Irremediablemente muerto
Alejandro Vogel Delgadillo
Hace poco vi en la carretera una manta que leía “Sandino Vive”, promoviendo el concierto de un cantautor nicaragüense al que admiro mucho. Hacía mucho tiempo que no veía algo parecido. Las frases, eslóganes o consignas con un paralelismo cristiano parecían estar desapareciendo de los discursos de los líderes sandinistas como de sus seguidores. Es de dominio público y está demás repetir las repercusiones nefastas que tuvieron algunos de los componentes principales que motivaron la revolución sandinista. Principalmente la teología de la liberación, que entre otras cosas presentaba a la religión cristiana como un medio para liberar al pueblo de sus opresores, parecido a lo que los judíos esperaban de Cristo en cuanto al dominio por parte el imperio romano. Ambas tesis equivocadas.
Lo que es menos conocido pero que viene a explicar mucho, por lo menos a mí, las raíces de toda esta deformación de los valores cristianos y de los ideales de igualdad social, es la ideología espiritual del mismo Augusto César Sandino. Hace poco me encontré con el libro El iluminado, de Alejandro Bolaños Geyer, hermano del Presidente de Nicaragua. Siempre, y especialmente mucho antes de que don Enrique fuera candidato a la Presidencia, he admirado el profesionalismo, cuidado, minuciosidad y honor a la verdad de este escritor nicaragüense.
En este libro Bolaños Geyer presenta una faceta no muy conocida de la figura de Sandino. Independiente, y tal vez como consecuencia de sus traumas personales, rencores hacia sus padres, ambiciones contradictorias, enredos mentales, Sandino se hizo presa fácil de una secta de corte espiritista llamada Escuela Magnético-Espiritual de la Comuna Universal, fundada por Joaquín Trincado. Con rasgos parecidos a los de los movimientos como la “Teosofía”de Madam Blavatsky, “Edgar Cayce, Connie Méndez con su Metafísica, un toque de las fantasías esquizofrénicas de J.J. Benítez, y salpicado de teorías de marcianos y seres extraterrestres, Sandino se mete en un cóctel o sincretismo espiritual que lo deja más confundido que nunca.
Como era de esperar, todo su movimiento revolucionario, se ve contaminado por estas ideas que hoy forman parte de un movimiento más grande que el de Trincado llamado la Nueva Era. Gracias a Dios nada que ver con la del presidente Bolaños. En la enciclopedia de la Nueva Era ésta se define a sí misma como un movimiento que además de ser social es “por su naturaleza, religioso, aunque muchos del movimiento prefieren la clasificación de ‘espiritual’ porque, la palabra ‘religión’ tiene un significado negativo...” J. Gordon Melton, un renombrado experto sobre estos temas, en su libro Almanaque de la Nueva Era, añadiría que “así como los prosélitos del movimiento desean renunciar a lo que ellos consideran ser religiones represivas, buscan igualmente reemplazar éstas con su propia religión universal, que, según ellos, “re-establece el énfasis en el conocimiento propio, la exploración interna y la participación en ese prolongado proceso transformador...” ¿Suena familiar?
Bueno, ¿y qué tiene que ver esto con los sandinistas de hoy? Pues muchísimo. Especialmente para los sandinistas cristianos, entre los cuales tengo varios amigos. En la Biblia encontramos una clara prohibición de estas prácticas así como las consecuencias para los que desobedecen. En Deuteronomio 18: 10-12 leemos que: “No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos, porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti”. También sabemos los cristianos que las cosas de nuestros antepasados nos afectan a nosotros. Si no me creen, pregúntenselo a Adán.
Así es que, amigos sandinistas, sabemos que el único que ha probado la muerte y hoy está vivo es Jesucristo. Lo siento mucho pero tengo que decirles que Augusto César Sandino con todo y sus ilusiones de crear un nuevo orden mundial se encuentra irremediablemente muerto.
El autor es economista y educador.

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