Reportaje especial
Muertos casi en vida
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Poco a poco observan cómo la carne de su cuerpo se va consumiendo, no pueden trabajar, no duermen, apenas pueden sostener un pensamiento. Los afectados por el Nemagón caminan de milagro, impulsados sólo por un objetivo: que se les haga justicia |
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La sombra del Nemagón los seguirá hasta el fin de sus días, pero antes de morir reclamarán justicia.
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Angélica Martínez R. angelica.martinez@laprensa.com.ni
Sólo tenía 25 años. Estaba en la flor de la juventud. Su espíritu aventurero lo llevó a buscar trabajo en las plantaciones de banano en Chinandega. A principios de la década del setenta el boom comercial que tuvo este producto proporcionaba trabajo para todos. Nicaragua era el paraíso de la abundancia.
Para ese entonces el uso de plaguicidas para combatir las pestes en los cultivos era toda una novedad, un regalo de la civilización. Por las noches, las pequeñas avionetas sobrevolaban los plantíos rociando un polvillo blanco que desaparecía con el viento.
A veces llovía y en las hojas verdes de los platanares se recogía el agua. “En medio del trabajo, cuando tenías sed, esa agua era bendita... te la tomabas sabrosa directo de las hojas. No se sentía ningún gusto a veneno”, nos cuenta don Lucas Evangelista Barahona, uno de los que presenta mayor deterioro físico producto del Nemagón.
Acampados frente a la Asamblea Nacional se observan cientos de hombres y mujeres campesinos. A simple vista parecen sanos. Algún parroquiano pasará por su lado y exclamará: “Pero si no tienen nada, qué es lo que reclaman”, preguntándose el porqué de su presencia perturbadora.
Pero si don Lucas les contara que tiene años de no dormir una hora seguida, que se desmaya con el menor esfuerzo, que hace más de diez años no trabaja para sostener a su familia y que mueren de hambre. Si él les contara que siente miedo cuando ve que su carne se va consumiendo, pegándose a los huesos, pero su miedo no es por él, mucho menos a la muerte. Su miedo viene de pensar que su hija, su esposa, su hermana y su mamá quedarán desamparadas, sin un hombre que las proteja.
Don Lucas y su esposa, doña Josefa Mercado, pasaron por la desgracia de perder a dos hijos que nacieron deformes. Una de las tantas consecuencias del plaguicida. “Los dos nacieron (aparentemente) sanos... cuando crecía el niño varón se iba secando, logró vivir seis años, pero parecía de seis meses”, describe.
Prácticamente los médicos lo tomaron a su cuidado para ver si lo podían rescatar. “Una mañana se lo llevaron, le pusieron una inyección y al regresar a la casa ya iba muerto. En el caso de la niña sus piernitas eran delgaditas, sólo duró unos diez meses”.
Doña Josefa quería morir, al verse impotente para salvar a sus hijos. “Un médico nos advirtió que no volviéramos a tener más (hijos), porque lo que iba a salir era el montoncito de pellejos”, nos cuenta con la voz entrecortada.
Sobrevive una niña de trece años, que nació mal “toda aguadita, sin fortaleza”, dice don Lucas. Por ella está peleando, porque él sabe que va a morir, pero el dinero que le den por indemnización le servirá a ella.
Un día completo de trabajo en la plantación de banano le rendía diez córdobas. Poco, “pero suficiente”, pensaba don Lucas. ¿Suficiente para qué?, se pregunta hoy.
Encima de todo eso, tal vez tendrá que soportar las preguntas impertinentes de uno que otro periodista. Le insistirán para saber cuántas y qué dolencias padece y sólo lo dejarán en paz cuando les haya enumerado las cuentas del rosario de males que lo aquejan, para que el parroquiano que lo vio en la avenida sepa lo que tiene, el porqué su reclamo y lo ayude.
PRINCIPALES DAÑOS
Entre los daños que el Nemagón provocó en la salud de esas familias están: esterilidad, atrofia en el hígado y el bazo, cáncer, abortos, hijos que nacen con malformaciones o mueren al nacer, deformación de las articulaciones y afectaciones en la piel, problemas degenerativos en el sistema nervioso central, pérdida de dientes, vista y cabello, entre otras.
Los descendientes de los trabajadores que resultaron afectados en las bananeras de Chinandega, 34 años después, aún pagan la negligencia de esas empresas.
ANTECEDENTES
Las decenas de familias campesinas que resultaron afectadas por el Nemagón son una sombra que permanece erguida frente a la Asamblea Nacional. Están ahí reclamando sus derechos, pero su lucha no es de ahora.
Durante las décadas del setenta y ochenta, unas mil 700 familias fueron afectadas por el Nemagón. En esta misma época el uso de esa sustancia ya estaba prohibido en Estados Unidos.
En 1975, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) determinó que el DBCP (dibromo-cloropropano) era un posible agente cancerígeno.
El 29 de marzo del 1990 se formó una comisión de víctimas que lucha hasta hoy por el pago de indemnizaciones. Se realizó un estudio de unos 150 casos donde quedó demostrado que de cada cien hombres 62 presentaban reducción de espermas y deformación de los espermatozoides.
Las empresas demandadas son: Dole Company, United Fruit Co., Down Chemical, Shell Oil, Standard Fruit Co., Chiquita Brown y Delmonte.
La Ley 364 para la “Tramitación de Juicios Promovidos por las Personas Afectadas por el Uso de Pesticidas Fabricados a Base de DBCP” fue aprobada por la Asamblea Nacional de Nicaragua en el año 2000.
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