JUEVES 4 DE MARZO DEL 2004 / EDICION No. 23381 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




El drama haitiano

Haití ha “celebrado” el bicentenario de su independencia nacional de la peor manera posible.

Haití —nombre indígena original del país, que significa Tierra montañosa— se enorgullece de ser el primer país latinoamericano que conquistó su independencia, en este caso de Francia que fue la potencia colonizadora de esa parte de la isla Española, desde que en 1697 España se la cedió por medio del Tratado de Riswick.

Como consecuencia de las luchas lideradas por Toussaint Louverture —antiguo esclavo liberto que llegó a ser general del Ejército de Francia—, Haití abolió la esclavitud en 1794, y 10 años después obtuvo la independencia nacional. Sin embargo los haitianos no pudieron administrar su libertad y se sumieron en una alucinante sucesión de regímenes despóticos, revoluciones y golpes de Estado que hicieron del país, doscientos años después de la independencia, el más pobre, atrasado e inestable de América.

En realidad, Haití fue casi siempre un país crónicamente desordenado y convulso, ingobernable en fin, y por eso mismo una amenaza para la estabilidad de sus vecinos, al grado de que debió ser ocupado por tropas de Estados Unidos que se hicieron cargo del país desde 1915 hasta 1934.

Pero la recuperación de la soberanía nacional no le sirvió de mucho a los haitianos, cuya clase política siguió saqueando el Estado y el país así como atizando el odio entre bandos de la población, instigando el derramamiento de sangre, imponiendo regímenes autoritarios y hundiendo a Haití en la miseria. De manera que Estados Unidos volvió a invadir el país en 1994, después que el primero y prácticamente único presidente que ha sido electo democráticamente, Jean Bertrand Aristide, en 1990, fue derrocado apenas un año después por un golpe militar.

Aristide volvió a ser electo Presidente de la República en el año 2000, por cierto que con una abrumadora mayoría de votos. Sin embargo en esta segunda oportunidad Aristide, un ex sacerdote católico de tendencia izquierdista, demostró que había sido contagiado por el vicio de la corrupción y el autoritarismo de sus antecesores en el poder. Inclusive Aristide propició un fraude en las elecciones parlamentarias que siguieron a las presidenciales, para tener un Parlamento dócil, lo que fue rechazado por la oposición y denunciado por la comunidad internacional, a lo que el gobernante haitiano respondió reprimiendo a sus adversarios.

Supuestamente para que no le volviera a ocurrir lo mismo que en 1991, cuando fue derrocado por un golpe militar, Aristide organizó bandas paramilitares que cometían cualquier clase de abusos contra la población, y que finalmente se unieron con los opositores civiles para derrocar a quien los había organizado, armado y concedido licencia para robar y reprimir.

Así las cosas, a mediados del año pasado la oposición decidió que boicotearía las elecciones que debían celebrarse a principios de este año, si el Gobierno de Aristide no garantizaba su honestidad. Pero éste respondió con más represión y la consecuencia fue la extensión y fortalecimiento de la oposición. De manera que quien había sido elegido como un salvador del pueblo se convirtió en el personaje más odiado, después de Francois Duvalier, el sangriento tirano que dominó el país de 1957 a 1971, cuando lo sucedió su hijo Jean Claude, derrocado en 1986.

O sea que el mismo Aristide se labró su desgraciada suerte política y provocó su vergonzosa caída, aunque ahora, incapaz de asumir con decoro y honestidad sus incontables errores e inmensa responsabilidad, y trata de culpar a Estados Unidos de su derrocamiento coreado por el antiyanquismo patológico que hay en todas partes de América y del mundo.

Ahora la única esperanza de que ese desdichado país se tranquilice y estabilice es la acción de una fuerza militar multinacional de pacificación, hasta que se pueda convocar a nuevas elecciones, para seguir probablemente en el mismo círculo vicioso de incapacidad, corrupción y pobreza material y espiritual.

Los que derrocaron a Aristide no son mejores sino iguales o peores que él. Pero se dice que Boniface Alexander, el presidente de la Corte Suprema de Justicia al que según la Constitución le corresponde gobernar provisionalmente, es una rara ave de honestidad.

Ojalá que así fuera, y que lo eligieran Presidente de la República, o a otra persona igualmente honrada y capaz, pero sobre todo que los políticos corruptos le permitieran gobernar.
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