Salud: Los males de la pobreza
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En el Fórum de Barcelona, el debate por el desarrollo de la salud en nuestro planeta llevó a los especialistas a una conclusión inevitable: la pobreza es la madre de las enfermedades que más muertes genera. |
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Los objetivos del siglo pasado en materia de salud son los mismos retos de hoy. Es el área donde el progreso de la ciencia se hace menos tangible; justo ahí donde a cada segundo hay una vida en juego. Los problemas sanitarios se trasladan por el tiempo, se arrastran entre la indiferencia y recogen más desigualdad y muerte. Este círculo vicioso entre la enfermedad y la pobreza es el fenómeno que intentan desentrañar –no fuertes contrapuntos, acusaciones y desplantes– los especialistas de todo el mundo que acudieron a un congreso realizado en España.
Los médicos, políticos o expertos en sanidad convocados por el Fórum de Barcelona para exponer sobre “Salud y desarrollo: retos para el siglo XXI” llegan a una sola conclusión: la pobreza es la madre de las enfermedades que más muertes genera en el planeta. Y es en este punto donde el diagnóstico se vuelve crítico, ya que ni la ciencia ni los médicos tienen el remedio para este mal: recursos económicos. A partir de esta coincidencia, se abren varias teorías acerca de cómo achicar las diferencias entre los países pobres y ricos, la ayuda que deben prestar, cuáles son las prioridades, cómo hacer que los programas sanitarios sean más efectivos y, entre otros tantos temas, quiénes son los culpables de que esta situación esté tan lejos de revertirse.
“El problema que existe es el hambre, que es responsable de la muerte de 10 millones de niños al año. Son 40 bombas de Hiroshima al año que explotan silenciosamente”. La frase demoledora fue de Vicens Navarro, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona. Desde ese momento, no hubo lugar en la conferencia para ninguna trivialidad y todos se despacharon con munición gruesa.
Hasta que Navarro hizo esa metáfora, los presentes habían dado cuadros de la situación que sólo aportaban más datos negativos al debate. Entonces empezaron las preguntas. “Ya sabemos que la situación está mal, que África está mal, no nos den más datos. Queremos saber por qué. Estamos hablando de poder”.
El experto, que participa en asambleas de la OMS y de UNICEF desde hace treinta años, ya tenía una respuesta: “La tendencia neoliberal es la culpable y, lo peor es que ha llegado a la Organización Mundial de la Salud con la política que tiene a la hora de considerar enfermedad por enfermedad y organizar programas específicos, en vez de desarrollar infraestructuras integrales de servicios sanitarios. La economía debe contribuir a la calidad de vida de la población y no al revés”, agregó.
Como para suscribir la teoría de Navarro, los representantes de Mozambique, Sudáfrica, Uganda, Ghana, El Congo y Brasil, entre otros, aportaron información sobre cómo afecta la falta de recursos en sus respectivos países. “Los mayores agentes de mortandad y las fuentes de enfermedad proceden de la pobreza. Aproximadamente todas las muertes de niños de menos de cinco años tienen lugar en los países en vías de desarrollo y, casi la mitad, en África”, dijo Pascoal Mocumbi, ex primer ministro de Mozambique.
En cuanto a la tasa de mortalidad maternal, señaló que en el año 2001 por cada 100.000 bebés, 1.000 madres perdían la vida por falta de medios adecuados antes, durante y después del embarazo. Una cifra que se complementa con los 145 recién nacidos que mueren por cada 1.000 que sobreviven.
Mocumbi acompañó los datos con una propuesta. “Deberían hacerse inversiones directas para expandir la economía –opinó–, acuerdos comerciales justos y, principalmente, una renegociación de la deuda externa en términos más generosos”. Esta idea fue reforzada con la teoría esbozada por Luis Sambo, representante de la oficina regional de la OMS, con sede en el Congo, quien sostuvo que: “Cuanto menores sean las desigualdades, mejor será el estado de salud y mayor el crecimiento y desarrollo económico”.
La exposición de Sambo puso en evidencia la importancia que tienen los recursos humanos a la hora de propiciar el desarrollo de una nación. La carencia de estos recursos impide, por tanto, el progreso del país. “Defendemos que existan inversiones directas en salud. Fundamentalmente para que la máquina del desarrollo funcione ya que los recursos humanos son fundamentales”, explicó. “Reduciendo las desigualdades en la salud directamente –finalizó–, aumentamos las capacidades físicas y los recursos que marcan directamente el proceso de desarrollo económico”.
EL PODER NEGATIVO
África se convirtió en el eje de la discusión sobre la situación sanitaria en el mundo, básicamente, porque se ve afectada por todos los problemas considerados más críticos y a gran escala. Pero además, porque presenta un conflicto que escapa a las soluciones de orden económico. Se trata del papel negativo que representa en este ámbito la cultura multiétnica y la diversidad de ideologías y religiones de su población.
Angela Wasunna, representante de The Hastings Center, de Nueva York, explicó que no se pueden dejar de considerar los valores ideológicos, culturales, políticos y religiosos, a la hora de diseñar un programa sanitario para el continente africano, ya que tiene gran influencia en el campo de la medicina. Para explicar su teoría, Wassuna comentó el caso de una niña con epilepsia que falleció por la falta de entendimiento entre los familiares y los médicos que la atendieron en los Estados Unidos.
Los padres –procedentes de Laos– habían decidido que su hija no siguiera el tratamiento porque creían que no tenía una enfermedad sino “miedo causado por la pérdida del alma”, un estado que forma parte de las creencias de su cultura. Por este motivo, prefirieron que continuara con los temblores para convertirse en “noble”.

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