El sensual biquini
Inés Izquierdo Miller ines-izquierdo@laprensa.com.ni
Bikini es el nombre de un atolón de las Islas Marshall en Hawai, que allá por 1946 sufrió los embates de las bombas atómicas, ya que Estados Unidos la utilizó para probar esta arma. En esos tiempos los cintillos periodísticos hablaban con frecuencia de la isla pues sus pobladores estaban siendo desalojados para los experimentos bélicos y su ecosistema destruido. Bikini aparecía como un lugar completamente desnudo. Al día siguiente de la catástrofe, un modista francés, Louis Réard, presentó su colección de prendas femeninas donde aparecía un traje de baño de dos piezas al que bautizó con el nombre de la isla, probablemente algunos asociaban la desnudez del cuerpo con la de Bikini.
Con el paso del tiempo nadie recuerda este episodio pero todos conocen lo que es un bikini. Yo también al igual que muchos desconocía esta historia y pensaba que la palabra estaba formada por el prefijo bi que quiere decir dos, por aquello de que era un traje de dos piezas. Nada que ver, no es el caso.
Quiero decirles que el DRAE tiene el vocablo, pero la Real Academia admite bikini, para referirse al atolón y recomienda biquini, con “q” para referirse al “conjunto de dos prendas femeninas de baño, constituido por un sujetador y una braguita ceñida”.
La historia del biquini en sus inicios fue explosiva, hubo una reacción social tanto anglosajona como europea de censura ante una de las prendas más polémicas de la historia de la moda por su supuesta inmoralidad. Fue para los años sesenta que logró posesionarse del mercado y de los balnearios.
Claro que el escandaloso biquini se quedó cortico ante la tanga, palabra de origen tupí según la Real Academia Española. Otros la remiten a la tribu angolana los Quimbudú que utilizaban ese término para designar sus taparrabos.

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