MIéRCOLES 16 DE JUNIO DEL 2004 / EDICION No. 23482 / ACTUALIZADA 01:07 am





EL HUMOR DE





Entrevista
Víctor Daniel Canales Maradiaga: Un cafetalero de “delirio”

Foto  
. A sus 67 años, este cafetalero, dueño de la finca Los Delirios, es un doble ganador porque es el primer esteliano en cultivar el mejor grano de oro de Nicaragua, y además, es el primer agricultor de café orgánico que un jurado internacional premia. Sin embargo no sabe si la ganancia final que obtendrá lo hará concretar un buen negocio

Víctor Daniel Canales Maradiaga, ganador del Certamen Cafetalero de la Taza de la Excelencia.

 

Gabriel Sánchez Campbell

PUEBLO NUEVO, ESTELÍ.- Justo en el momento que conocía que su finca tenía el mejor café de Nicaragua, él dudó ser el Daniel Canales que anunciaron como ganador del concurso. El norteño, recio, de un metro ochenta y tres centímetros de estatura, al que le encanta usar botas y sombrero. Hebillas grandes con motivos de caballos, jeans y camisas de vaquero.

El día que lo anunciaron como ganador del primer lugar del certamen de calidad cafetalera, la Taza de la Excelencia, sin estar preparado para nada, por lo atónito que estaba, contestó las preguntas de los periodistas que le rodeaban, aunque ni siquiera pudo ver cómo había salido en la televisión. Al día siguiente leyó las noticias del periódico y las guardó.

Tres semanas después de eso y sabiendo que hablaría nuevamente con un periodista al que sólo le pidió tener el tiempo suficiente para hablar en paz y serenidad en la finca Los Delirios, el mismo lugar que lo había hecho famoso al darle el mejor café del país.

Canales es un hombre de apariencia hosca, por las fuertes y pronunciadas facciones de su rostro, pero es una persona muy gentil. Sencillo. Le gusta vivir cómodo porque considera que en esta vida, después de todos los golpes soportados, hay que hacer de cada momento el mejor del mundo.

Ha soportado el fracaso y la humillación de la pobreza, pero ahora al lado de su esposa: Justina Sevilla, está felizmente casado desde hace más de 20 años. Comparte con ella cuatro de sus 15 hijos y cuenta que en la vida ha aprendido mucho de los golpes. Por eso es que día a día se empeña en hacer mejor las cosas.


Hablemos primero de su vida como productor. ¿Cómo ha sido el camino que ha tenido que recorrer para tener un café de la calidad de su finca?

Eso lo podría resumir como un camino pedregoso. Con muchas caídas, tropezones y levantones. En este país quienes sufrimos somos los pequeños y pobres productores. Levantar cabeza es algo duro, que sólo con empeño, paciencia y sacrificio se puede medio lograr.


¿Cómo se levantó de todas esas caídas?

Con el apoyo de mi familia. Con el de mi esposa y el de mis hijos y con la suerte de encontrar algunos métodos alternativos para mejorar mi producción de café y, estoy hablando del cultivo orgánico. Eso me ha ayudado también a mejorar mi situación económica, porque ahora que no tenemos ningún banco de desarrollo como antes, la situación es bien difícil para todo los pequeños y medianos productores.


¿En qué le ha ayudado ser productor de café orgánico?

Me ha ayudado a lograr un poco más de solvencia económica. Te ayuda algo, pero no mucho, porque el precio siempre es bien bajo. Si fuera de 200 dólares el pago por quintal, estaría bien, pero lo único que nos dan son 40 dólares por encima del precio de la Bolsa de Nueva York, más las deducciones del beneficiado que son como 15 dólares y el pago del crédito, para quienes lo tienen.

Porque los 40 dólares que dan demás por ser orgánico no es muy bueno, porque el dólar está devaluado también.


¿Cuándo recibe por el esfuerzo de producir con calidad?

Por ejemplo si vendimos bien nos pueden quedar en total unos 90 dólares por quintal, sin meter ninguna deducción, pero a eso le tiene uno que meter el pago de trabajadores, cortadores, mantenimiento de la finca, pago del crédito y un sinnúmero de cosas más por las cuales a uno sólo le queda muy poco dinero.


¿Y ustedes por ejemplo saben con certeza con cuánto se quedan las exportadoras, que por lo general se encargan de hacer el beneficiado?

No, no sabemos. Yo por ejemplo no sé.


¿Y usted sabe a quién y en cuánto se vende su café. De forma que tenga la certeza que su producto está siendo vendido al precio que se lo pagaron ellos y no a otro más alto?

No, nosotros no sabemos a qué precio final es que venden el producto. Si se los pagan a ellos a un precio mayor, no lo sabemos. Nosotros sabemos del precio hasta que nosotros se los entregamos, así nos lo pagan, a como ese día esté cotizándose en el mercado, pero más no. Si lo venden más caro eso queda a conciencia de ellos.


¿Les resulta rentable producir café orgánico?

Bueno, en mi caso me ha ayudado, pero creo que sería mejor si hay transparencia. A mí me gustaría saber a cuánto se vendió mi café y quién lo compró.


¿Siente que las comercializadoras son transparentes con ustedes?

Nosotros como productores, en general, estamos conscientes que hacemos un trato con las comercializadoras y ellos nos ayudan. Pero si ellos venden a otros precios queda a su conciencia si se vende más caro de lo que hemos negociado. En las casas comerciales nunca nos han dicho cómo se vende finalmente nuestro café y no hemos tenido ningún incentivo.


¿Qué es lo que se puede hacer para mejorar el sector cafetalero?

Si la gente está viendo que un productor de Pueblo Nuevo, en Estelí, produjo el mejor café del país y sabe que hay otras partes de Nicaragua que tiene tierras más fértiles, debe darse cuenta que hay mucho futuro pera la siembra. Mi recomendación es que la gente que tiene ese potencial como en Dipilto, Jinotega y Matagalpa, cuiden el medio ambiente. Que no se dejen despalar las montañas.

En Nicaragua el problema es la gente se deja quitar los recursos naturales. Yo desde que compré la finca he buscado cómo reforestarla toda, pero sigo sembrando porque quiero ver mi finca reforestada.


¿Qué cree hace su café tan especial?

Es un fenómeno. (Ríe y se queda pensando). Primero creo que es Dios, y lo otro creo que son los abonos orgánicos que usamos. Nosotros hemos visto cómo el usarlos le da vida a la tierra. La renueva y la vuelve fértil. Pienso que pueden ser los abonos orgánicos lo que han hecho la diferencia. Eso y el cuido a cada planta, las tratamos como personas, lo único que no les ponemos es música...


¿Cómo se siente siendo el primer productor orgánico del país que tiene el mejor café del país y que además no es un gran productor?

(Titubea al responder y contesta) Bueno ... eh... me siento alegre y orgulloso, creo que es un regalo de Dios. Le agradezco a Él, a los organizadores del concurso y los de la cooperativa que me benefició el producto. Es bonito hablar de uno, pero siempre es difícil. Lo mejor es que siendo pequeño, los grandes reconozcan y hablen de mi café. Se siente muy bien.


¿Cómo productor de café de Pueblo Nuevo qué cosas son las que cambiaría para mejorar la situación. Qué cree hace falta?

Hace falta mejorar los beneficios de las fincas, un beneficiado con calidad es también clave para un café de calidad. Hay que invertir en ellas, hacerlas más bonitas, pero también tenemos que sembrar más árboles, hacer que los otros productores tomen conciencia que hay que cuidar el medio ambiente. Y al Gobierno le falta bastante hacer por nosotros.


¿Qué cosas tiene que hacer el Gobierno por ustedes?

Bueno, que el Gobierno se preocupe para componer los caminos, desde el Gobierno de doña Violeta Barrios pedimos eso, si no nos hubiera afectado el huracán Mitch, aquí estuviéramos todavía igual. En la parte del financiamiento es algo difícil porque los medianos teníamos crédito accesible, ahora con los otros bancos privados no podemos optar a éstos. Ellos son bien estrictos y los intereses son muy altos. Creo que el Gobierno debería negociar con los bancos privados para que nos bajen los intereses, porque se les pasa la mano.


¿Ahora que es un productor reconocido qué le queda por hacer en la vida?

Uno para estar tranquilo espero estar alentado y con salud para seguir trabajando. Le pido a Dios que me dé salud. Seguir mejorando la finca, porque uno como productor ve la finca como una madre. Nos ha dado todo. Proyectos no tengo, sólo ideas, pero el problema es que necesitamos el don dinero para hacer lo que queremos, sin eso no tenemos nada. Pero ni modo, uno tiene que ser conforme, si está bien: Bendito sea Dios, si uno está mal, bendito sea Dios. He pasado muchas dificultades y lo que tengo me ha costado sudor y sangre, he tenido muchas dificultades como pobre que he sido, pero le doy gracias a Dios porque voy para adelante.


DE PUEBLO NUEVO

Daniel Canales nació en Pueblo Nuevo, el 20 de julio de 1937, tiene 67 años y está casado desde mediados de los años de 1970 con Justina Sevilla, con quien tiene cuatro hijos.

Antes de casarse había tenido otros hijos, pero ahora sólo vive con los de su matrimonio.

Adquirió la finca Los Delirios en 1984, en un completo estado de abandono. La reforestó y fue aquí cuando se empieza a meter a la producción de café.

En 1994 decidió cambiar la producción tradicional de café por la orgánica y eso le ayudó a no perder su finca, en el momento que la caficultura mundial se vio afectada por la crisis internacional de precios.


PREPARANDO LA COSECHA

Daniel Canales tiene sembrado 25 manzanas de café, en la finca Los Delirios en Pueblo Nuevo, Estelí. Cuando termina la cosecha a finales de febrero, revisa cada plantita, para ver si no se le quebraron las ramas cuando recolectaban las motas, si lo hicieron se limpia y se deja la planta en condiciones óptimas. “Se corta lo que se tiene que cortar y se le quita a la planta lo que se le tiene que eliminar. Una por una. Es un trabajo personalizado”, comenta.

Dentro de las cosas que incluyen las limpiezas sanitarias del café está el regulado de la sombra, la poda, la limpia en la parte del tallo y la resepa que no es más que la cortada de los árboles más viejos.

Paralelo al cuidado de las plantas de café se reparan los cercos de la finca, se da mantenimiento al beneficio. Y en ese mismo momento inician la preparación del abono orgánico que para el caso de su finca es el compost. En la finca Los Delirios éste se hace con cascarilla de café, de arroz, pulpa de café, estiércol de vaca y entre otras cosas. Al montículo de productos se le ponen respiraderos para que no se queme la composición del abono. El proceso dura 90 días, que al terminarlo es aplicado al terreno.

Este compost ha sido preparado por un cuñado de él que recibió un seminario de esto, les regaló el formato que usan desde el 2001. Se sigue con el mantenimiento de limpieza en cada árbol y empieza la recolección del café.

Al cortador le exigen que recolecte calidad y no cantidad: el grano maduro, rojo y que cuide la planta. Se controla además quién cortó qué planta, y si hay problemas se le dice, si no se va.
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