Editorial
Mejor aprender que pedir
El Presidente de la República de Nicaragua, Enrique Bolaños Geyer, llega hoy a Japón para cumplir una visita oficial de dos días a ese ejemplar país asiático que es, individualmente, el más importante proveedor de ayuda a Nicaragua.
En realidad, no pasa un día sin que en los diversos medios de comunicación social se informe sobre alguna obra o proyecto de beneficio social financiado por Japón y canalizado por medio del Gobierno o directamente a la población. Inclusive cuando se informó de manera inapropiada que Japón había suspendido la ayuda para el vaso de leche escolar, en realidad la cooperación japonesa se estaba ampliando hacia otros sectores de igual o mayor necesidad. Lo que ocurrió con ese caso fue que expiró el término del proyecto de apoyo al programa del vaso de leche, que dicho sea de paso estaba orientado más a financiar a un sector empresarial productivo que a aliviar el hambre de niños escolares de los estratos sociales más pobres.
En cuanto a la visita del presidente Enrique Bolaños al Japón, ésta no debería ser sólo para expresar al pueblo y gobierno japonés el agradecimiento por la generosa ayuda recibida por Nicaragua, ni para pedirles más, sino también y sobre todo para aprender de lo mucho que los japoneses pueden enseñarnos. Exemplun docet (el ejemplo enseña), dice sabiamente la antigua máxima latina.
Es cierto que en el programa de 16 actividades —excluyendo recepciones y comidas— del Presidente en Japón, nueve son con representantes empresariales; lo que confiere a la visita oficial a Japón un énfasis económico que ojalá sirviera para facilitar el flujo de inversiones japonesas en Nicaragua.
Aparte de eso, hay que considerar que la dinámica economía y los altos índices de desarrollo, cultura y transparencia que tiene Japón, son espléndidos logros que no le cayeron del cielo ni son fruto de ayuda externa. Por el contrario, se deben al esfuerzo de su propio pueblo; a su educación, disciplina y laboriosidad; a su respeto a la ley, al derecho ajeno y a la garantía de la propiedad privada, etc.
Precisamente a Japón se le toma como uno de los mejores ejemplos en el mundo de que la diferencia que hay entre las naciones ricas y desarrolladas y los países pobres y atrasados no radica en la cantidad y variedad de los recursos naturales de que dispongan, pues el territorio japonés de 377,835 kilómetros cuadrados está dividido en más de mil islas, con el 80 por ciento ocupado por un sistema montañoso y más de 200 volcanes, de los cuales por lo menos 40 están activos. Sus recursos naturales son sólo algunos minerales y mayormente pesca; no tiene petróleo y sólo un poco más del 10 por ciento de sus tierras es aprovechable para la agricultura y la ganadería. Sin embargo Japón es la segunda potencia económica mundial.
En realidad, es la cultura, la conducta, la actitud hacia el trabajo de su gente, lo que hace que un país como Japón sea altamente desarrollado y rico, en contraste con otros países que tienen grandes y ricos recursos naturales y sin embargo siguen siendo pobres y atrasados. Tal es el caso de Nicaragua, que sobrevive gracias a las remesas de los nicaragüenses que viven y trabajan en el extranjero, y por la generosa ayuda de países avanzados y ricos; pero no aprovecha lo más importante que pueden dar países como Japón, o Finlandia, Irlanda, Nueva Zelanda o Chile, cual es el ejemplo de las virtudes de sus pueblos que les permitieron salir del atraso y la pobreza.
Es cierto que hay rasgos culturales que configuran la identidad nacional, son inherentes a la personalidad de cada pueblo y no pueden ser copiados por nadie. Pero el subdesarrollo es ante todo un problema mental y conductual y por lo tanto se resuelve por medio de la educación y el aprendizaje. Por lo tanto, es posible aprender de los japoneses a ser ordenados, íntegros, puntuales, responsables; a tener deseo de superación; a respetar las leyes, los contratos y los derechos de los demás; a cumplir la palabra empeñada; a tener responsabilidad laboral; a cuidar de la limpieza ambiental, etc., todo lo cual en conjunto es la clave del desarrollo y el progreso.
Y como dijimos en otra ocasión refiriéndonos a los finlandeses: si ellos pudieron hacerlo, ¿por qué no vamos a poder nosotros?
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