La sombra del general Ortega en Pochomil
Eduardo Marenco Tercero
Todo inició hace un mes, cuando un matrimonio vecino de ese lugar y otras siete familias, se enteraron de que no podían entrar a sus casas de playa, en Pochomil, por las servidumbres de paso. La razón: los accesos ubicados al norte y al sureste fueron cercados por “alguien” con ocho líneas de alambres de púas. En uno de los caminos, no sólo se levantó el cerco, también se sembró piñuelas, se erigieron montículos de tierra usando tractor y se dispersaron ramas de cornizuelas, idóneas para provocar pinchaduras de neumáticos.
Algunos vecinos piensan que ese “alguien” es el general en retiro Humberto Ortega Saavedra, conocido como dueño de un lote que colinda con la playa, pues los cercos ubicados al norte de su propiedad desaparecieron, y sus tierras se habrían ampliado hasta llegar a la proyectada carretera costanera que comunicará Montelimar con Costa Rica.
En realidad no fue el general Ortega quien mandó a cerrar los alegados pasos de servidumbre, sino Luis Alberto Toruño y Johnson Laínez, ejerciendo lo que consideran su derecho legítimo de propiedad.
Laínez, quien asegura ser el dueño del lote contiguo al del general Ortega, niega que al cercar la propiedad, sembrar piñuelas y esparcir cornizuelas, haya interrumpido una servidumbre de paso.
“Yo estoy ejerciendo mis derechos legítimos de propiedad”, expresa. Y recalca que su propiedad no está atravesada por ninguna servidumbre de paso, la que debe constituirse en escritura pública.
Si los vecinos piensan lo contrario, añade, que acudan a los tribunales. Laínez también niega que la propiedad la haya adquirido en representación del general Ortega, de quien ha sido su asistente personal durante muchos años, contacto de prensa y abogado de su familia en litigios de propiedad.
El lunes pasado, la Alcaldía de San Rafael del Sur mandó a quitar el cerco que cortaba la trocha en el borde de la propiedad de Laínez, porque sí es una servidumbre de paso, según Arle Guadamuz, funcionario de la Alcaldía. Pero el problema no está resuelto, según uno de los perjudicados, pues debido a los montículos de tierra y a las cornizuelas, el camino es intransitable.
Laínez asegura que el ex jefe del Ejército no es el dueño del lote contiguo al suyo. Los vecinos han escuchado lo contrario de boca de los mismos cuidadores. Luis Alberto Toruño, representante de Armando Téllez, quien hizo una cesión de derechos de un lote a favor de Laínez, confirma que las tierras que dan a la playa son del general en retiro.
Este Diario intentó conocer la versión del general Humberto Ortega, acerca de este conflicto, pero Laínez no logró comunicarse con él.
Toruño ofrece a los vecinos una solución: él quita el cerco al pie de la proyectada costanera, en el paso de servidumbre ubicado al norte, a cambio de que a lo largo de los quinientos metros del camino, los vecinos levanten un cerco paralelo al del lote adquirido por Laínez. Así, alega Toruño, su propiedad estará protegida de los campesinos corta-leña o de invasores, y delimitada respecto a la de Laínez.
INTRANQUILIDAD
Desde que Laínez adquirió las doce manzanas ya no hay cerco de división entre su finca y la del general Ortega. Laínez asegura que retiró el cerco para colocar uno “mejorado”.
Los vecinos insisten en que el general les cerró el paso con la idea futura de construir un complejo turístico de playa, pues si todo el terreno fuera suyo tendría acceso desde la playa hasta la proyectada carretera costanera.
Uno de los afectados no olvida la vez que se asomó desde el segundo piso de su casa, en dirección a la loma poblada de cocoteros, y vio al general Ortega, escoltado por varios hombres con armas de guerra, caminando en su terreno junto a varias jovencitas, inspeccionando la propiedad y el bello paisaje. De eso hace varios años. No lo han vuelto a ver.
LA HISTORIA DE LA PROPIEDAD
“Todo eso que ve es mío, hasta donde le alcanza la vista”, solía decir el general Anastasio Somoza García, según cuentan en Pochomil Viejo.
De esta manera, las tierras atravesadas por los dos supuestos pasos de servidumbre de la discordia, fueron hace mucho tiempo propiedad del fundador de la dinastía e hicieron parte de doce mil manzanas de tierra del Ingenio Montelimar. Pero se dice que Somoza nunca las inscribió a su nombre.
Con la revolución, esas tierras formaron parte del Estado y en los noventa, fueron concedidas en contrato de arriendo por la Corporación Nacional del Sector Público (Cornap), al Grupo Agropecuario Montelimar S.A., presidido por Armando Téllez.

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