Clarke en Madrid
Freddy Potoy R.
MADRID, ESPAÑA.— Mientras se afinaban los detalles en medio de intensos debates para la nueva resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre la situación de Irak, el “zar” antiterrorista de Estados Unidos, Richard A. Clarke, llegaba a España y era abordado por los distintos medios de comunicación hablando sobre los atentados del 11-S, la guerra a Irak y Al Qaeda.
El lunes por la mañana Clarke compareció en la cadena cinco de la televisión. Ayer El País y El Mundo publicaban más detalles de la visita y las entrevistas con el personaje norteamericano que estuvo aconsejando al Presidente de Estados Unidos, George Bush, sobre la lucha contra el terrorismo.
El libro de Clarke en España es una de las últimas obras que se ha ubicado rápidamente entre las más compradas por su contenido, tejido con filigrana, propio de un hombre del calibre del “zar” antiterrorista.
Clarke no se atrevió a pronosticar qué pasará con Bush en las próximas elecciones, pero sí lo comparó con el ex presidente Bill Clinton, y naturalmente el primero no sale bien parado. Clarke dijo que mientras Bush quiere llegar a conclusiones muy rápidas de acuerdo a lo que él ha preconcebido, Clinton es un hombre que piensa bastante las cosas y siempre escucha a los expertos y agota todas las consultas posibles.
Según Clarke, a Bush hay que decirle que se deben analizar muy bien las cosas antes de hacerlas, mientras que a Clinton hay que impulsarlo a tomar decisiones, una vez agotadas las consultas, porque es un hombre muy cuidadoso y con mucha precaución.
“Gran parte de la estrategia contra los yihadistas pasa por reducir su apoyo popular en el mundo islámico”, dijo Clarke, sin embargo estima que en vez de trabajar para crear un contrapeso ideológico al fundamentalismo, “hicimos justo lo que Al Qaeda predijo: ocupar un país rico en petróleo que no representaba ninguna amenaza”, con lo que se proporcionó “la mejor propaganda de reclutamiento imaginable” a la red islamista.
Clarke habló que la guerra contra Irak se lanzó por varias razones, entre ellas, las personales de Bush y Cheney que sentían culpa por cómo terminó la Guerra del Golfo. Buhs padre instó entonces al pueblo iraquí a lanzarse contra Saddam y muchos chiitas y kurdos fueron masacrados ante la pasividad de Washington.
Otra poderosa razón de la guerra en Irak es el petróleo. “A Cheney le preocupaba conseguir una fuente alternativa de petróleo ante una eventual caída de la dinastía Saud en Arabia Saudita”, expresó Clarke.
Clarke plantea las hipótesis alrededor de lo que podría pasar si se obvian algunas prioridades como Pakistán, que con un gobierno talibán provisto de armas nucleares promovería el terror. En el Golfo, otra nación con armas nucleares es Irán y en Arabia Saudita, tras una eventual caída de la casa de Saud, se crearía una república teocrática del siglo XIV.
Y, mientras Clarke ponía en contexto este complejo tema, también se conocía la noticia que Estados Unidos tomó la decisión de otorgar a Marruecos el rango de “aliado militar preferente”, lo cual se interpreta aquí, como una respuesta a las decisiones tomadas por el Presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, en la guerra contra Irak.

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