Entrevista
Claudia María Castellón: “Las mujeres deben aprender a respetarse”
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Nacida en el seno de una familia cafetalera de Matagalpa, ocupa hoy uno de los puestos más importantes en cuanto a la promoción del café gourmet de Nicaragua en el mundo entero. Ahora comparte su experiencia y algunas de las barreras que como mujer ha tenido que enfrentar en el mundo de los negocios de hombres |
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Claudia María Castellón, gerente general de la Asociación de Cafés Especiales de Nicaragua (ACEN)
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Gabriel Sánchez Campbell
Para los creyentes en los signos del zodíaco, esta mujer es la típica representación de Leo, porque a Claudia Castellón nunca se le ve desarreglada, pues dicen que la elegancia es una característica permanente de los que portan este signo.
Habla claro y de frente y en más de alguna ocasión se le sale su escondida arrogancia, pero en el fondo tiene un espíritu entusiasta y definitivamente sabe manejar su carisma porque es gentil.
¿Cuáles son las cosas más difíciles que como mujer ha tenido que enfrentar en Nicaragua?
Ser aceptada en el mundo profesional y demostrar que no sólo los hombres tienen la capacidad de hacer los trabajos duros, porque ellos creen que nosotras no podemos hacerlo. Otra cosa es demostrar que una no llega a ocupar un puesto por su cara bonita o por un favor con el jefe o el amigo del jefe, sino por su capacidad profesional. Y lo otro es que he tenido que ver cómo el hombre en Nicaragua nos ve como un objeto sexual. Lo peor es que muchas mujeres lo aceptan porque creen que si no lo hacen perderán sus empleos.
¿Cuál es entonces el reto de las mujeres en Nicaragua?
Creo que las mujeres tienen que aprender a respetarse. Tienen que saber que deben ser aceptadas profesionalmente por sus capacidades y su desempeño no importando la cara, el cuerpo y el físico.
¿Siendo mujer qué ventajas crees que tienen las mujeres en nuestro país?
Que cuando a un hombre le pedís un favor, se les es más difícil decirnos que no. Se te abren muchas puertas y los hombres como nos ven como objeto piensan que no podemos hacer las cosas y no te ponen tantas objeciones. Otra de las ventajas es que en este mundo las mujeres tenemos un sexto sentido que los hombres no tienen y eso es una excelente ventaja, porque nosotras buscamos la perfección y la divinidad de las cosas.
¿Cómo las catalogas?
Falta que sepan pelear por sus derechos. No permitir que las enamoren sólo porque son bonitas: aquí debe haber un trato más profesional, desde la persona que limpia hasta la más alta ejecutiva, porque todas valemos por igual. En Nicaragua los hombres son muy confianzudos y las mujeres por temor no ubican a la gente.
¿En medio de todo eso cómo fue el regresar a Nicaragua después de 16 años de exilio?
Fue un choque bien fuerte. Todo era diferente, el ambiente, la gente, la forma de trabajar. No había disciplina en los trabajos, la gente te irrespetaba pero ahora eso ha cambiado y realmente me encanta estar de vuelta en mi país.
¿Cuál fue su primer trabajo en Nicaragua?
Fue en sacos Macen, como gerente de ventas, me inicié en ese trabajo tres meses después que vine a Nicaragua. Creo que en ese lugar enseñé lo que había aprendido fuera, desde cómo contestar el teléfono, la presentación, cómo atender al cliente. Cómo tratar a la gente, a respetarla independiente su condición social, religión, credos e ideología.
¿Pero cuál es la relación que tenía su trabajo como gerente en una empresa de sacos, con su carrera: sicología?
No creas que era la primera relación que tenía con el mundo de los negocios, además de ser sicóloga yo tuve otros trabajos. Era encargada de piso de ropa de dama en una tienda en Estados Unidos, en el área de mercadeo también. Trabajé en un Hallmark vendiendo tarjetas y en otros trabajos que tenían que ver con el mercadeo. Por eso no me fue difícil saber cómo hacerlo, porque para mercadear una tiene que estudiar a la gente. La sicología es el estudio de la gente, entonces uno tiene que ver qué es lo que quiere la gente y saber darle lo que ellos necesitan. Así uno vende.
¿Qué aprendió en ese trabajo?
Aprendí cómo era la estructura productiva del país. Al principio no sabía ni cómo se hacía un saco y después sabía cuáles eran las necesidades de cada sector productivo del país: arroz, maíz, azúcar, café. Los traté a todos. Empaqué la producción nacional.
¿Fue en ese momento que se involucra con el café?
No, yo nací y crecí con el café. Mi padre ha sido cafetalero toda la vida, es beneficiador, tuvo una exportadora. Al trabajar con sacos Macen le empaqué el café a Nicaragua y lo que sí aprendí a estimar y ver de primera mano qué cantidad de este grano era lo que se producía y se vendía en el mundo.
¿Porqué se salió de ese lugar?
Porque vendieron la empresa, y por año y medio me dediqué a cuidar a mi madre que estaba enferma. Este año Julio Solórzano y Roberto Bendaña llegaron a buscarme a mi casa para decirme que querían que yo trabajara con ellos en la Asociación de Cafés Especiales de Nicaragua (ACEN). En ese momento tuve miedo porque no me sentía experta en café, pero fue un reto y estuve dispuesta a aprender. Ahora ya sé mucho más cosas sobre el sector, aunque sé que tengo que seguirme nutriendo en eso. Lo que me motivó era saber que podía devolver algo para ese producto que cuando estuve en el exterior me pagó mis estudios, me vistió, me dio de comer y como amo el café acepté el puesto.
¿Cómo es actualmente la participación de la mujer en el mundo cafetalero?
Es cada día más beligerante. Si uno ve actualmente los mayores y mejores exportadores de café son mujeres, las escogedoras y seleccionadoras de este grano en los beneficios son también mujeres.
¿En el mundo cafetalero cuál cree que es uno de los mejores logros de las mujeres en Nicaragua?
El que hayan más catadoras que catadores y que en Centroamérica Nicaragua tenga fama internacional de personas que saben hacer esto a la altura de cualquiera de los expertos en el mundo. Por eso es que sé que hay mujeres que tienen mucho que dar por ellas mismas y por su país. Y no sólo en éste que es considerado un producto de hombre, en todo las mujeres debemos dar mucho de nosotras.
¿Cuál crees que será tu rol en el café en Nicaragua?
Deseo que mi rol sea el de una impulsadora de la calidad para que aprendamos a consumir buen café, y uno de mis roles será que también se sirva un buen café, entrenando a la gente para que sepa esto, ya que en el país se produce uno de los mejores cafés. Tenemos que empezar por casa lo que tenemos que sacar fuera del país. Mi meta y lo que me he propuesto es enseñar y vender el mejor café del país.
DE ARMAS TOMAR
¿Hablemos de sus planes, para el futuro. En el amor..., cómo está?
Bueno estoy soltera y sin compromiso. No he encontrado a quien estará conmigo para cuando envejezca, quiero a alguien que me acepte como soy y que me haga feliz. El dinero va y viene, pero la felicidad es algo que tiene que mantenerse siempre.
¿Qué es lo más extravagante o exótico que ha hecho?
Lo último, bueno, fue un tatuaje que me hice en uno de mis senos. Es una mariposa que llevo en el pecho derecho, porque creo que es sensual y sexy. Y lo hice porque hago lo que quiero y si lo quiero lo logro.
¿Qué le falta por lograr?
Ver formados a mis dos hijos, como personas íntegras y de bien en la sociedad. Creo que hemos perdido muchos los valores familiares en la sociedad y eso es lo que he procurado que a ellos no les falte. Me gusta el resto de cosas, quiero a Nicaragua, quiero mi trabajo y me gusta lo que hago. Lo que me falta es terminar de poner mi granito de arena por el país, aunque no espero nada a cambio.
SEMBLANZA
Divorciada, con dos hijos creciendo, dice que no se arrepiente de nada de lo que ha hecho en la vida, porque de las cosas buenas y malas siempre ha aprendido algo nuevo. Considera que lo más importante en la vida es el amor y la pasión con la que uno puede hacer las cosas, sin olvidar el respeto a los demás.
Nació en Managua, pero se crió hasta los 15 años en Matagalpa, entre la casa, la finca y el beneficio de café de la familia. Es la segunda de tres hijos del matrimonio de Roger Castellón Orúe y Shirley Lothrop.
Nació en la mañana del 15 de agosto de 1963 y fue educada en un colegio de monjas en León, el cual dejó para vivir durante 16 años en Estados Unidos, en donde se graduó como sicóloga.
En ese país creció y maduró. Se casó y tuvo a su primer hijo de su ahora ex esposo.
Trabajó para el Gobierno de ese país, pero luego se mudó a El Salvador en donde nació su segundo hijo. Fue en ese mismo lugar en donde se divorció y decidió venir a Nicaragua a continuar con su vida en 1994.
Hoy sigue adelante en la vida con las ganas de aportar por lo menos un granito de arena para mejorar Nicaragua, a como ella misma dice.

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