Entre la vida y la muerte
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Víctima de los pandilleros, Jimmy Alexander López Quintero está postrado en una cama del Hospital Antonio Lenín Fonseca, con una perforación en su estómago y sin la posibilidad económica para comprar los costosos medicamentos que necesita para salvar su vida. Sus padres desesperados apelan a la caridad de los nicaragüenses. |
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Acompañado por uno de sus hijos. Los padres de Jimmy López Quintero recorren las calles en busca de ayuda para la recuperación de su hijo baleado por pandilleros.
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Luis Alemán Saballos
Desde que Luciano Evaristo López fue despedido de su trabajo como vigilante, las cosas en la vivienda de la familia López Quintero se pusieron muy mal.
Muchas cosas cambiaron. Tomó una serie de medidas para reducir los gastos y entre otras cosas, junto con su esposa Eva Ofelia Quintero Díaz, decidió con mucho pesar que su hijo mayor, Jimmy Alexander, con apenas 17 años, tendría que dejar a un lado sus estudios y buscar un trabajo en espera de tiempos mejores.
“Fue una decisión muy difícil”, recuerda don Luciano, pero afortunadamente el muchacho logró engancharse como ayudante en la Imprenta Arquidiocesana donde laboraba su mamá.
Madre e hijo trabajaban en el área de encuadernación. Ambos se impusieron la tarea de trabajar horas extras para conseguir ingresos extraordinarios que pudieran enfrentar los gastos familiares.
“Entrábamos a trabajar a las ocho de la mañana y salíamos a las 8:00 y hasta las 10:00 p.m. cuando había abundante trabajo”, recuerda doña Eva.
Todo transcurría con normalidad hasta la tarde de aquel fatídico 15 de marzo pasado, cuando la acción criminal de dos jóvenes casi termina con la vida de Jimmy Alexander.
MAL PRESAGIO
Esa tarde tocaba pago. Madre e hijo lograron reunir casi 1,000 córdobas en concepto de salario y horas extras; y con el dinero en sus bolsillos decidieron regresar a su casa.
“Si yo hubiera sabido lo que iba a pasar le aseguro que me hubiera quedado trabajando más tiempo tal y como Jimmy me lo propuso”, asegura doña Eva en un tono de arrepentimiento.
Esa tarde, después que recibieron su salario, Jimmy le propuso a su mamá que se quedaran trabajando unas horas más. “Mamá, recordá que necesitamos más riales”, le dijo.
Pero doña Eva le contestó que mejor se fueran a la casa, que pasarían comprando una provisión y que harían una buena cena para que toda la familia comiera sabroso. “Al fin y al cabo habíamos recibido pago y podíamos darnos el gusto de comer algo diferente”, recuerda la señora.
LA BALACERA
Ése fue el pecado, doña Eva comenta para sí. Ambos salieron a las 5:00 p.m. rumbo a su casa ubicada a unas siete cuadras de la Imprenta, en el barrio Andrés Castro, de donde fue la Nunciatura, dos cuadras arriba, una cuadra al lago y una hacia abajo.
Madre e hijo caminaban distraídamente planeando la comida que harían esa noche sin imaginarse que en una esquina dos delincuentes estaban al acecho, esperando al primer cristiano que pasara por el lugar para robar o en el peor de los casos hasta matar.
“Yo sólo escuché la detonación, no me imaginé nunca que mi hijo fuera el herido y cuando me di cuenta Jimmy se desplomaba con sus manos llenas de sangre”, relata doña Eva.
La impresión que sufrió doña Eva al ver a su hijo tirado sobre la acera, bañado en sangre y pidiendo que le ayudaran que no lo dejaran morir, le provocó un desmayo. Es la fecha y no recuerda con exactitud qué ocurrió después.
“Cuando recobré el conocimiento yo estaba en la casa, mi esposo se había ido al hospital donde estaba mi hijo en estado grave”, recuerda.
“Yo los vi que accionaban el arma pero no disparaba, entonces ellos se acercaron más, intenté correr y luego dispararon de nuevo, entonces caí herido y con mucho dolor”, recuerda Jimmy en su relato sobre los hechos que hoy lo mantienen en estado grave en el Hospital Antonio Lenín Fonseca.
FUERON PANDILLEROS
La bala que lesionó a Jimmy fue disparada por un joven conocido sólo como “Pelo de Lluvia”. En el sector del barrio Andrés Castro todo el mundo lo conoce porque es uno de los que azota el barrio junto a otro conocido como “Leche Agria”.
Don Luciano López asegura que “Pelo de Lluvia” fue quien disparó el arma, una pistola TT que se la había entregado “Leche Agria”.
EN LA MIRA
El nombre verdadero de “Pelo de Lluvia” es Oscar Danilo Saya Bermúdez, actualmente está en la cárcel La Modelo y se encuentra a la orden del Juzgado Cuarto de Juicio. Mientras tanto, Daniel Cubillo a quien le dicen “Leche Agria”, fue investigado pero posteriormente dejado en libertad. “No me explicó qué pasó en ese caso”, asegura don Luciano.
“Pelo de Lluvia” y “Leche Agria” tenían en la mira a Jimmy. Semanas antes estos mismos sujetos habían intentado agredir al muchacho, pero éste logró escapar refugiándose dentro de su vivienda.
“Esa vez él estaba cuidando a sus hermanos pequeños que estaban jugando en la calle, cuando aparecieron por el cauce los dos pandilleros que intentaron agredirlo con un tubo”, relata el padre del muchacho.
Don Luciano no se explica por qué los pandilleros se empeñaron en su hijo. “La verdad es que éste barrio es muy peligroso, te metás o no en las pandillas siempre vas a tener problemas”, asegura.
Relata que su hijo no se metía en ningún problema de pandillas, por eso “Pelo de Lluvia” y “Leche Agria” siempre que lo encontraban le gritaban que era un “Peluche” y lo retaban a los golpes.
Tras la lesión que sufrió Jimmy cambió la relativa tranquilidad que vivía la familia López Quintero. Jimmy ya no pudo ingresar a una escuela dominical donde se había matriculado días antes de ser baleado. Sus pies no volvieron a pisar el suelo, la lesión no lo deja caminar.
FE INQUEBRANTABLE
De aquel muchacho de casi 160 libras de peso, ahora sólo queda un cuerpo extremadamente delgado con sondas y equipos con suero que entran y salen de su débil cuerpo.
El personal médico que atiende la sala de cirugía de varones donde está internado Jimmy, le han tomado cariño y reconoce en el muchacho una fuerza poderosa que lo hace seguir viviendo.
El estado de Jimmy es realmente lamentable, la bala le lesionó el riñón izquierdo y los intestinos. “Tiene un alto grado de desnutrición”, reconoce el doctor Danilo Jiménez, especialista en cirugía general.
Jimmy no es ni la imagen de lo que era antes de ser lesionado por el proyectil. Pero lo que no ha cambiado en él es su fe inquebrantable en Dios.
Cada vez que habla siempre expresa su esperanza en que Dios lo sanará. Con un esparadrapo se pegó una imagen del Divino Niño en el pecho.
“Yo estoy seguro que el Divino Niño me concederá el milagro de salir bien de ésta”, asegura. Debajo de su almohada mantiene un librito de oraciones al Divino Niño.
“Me lo regaló una señora que me aseguró que el Divino Niño le concedió un milagro”, afirma en voz baja. Asegura que lee el pequeño libro cada vez que el dolor de su herida se lo permite.
PIDEN AYUDA PARA QUE NO MUERA
Los padres de Jimmy López Quintero están sumamente preocupados. Tienen temor de que su hijo muera por la falta de dinero para comprar los medicamentos que necesita. “Somos extremadamente pobres y desde octubre del año pasado que me quedé sin trabajo no he podido encontrar nada”, afirma Luciano López, padre de Jimmy.
Su esposa, doña Eva Quintero, a duras penas alcanza los 500 córdobas mensuales trabajando en la Imprenta Arquidiocesana.
“Yo sólo gano 500 córdobas y la administración de la Imprenta me da 300 a nombre de mi hijo. También me regalan medicinas que con mi salario es imposible costearlas”, asegura.
Doña Eva se lamenta de no poder cuidar a su hijo en el hospital. “Yo no puedo estar en el hospital cuidando a mi hijo porque tengo que trabajar. Quisiera estar con él, pero no puedo, de mi trabajo come mi familia”, expresa.
“Necesitamos que nos ayuden para que mi hijo no muera”, clamaron los padres de este joven, víctima de la violencia que impera en las calles de la capital.
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