Reportaje
Niños esclavos
Juan Ruiz S. y Mercedes Peralta
Cerca de 400 menores trabajan en condiciones infrahumanas dentro de las minas de La India, en León, o en actividades relacionadas con ellas
Hay un molinete libre en la mísera casa de los Torres, en el pueblo leonés de La India. “Es el de mi hija mayor”, explica Rosa Altamirano, la madre. “Ahora vive en Managua y yo quiero que vuelva aquí. Pero ella me dice: ‘No, yo no voy a molinetear. ¡Ese pegue es duro!”
La experiencia central en la vida de esta familia es el molinete, un rústico instrumento que sirve para triturar la tierra que contiene brozas de oro. Se trata de una enorme piedra en forma de globo que pesa cerca de 50 libras, de la que salen dos palos de la misma altura que un ser humano, con los que se mueve el canto.
Los otros tres molinetes sí tienen a alguien. Uno para cada una de las hijas de Altamirano: Reina Isabel, María Antonia y Raquel Torres, de 14, 15 y 19 años, respectivamente.
Desde que dejó la escuela hace seis años, Raquel se despierta a primera hora de la mañana en la estrecha tabla de madera que hace las funciones de cama, toma una taza de café y agarra los dos brazos del molinete. No se separa de ellos hasta que oscurece. Todos los días. Según la madre, “le encanta estar ahí. Vive ahí”. Antes de que ésta llegara, no obstante, Raquel había dicho que lo que a ella de verdad le gustaría es seguir estudiando. Pero “hay que molinetear”.

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