En Letra Pequeña
Fabián Medina fabian.medina@laprensa.com.ni
LEALES
¿Cuál es el pegamento que sostiene unidos a los arnoldistas y ha evitado hasta ahora el desmoronamiento estrepitoso que se vaticinó? Durante el Gobierno, nadie dudaba que las prebendas eran el cemento que adhería lealtades a la figura de Arnoldo Alemán. El pronóstico era que cuando esas prebendas se acabasen, la alianza estallaría en mil pedazos. No sucedió así. Hay por lo menos 42 diputados, ocho magistrados de la Corte, cuatro del Consejo Supremo Electoral, tres contralores y un Vicepresidente de la República, que son capaces de desbaratar al país, con tal de proteger a Arnoldo Alemán, tal como ha quedado claro con el impulso a una amnistía que de hecho legaliza el robo al Estado.
DUDAS
Si ya no hay mucho que repartir ¿qué es lo que les une? ¿Es agradecimiento por lo recibido? ¿O es acaso la esperanza de que unidos como pandilla pueden llegar a recibir más en el futuro? La verdad es que yo en este tema tengo más dudas que respuestas, porque entre los políticos la “conveniencia” siempre ha estado primero y me resulta difícil explicarme desde los principios la lealtad mostrada por estas personas que, con muy escasas excepciones, durante seis años saquearon el Estado con tal desenfreno que parecía que estaban en competencia para ver quién robaba más en menor tiempo.
DEUDAS
Alguien me explicaba esa cohesión de una forma muy simple: “Ellos son lo que son por Alemán, y dejan de serlo si Alemán se hunde”. Y cuando dice lo que son, no se refiere sólo al cargo que ostentan, sino también a las deudas que les limpiaron, a las propiedades que adquirieron, a los familiares que colocaron, y a las cuentas de ahorro que abrieron.
PARANOIA
Yo no soy siquiatra ni mucho menos, pero alguna enfermedad tendremos la mayoría de los nicaragüenses, en mayor o menor grado, que siempre estamos viendo diablos de zacate por todos lados. ¿Esquizofrenia? ¿Paranoia? Desconfiamos de todo. No hay accidentes ni casualidades, a todo le damos un significado. Alguien quiere perjudicarnos. Hasta cuando nos hacen un favor decimos: “¿Mmmm, dónde está la trampa?” El grado extremo de esta paranoia lo padecen los políticos. Nada puede decirse contra ellos porque siempre, inexorablemente, todo es parte de una trama. Fuerzas oscuras que se han reunido en algún lugar del mundo con el exclusivo propósito de destruirlos.
TRAMAS
Así que, se llegue a donde se llegue, quienes resulten implicados en el asesinato de Carlos Guadamuz, por ejemplo, dirán que es una trama, una campaña negra. No importa que el asesino y el dueño del arma hayan sido miembros de la Seguridad del Estado, y ello sea periodísticamente relevante por el entrenamiento que estas personas tienen. No, es una trama contra los que fueron de la Seguridad del Estado. Y por lo tanto no hay que decirlo. No importa que el asesinado haya responsabilizado antes de su muerte al candidato sandinista Nicho Marenco, y por lo mismo sea periodísticamente interesante. No, si se dice es una trama política. Y así, cada hecho que se recuerda o se revela, es una trama de quien la dice, y desgraciadamente están sobrando medios que se tapan lo ojos y hablan hasta de los calores de Marte para no caer en tramas, pues.

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