JUEVES 17 DE JUNIO DEL 2004 / EDICION No. 23483 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Se necesita la reconstrucción moral de Nicaragua

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José Esteban González R.
josegonzalez79@hotmail.com

Muchos esfuerzos y recursos se han consagrado a obras de reconstrucción material de nuestro país, pero muy poco se ha hecho para reconstruir la base moral de nuestro pueblo.

La pérdida de valores morales y cívicos, ya preocupante bajo la dictadura somocista, se acentuó aún más por el mal ejemplo generalizado, con contadas excepciones, de los dirigentes de nuestro país posteriores a la caída de Somoza.

Durante los últimos dos decenios, líderes de envergadura nacional, ministros y otros ciudadanos elevados a la cúspide del poder civil y militar han irrespetado ostensiblemente y vaciado de su más sagrado contenido instituciones tan importantes como el matrimonio y la familia, han vulnerado gravemente los derechos humanos y han establecido sistemas sofisticados de saqueo del Estado y de enriquecimiento ilícito. No contentos con eso, algunos de esos personajes exhiben sin pudor el fruto de sus delitos y arengan al pueblo como si no hubiesen cometido ningún delito.

Ese mal ejemplo desde la cúspide ha contribuido a minar gravemente la moral pública y privada de los nicaragüenses. Si no hacemos nada para revertir este deterioro, podríamos encontrarnos dentro de poco en situaciones difícilmente controlables.

Parece, por lo tanto, conveniente iniciar sin tardanza un esfuerzo sistemático y coherente para recuperar el sentido moral individual y colectivo. Para ello, podría pensarse en una serie de encuentros amplios y dinámicos sobre “Ética y responsabilidad ciudadana”.

Siendo este país de tradición eminentemente cristiana, es lógico que la ética cristiana sea uno de los pilares esenciales de este esfuerzo. En esos encuentros, expertos nacionales e internacionales de alto nivel académico y de la más alta solvencia moral establecerían los lineamientos esenciales de una ética válida para todos los hombres y mujeres de buena voluntad, cristianos o no, creyentes o no.

Se debería abordar, entre otros, temas relativos al estado de derecho, en tanto que marco insustituible de convivencia y a las condiciones de vida mínimas acordes con la dignidad humana. Se debería, igualmente, profundizar en los tortuosos pero eficaces caminos y mecanismos utilizados por poderes destructivos o fuerzas del mal —que no son seres míticos sino seres de carne y hueso y estructuras tangibles— para extender su imperio sobre la raza humana: los mecanismos de explotación y esclavitud de seres humanos, la desinformación, la manipulación de la opinión pública, la imposición de modas y comportamientos envilecedores, las redes de corrupción, la perversión de la política y del ejercicio del poder, todo ello con un enfoque positivo y optimista como corresponde a la enaltecedora tarea de reconstruir el alma nacional.

El ciclo de encuentros podría extenderse a lo largo de varios años y celebrarse en el marco de las más prestigiosas universidades e instituciones del país.

No serían debates teológicos ni meros despliegues de virtuosismo dialéctico, sino enfoques que, partiendo de principios claramente enunciados, se orienten a modificar positivamente y de manera tangible la escala de valores y el comportamiento público y privado.

La puesta en marcha de este esfuerzo no debería encontrar dificultades insuperables de orden logístico ni financiero.

El autor fue fundador de la CPDH y es militante socialcristiano.
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