MARTES 29 DE JUNIO DEL 2004 / EDICION No. 23495 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




EE.UU. dirá la última palabra

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. Washington tendrá un papel predominante en Irak. Sin sus tropas, será imposible contener a la insurgencia

Por primera vez ondea la bandera iraquí sobre el cuartel central de las tropas de la coalición en Bagdad, un antiguo palacio de Saddam Hussein. La bandera iraquí es la misma de la época de Hussein, ante el rechazo a una propuesta por los ocupantes.

 

Christophe de Roquefeuil/AP

WASHINGTON.- Pese a la formal entrega de soberanía, Estados Unidos quiere mantener en los próximos meses un papel predominante en Irak en todas las áreas, militar, económico y político, incluso a riesgo de roces con el nuevo poder.

Con unos 130,000 soldados, los estadounidenses continúan representando casi el 90 por ciento de las tropas extranjeras en Irak, sin las cuales el frágil gobierno interino creado el lunes habría tenido poquísimas posibilidades de sobrevivir.

El presidente George W. Bush prometió que esas fuerzas seguirían en Irak “tanto como haga falta para asegurar la estabilidad” del país, una perspectiva que parece aún lejana.

La transición en Irak es un argumento de peso en la campaña para la elección presidencial estadounidense de noviembre, y la administración Bush apuesta fuerte al éxito de esta combinación de entregar el poder a los iraquíes y mantener una fuerte presencia en el país.

Las fuerzas estadounidenses, bajo comando estadounidense, mantendrán un amplio margen de maniobra en sus misiones, luego que Washington peleara con uñas y dientes en la ONU para contrarrestar cualquier intento de instaurar un derecho de veto iraquí sobre sus actividades.

Estados Unidos quiere entonces seguir asumiendo lo esencial de la carga militar en Irak, a la espera de la puesta en marcha progresiva de las fuerzas armadas y de mantenimiento del orden iraquíes, que todavía están en pañales.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la primera alianza militar del mundo, se comprometió a ayudar con la formación de esas fuerzas iraquíes, pero no se espera ningún refuerzo significativo de soldados de otros países para Irak.

Washington también prevé desplegar unos 150 “consejeros técnicos” estadounidenses y de otros países de la coalición ante diferentes ministerios iraquíes, incluidos los de Petróleo y del Interior.

Esos consejeros dependerán de la Iraqi Reconstruction Management Office (IRMO, oficina de administración de la reconstrucción de Irak), una rama de la embajada estadounidense que tendrá ojos y oídos en todas las administraciones iraquíes.

Económicamente y pese a la reactivación de las ventas del petróleo, el país deberá seguir dependiendo de los miles de millones de dólares de ayuda estadounidense, además de reconocer los esfuerzos diplomáticos de Estados Unidos para reducir el monto de su deuda externa.

SÚPER EMBAJADA PARA NEGROPONTE

En el plano político, el administrador civil Paul Bremer, que dejó Bagdad el lunes, deja su puesto al embajador John Negroponte, que será el nuevo hombre fuerte de Washington en Irak.

El secretario de Estado adjunto, Richard Armitage, destacó el lunes que Negroponte –oficialmente un embajador en el sentido clásico del término–, que debe llegar próximamente a Bagdad, “no será un Bremer II”.

Pero el tamaño de la embajada, que podría ser en algún momento la misión diplomática estadounidense más poblada del mundo, traducirá la importancia de su misión.

Entre 900 a 1,000 civiles estadounidenses trabajarán en ella, lo mismo que 600 a 700 empleados locales y 300 a 400 personas bajo comando militar, según cifras difundidas hace poco por el Departamento de Estado.

CREDIBILIDAD

“Podríamos ver aparecer un gran número de tensiones en el curso de los próximos días y semanas entre el gobierno interino y la administración estadounidense”, estima Marina Ottaway, especialista de la transición en Irak en la Fundación Carnegie en Washington. “El gobierno interino tratará de mostrar a los iraquíes que no es una marioneta”.
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