonos norteamericanos utilizan mazorcas, periódicos y almanaques.

1857. Joseph Gayetti inventa el “papel terapéutico”.

1890. La compañía Scott pone el papel en un rollo.

EVITABAN EL BAÑO POR VANIDOSOS

La ducha es un lujo mucho más allá de lo que uno alcanza a imaginar cada mañana, medio dormido, bajo el chorro de agua. Lo más cerca que un rico y poderoso estuvo por largo tiempo de un buen duchazo fue un cubo de agua arrojado sobre su cabeza por un sirviente.

En la Edad Media, Occidente le perdió la fe al aseo personal. A los primeros cristianos les parecía vanidoso el gusto por el baño y trataban de evitarlo para ganar en santidad.

La reina Isabel de Castilla estaba orgullosa de haberse bañado sólo dos veces en toda su vida. Europa tardaría en “descubrir” la relación entre las enfermedades y plagas que diezmaron el continente por siglos y la suciedad.

Y LLEGÓ EL PAPEL

Cuando en 1890 la compañía Scott puso en venta el papel higiénico en rollos, le causaba tanta vergüenza aparecer asociada a una cosa como ésa que decidió no poner su nombre en el empaque.

Pero una rápida mirada al pasado tal vez haga pensar al lector que nunca hizo el hombre un mejor papel que cuando inventó el “suave y absorbente”.

En la antigua Roma se practicó el hábito de la limpieza, que hoy se asocia con el uso del papel. Una esponja amarrada a un palo y sumergida en un balde de agua salada estaba a disposición en los baños públicos. Los usuarios compartían la herramienta, con la que se “refrescaban”.

Los colonos norteamericanos prefirieron las mazorcas de maíz hasta bien entrado el siglo XVIII. Entre tanto, en zonas costeras se echaba mano de conchas marinas, y en islas como Hawai la variante local eran las cortezas de coco.

En otras zonas rurales encontraban muy útiles los libros y revistas de toda clase. Cuando los periódicos se volvieron cosa común en la sala de la casa, a principios del siglo XVIII, pronto se hizo del baño su “segundo hogar”.

Otra historia, claro está, tenía lugar en castillos y mansiones. Ricos y poderosos no sometían sus traseros a semejantes rigores. Los suyos estaban hechos para el algodón y el encaje.

LA BONDADOSA NATURALEZA

Sus necesidades las satisfacía dónde y cuándo ellas se lo exigieran. Pero una vez que se volvió sedentario, se le planteó una necesidad nueva: la de deshacerse de sus desperdicios tan lejos como le pidiera su nariz, pero tan cerca como exigiera su sistema digestivo.

La historia del inodoro comenzó en Creta, en tiempos de la civilización Minoica.

Los cretenses tuvieron inodoros completos con cisternas alimentadas por corrientes de agua, palancas que controlaban el flujo del líquido y bajantes alrededor del año 2000 aC.

Pero la paternidad del invento es disputada. Según el doctor Bindeswar Pathak, la civilización Harappa, en India, tenía retretes y un complejo sistema de drenaje al menos 500 años antes, alrededor de 2500 aC.

El inodoro tampoco le fue desconocido a los egipcios y romanos, a estos últimos en la forma de sistemas de letrinas regadas por agua corriente.

DE FILO

Neolítico. El hombre se afeita desde que tiene barba.

Civilizaciones antiguas. En Mesopotamia, Sumeria, Egipto, se confeccionaban hojillas. En Grecia y Roma comenzaron a usarse las afeitadoras de hoja abierta o “corta-gargantas”.

1762. El francés Jean-Jacques Perret inventa la “afeitadora de seguridad.

1904. King Gillette recibe la patente por la afeitadora de seguridad de hojilla desechable.

RETRETES

2000-2500 ac. Cretenses e indios tienen baños con inodoros y drenajes.

S. V al XV dC. Bacinillas o chatas, en el mejor de los casos. Tiempos “oscuros” para la higiene humana.

1589 dC. Sir John Harrington fabrica dos inodoros: uno para la reina y otro para él.

1775 dC. Alexander Cummings recibe la primera patente por el inodoro. Comienza la comercialización en masa.

1883 dC.Tomas Turifed fabricó el primer retrete de porcelana.
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