MIéRCOLES 3 DE MARZO DEL 2004 / EDICION No. 23380 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Inversión y trabajo duro y honesto

El viernes pasado (27 de febrero de 2004), LA PRENSA publicó el suplemento especial Inversiones, en el que se abordó desde diversos ángulos este problema estratégico de Nicaragua. Ciertamente, sin inversiones el país no podrá desarrollarse ni salir de la pobreza y del atraso en que se encuentra ahora.

Las informaciones que se dieron a conocer en ese suplemento fueron sumamente interesantes e importantes. Y no es necesario repetirlas, pero sí es preciso señalar que a pesar de que el Gobierno está haciendo bastante por atraer inversiones extranjeras, se debe hacer mucho más para remover los obstáculos que frenan las decisiones de inversión.

Pero no sólo el Gobierno debe hacerlo. También la sociedad y las personas, a título individual, tienen que contribuir a crear condiciones apropiadas para que más inversores vengan a arriesgar sus capitales y a contribuir al desarrollo y la prosperidad de Nicaragua.

La clave del desarrollo, en cualquier parte del mundo, es la suma de inversión más trabajo duro y honesto.

Y en Nicaragua hace mucha falta tanto la inversión de capital como mejorar la calidad laboral, ante todo la disciplina, la responsabilidad y la honestidad en el trabajo, que —hay que reconocerlo con franqueza— en algunos sectores son deplorables y desalentadoras.

Se dice, con razón, que uno de los principales problemas que ha sufrido Nicaragua en los últimos tiempos ha sido la corrupción en las diferentes esferas del poder público. Pero tan costosa o más que la corrupción es la ineficiencia, que en términos generales se deriva de la mala calidad del trabajo y que se observa tanto en el sector público como en la empresa privada.

En realidad, la devaluación ética del país no hay que medirla sólo por la corrupción gubernamental. La perturbación moral afecta a toda la sociedad, incluyendo a los trabajadores en lo que se refiere a disciplina, responsabilidad y honestidad laboral.

A los ejecutivos de las instalaciones fabriles en zonas francas, por ejemplo, se les acusa de ser inflexibles en la exigencia del cumplimiento de los horarios; de restringir las visitas de los trabajadores, durante las jornadas laborales, a los servicios sanitarios y tomas de agua; de ofender el pudor personal con registros corporales a la salida de los centros de trabajo, etc.

Pero todas las empresas, no sólo las de zonas francas funcionan a base de regímenes laborales que deben cumplirse para garantizar su productividad y eficacia, que son su razón de ser. Además, hay que decir con franqueza que en muchos casos es porque se fingen necesidades fisiológicas para perder el tiempo charlando en los baños, se mal acostumbra llegar tarde al trabajo, se sustraen piezas de lo que se fabrica o cualquier cosa de valor. Da vergüenza decirlo pero inclusive en lugares donde laboran personas de alto nivel educativo, con frecuencia ocurren robos aún entre los mismos compañeros de trabajo. Y si no se erradica esa desviación de conducta no se podrá salir de la pobreza económica y moral, ni será posible crecer y prosperar.

Es cierto que los empresarios nacionales y extranjeros deben ser obligados a respetar los derechos laborales y la dignidad humana de los trabajadores en todos los sentidos. Pero también las autoridades deben derogar las disposiciones legales que castigan innecesariamente a los empleadores; las organizaciones gremiales deben educar a sus afiliados en la responsabilidad y honestidad laboral; y cada trabajador tiene que comprender que sólo quien cumple sus obligaciones de manera responsable y honesta tiene derecho a reclamar.

En el suplemento de LA PRENSA, Inversiones que mencionamos arriba, un empresario nicaragüense vaticina que “dentro de unos 12 años los nicaragüenses van a tener la entrada per cápita más alta de toda Latinoamérica”. Él funda su visión optimista en la riqueza natural del país, por ejemplo el agua; en la construcción de megaproyectos como un canal interoceánico; en las posibilidades turísticas del país y de Managua, por su escenario natural, cuando se avance en el saneamiento del lago; y en otras ventajas competitivas de la misma naturaleza.

Pero ese gran potencial sólo se podrá aprovechar en la medida que se una y conjugue el factor inversiones con el trabajo duro y honesto. No hay otro camino.
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