JUEVES 17 DE JUNIO DEL 2004 / EDICION No. 23483 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Miseria del maestro: miseria de la educación

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Nassere Habed López

El salario del maestro es una miseria. El básico de un maestro de primaria es de 904.00 córdobas. En secundaria es de 1,242 córdobas por una jornada de 40 horas semanales de trabajo. En los colegios privados pagan un poco más, unos 300 córdobas adicionales.

Los salarios de los maestros no alcanzan a cubrir ni siquiera la mitad del costo de la canasta básica, que según el Banco Central se acerca a los 3,000 córdobas y según cálculos independientes ya pasa a los 5,000 córdobas mensuales. Para sobrevivir los maestros hacen milagros. Uno de cada tres desempeña dos o más plazas o puestos de maestros en jornadas matutinas, vespertinas, nocturnas, sabatinas y dominicales. Eso les permite ganar entre 1,800 córdobas y 3,000 córdobas mensuales. Otros (20 por ciento) se las ingenian para dar clases particulares, cobrando por ejemplo 20 córdobas semanales por cada alumno; o realizan otras actividades ajenas a su profesión, como venta de libros; venta de cosméticos y “chucherías”; lavado y planchado de ropa a domicilio; trabajos de costura y venta de fritanga. A estos “bisnes” se dedican por necesidad un 30 por ciento de los maestros nicaragüenses, según resultado de la encuesta que hice con la ayuda de los alumnos del cuarto año de Pedagogía de la Universidad Católica (Unica)

El 75 por ciento de los maestros completa la “pana del mercado” con la ayuda de su cónyuge, de sus padres, de sus hijos, de sus hermanos y de otros familiares. Una empleada doméstica de Managua tiene un salario real muy superior al de un docente graduado en la universidad. La empleada, además de ganar entre 800.00 y 1,400 córdobas mensuales, goza de comida, agua, luz y habitación, que eleva su ingreso real en 1,000 córdobas más; esto es, entre 1,800 y 2,400 córdobas mensuales. En cambio el maestro, con su mísero sueldo tiene que pagar, además de comida, agua y luz, los gastos de movilización a la escuela y algunos materiales didácticos. Estamos muy alejados de la época en que la profesión de maestro se valoraba correctamente en Nicaragua, en función de la elevada misión que desempeñan en la educación de nuestros hijos y en la formación de los ciudadanos del mañana.

Nuestra sociedad, a la par de una injusticia con los maestros, está cometiendo un grave error estratégico, de grave consecuencia, para el desarrollo de Nicaragua. Los salarios miserables de los maestros están provocando la fuga de los mejores docentes hacia otras actividades mejor remuneradas. Los maestros calificados que aún quedan en las escuelas, agobiados por la desesperación económica sólo piensan en ganar unos pesos más para sobrevivir con su familia. No tienen tiempo ni ánimo para planificar sus clases, actualizar sus conocimientos, atender los problemas de aprendizaje de sus alumnos y superarse como profesionales de la educación.

El efecto lógico de todo esto es el deterioro progresivo de la educación nacional, que se observa en los bajos rendimientos académicos de los estudiantes, en todos los niveles del sistema educativo.

Históricamente se puede comprobar la relación directa que guarda la calidad de la enseñanza, con el salario del docente. A nadie se escapa que las épocas de oro de la educación coinciden con los mejores salarios del magisterio nacional. Para elevar la calidad de la enseñanza se deben mejorar sustancialmente los salarios de los maestros. Es un acto de justicia y, sobre todo, es un acto de patriotismo que mira al futuro moral, político, social y económico de Nicaragua.

El autor es psicólogo, profesor de la Universidad Católica.
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