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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 26 DE JUNIO DE 2004
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Las muchas caras de Tarzán

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.Este junio se celebra el centenario del nacimiento del campeón de natación olímpico, Johnny Weissmuller (1904-1984) que fue para Tarzán lo que Sean Connery para James Bond: su intérprete ideal

 

Franklin Caldera/(Crítico de cine)

Tarzán surgió de la pluma del estadounidense Edgar Rice Burroughs (1875-1950). En 1912, Burroughs publicó su primer trabajo literario, Bajo las lunas de Marte, en la revista All-Story Magazine, donde también apareció su relato serializado Tarzán de los monos (editado como libro en 1914)

En 1918 el personaje fue llevado al cine, interpretado por el corpulento Elmo Lincoln (con Gordon Griffith como Tarzán adolescente y Enid Markey como Jane). El cine mudo tuvo cuatro tarzanes más: Gene Pollar, P. Demsey Tabler, James Pierce (yerno de Burroughs) y Frank Merrill. En 1932, la Matro Goldwyn Mayer contrató a Weissmuller para interpretar al personaje (el primero del cine parlante) en Tarzán el hombre mono.

El personaje es considerado como una exaltación del mito de la superioridad del hombre blanco, aunque también se puede enfocar como símbolo del rechazo de las restricciones (y los efectos nocivos) de la civilización europea. En la novela de Burroughs, Tarzán, hijo de aristócratas ingleses abandonados en las costas africanas, aprende a leer (usando los libros dejados por sus padres, muertos prematuramente). Criado por gorilas, llega a convertirse en el “rey de la selva”. A lo largo de las 26 novelas de Burroughs sobre el personaje, éste lucha contra nazis y japoneses, y se exalta el valor de algunas tribus de guerreros africanos.

El tema de Tarzán como “rey de la selva” no figura en las películas de Weissmuller. En sus primeras dos películas, el personaje es una especie de paria, incapaz de hablar y relacionarse plenamente con los simios que lo criaron o con los seres humanos que habitan la región. No hay ninguna referencia a su origen aristocrático.

La serie tiene una orientación ecológica y condena la intromisión de los europeos en los entornos naturales del África (los villanos son siempre blancos). El hecho de que Jane (Marueen O’Sullivan) enseñe a hablar a Tarzán es una licencia poética sin la cual la serie no hubiera sido posible. (Recordemos El niño salvaje de Truaffut, sobre un médico que intento infructuosamente civilizar a un niño que creció en un bosque)

El director de Tarzán el hombre mono es W.S. Van Dyke II, que en 1928 había dirigido Sombras blancas en los mares del sur, que condena la presencia europea en comunidades primitivas. Tomas rodadas en África para su película Trader Horne (1931), fueron utilizadas en la serie de Tarzán.

Entre Tarzán el hombre mono y Tarzán y su compañera (1934, codirigida por Cedric Gibbons y Jack Connway) hay continuidad argumental. Tratan sobre las relaciones amorosas de la joven británica Jane Parker con el salvaje blanco descubierto por una expedición de la que ella forma parte. Ambas películas fueron producidas antes de la entrada en vigor del Código de Producción, adoptado por las compañías productoras para restringir la representación de situaciones de sexo y violencia en el cine (con el fin de protegerse de grupos de presión, como la Legión Católica, que las acusaban de corromper a la juventud)

En Tarzán y su compañera, Jane se pasa a vivir a la cueva de Tarzán, donde ambos tienen relaciones sexuales (fuera de cámara, por supuesto). En una secuencia subacuática con gran sentido estético, Jane se baña desnuda con Tarzán (la mujer que vemos es la campeona olímpica Josephine McKim, más escultural que la delgadita O’Sullivan, madre de Mia Farrow). La secuencia fue cortada posteriormente y reincorporada en los años ochenta. Las dos películas contienen elementos del cine de liberación femenina de la época (en el que se especializaron actrices como Ruth Chatterton, Bárbara Stanwyck, Miriam Hopkins, Rosalind Russell y Katharine Hepburn): Jane abandona el entorno social opresivo en que vive y es ella quien seduce a Tarzán, convertido en un hermoso objeto sexual.

Las cuatro películas restantes con Weissmuller y O’Sullivan fueron producidas bajo la vigencia del código. Ambos visten atuendos más discretos y en Tarzán y su hijo (1939), Boy (Johnny Sheffield) es descubierto en los restos de un avión. La procreación hubiera implicado relaciones sexuales de una pareja que nunca contrajo matrimonio. Boy y la chimpacé Cheetah formaron parte del elenco regular de la serie, que la O’Sullivan abandonó en 1942, después de Tarzán en Nueva York (en la que Elmo Lincoln tuvo un papelito)

Los derechos adquiridos por la MGM sobre el personaje no eran exclusivos, por lo que otras compañías filmaron simultáneamente películas de Tarzán, interpretadas por Buster Crabe (el futuro Flash Gordon), Herman Brix (Las nuevas aventuras de Tarzán; 1935; rodada en Guatemala) y Glen Morris (acompañado por la campeona olímpica Eleanor Holm en La venganza de Tarzán, 1938)

Cuando la MGM clausuró el ciclo, Weissmuller continuó interpretando al personaje para el productor Sol Lesser (inicialmente con la RKO Radio Pictures), que revitalizó el tema con aventuras más elaboradas. A este ciclo pertencen (con Brenda Joyce como Jane) Tarzán y las amazonas (1945), Tarzán y la mujer leopardo (1946; con la nicaragüense Lillian Molieri) y Tarzán y las sirenas (1948), rodada parcialmente en Acapulco. Las escenas filmadas por Gabriel Figueroa tienen el “look” inconfundible de sus películas con el Indio Fernández. Fue la última película de Weissmuller como Tarzán. Al año siguiente comenzó su serie de Jim de la selva. Sheffield fue Boy por última vez en Tarzán y la cazadora (1947).

Después de Weissmuller, Lex Barker fue Tarzán en cinco películas (producidas por Lesser), entre las que destaca, Tarzán y la fuente mágica (1949), última aparición de Brenda Joyce como Jane.

Gordon Scott heredó el personaje en 1955. Sus películas (cuatro producidas por Lesser), en Cinemascope y Technicolor, fueron las primeras de Tarzán filmadas en África. En Scott hay pocos vestigios del “buen salvaje” weissmulleriano: habla inglés perfectamente y se comporta como cualquier norteamericano urbano bien educado. Es más bien un “baquiano” que guía a blancos desorientados en travesías por la selva acechados por villanos de su misma raza. Dos de sus películas son excepcionales: La gran aventura de Tarzán (1959), de John Guillerminn (rodada en Kenia; con Sean Connery en un pequeño papel), y Tarzán el magnífico (1960), con Jock Mahoney como antagonista de Scott.

Mahoney protagonizó posteriormente, Tarzán en la India y Los tres desafíos de Tarzán. Poco memorables son los tarzanes de Denny Miller (1959), Mike Henry y Ron Ely. Scott continuó su carrera en Italia donde coprotagonizó con Steve Reeves, Rómulo y Remo (1961).

John Derek dirigió en 1981 un remake the Tarzán el hombre mono con Miles O’Keeffe, para lucimiento de los encantos físicos de su mujer, Bo Derek. La crítica fue despiadada. El filme británico, Greystoke, la leyenda de Tarzán (1984), de Hugh Hudson, dio al tema un desarrollo más lógico y realista. Como en la novela, Tarzán (Christopher Lambert) es John Clayton, nieto del Sexto Lord Greystoke (interpretado por Sir Ralph Richardson).

Tarzán y la ciudad perdida (1998), coproducción germano-estadounidense, con Casper Van Dien, pasó inadvertida. En 1999, la compañía Disney produjo una versión de dibujos animados. Entre los muchos seudotarzanes internacionales, destaca Azad, que en los años sesenta fue el hombre mono en películas indias, una con el extraño título de Tarzán y Dalila.  
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