Zona de strikes
Marvin y el nuevo reto
Edgard Rodríguez C. edgard.rodriguez@laprensa.com.ni
La historia de Marvin Benard ha sido admirable.
Se suponía que no era prospecto, pero atrajo la atención de un scout que lo firmó por mil dólares.
Se consideró que no ascendería a Grandes Ligas. Y lo hizo. Ha estado ahí por más de ocho años.
Y cuando llegó, lo hizo pisando fuerte. Bateó .320, realizó algunas atrapadas y demostró que no era un intruso.
Entonces se dijo que no sería capaz de batear así a través de una campaña. Y cuando lo logró, se habló de su defensa.
Pasó 200 juegos seguidos sin cometer errores y los críticos tuvieron que maquinar sobre nuevos flancos.
Luego vinieron las lesiones que se han repetido constantemente y desde luego sus acciones se desplomaron.
Pero este muchacho, se ha ganado cada centavo en las Grandes Ligas.
¿Qué ahora hizo trampa? No estoy seguro. Los esteroides no eran prohibidos en el juego hasta el 2002.
Los detalles revelados en el San Francisco Chronicle no precisan cuándo Marvin los ingirió. ¿Eso afecta su futuro? Su principal perjuicio es en su imagen y quizá su salud, pero en el terreno, su misión es probar que aún es útil.
Si lo logra, tengan la seguridad que los Medias Blancas harán a un lado todo el debate. Lo esencial es que sientan que lo necesitan.
Desde mi perspectiva, no le veo mucho futuro a las investigaciones. El beisbol es una industria demasiado importante en EE.UU.
Cuando Sosa y McGwire se trenzaron en duelo de jonrones, recuperaron la credibilidad del juego, afectada por la huelga de 1994.
El público disfrutó de sus subvenirs más allá de la cerca, de los marcadores alegres y la hola de proyectiles a las graderías.
¿Quién garantiza que entre esos bombarderos no hubo esteroides? ¿Cómo reaccionaría el público ante una disminución de tablazos?
No sabemos si la industria está dispuesta a entrar a revisar el problema a fondo. Eso tiene un precio. Algunos referentes podrían caer.
Por ahora sólo nos queda observar cómo Benard consigue emerger ante este nuevo reto.

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