Resucitan
Edgard Tijerino M.
Llámenlo resolución, orgullo o corazón. Sea lo que sea, Kobe Bryant lo tiene. Lo comprobamos anoche.
Con Bryant sacándolos del hoyo, mostrando su fiereza, clase y puntería contrarreloj, los Lakers “masticaron” la gran defensa de los Pistons en el tiempo extra, edificando una victoria por 99-91.
Ahora la final de la NBA está equilibrada 1-1 al zarpar hacia Detroit para tres duelos, pero el previo favoritismo de los Lakers está siendo sometido a discusión.
Regresemos al momento cumbre. Abróchense sus cinturones.
Todo triple es espectacular, pero luce más grandioso cuando está revestido del más intenso dramatismo, con la pizarra estrangulándote.
Con esa diferencia de tres puntos 89-86 aguijoneándole la espalda, Kobe enfrenta a Richard Hamilton en la zona de tres.
Los latidos del reloj en el Staples, se escuchaban como un tambor de guerra. Era el tiempo de nervio, garra y pulso. La máquina muscular de Bryant funcionó con precisión y el vuelo de la pelota, describió una parábola perfecta, directa al corazón de los Pistons.
89-89 señores. Todo estaba como al principio repentinamente.
Atrás había quedado la clara y alentadora ventaja 44-36, conseguida por los Lakers al terminar la primera mitad, y las tres diferencias de 11 puntos, siempre a favor de los angelinos, en el transcurso de ese cambiante tercer cuarto.
¡Qué importaba la vigorosa y casi heroica reacción de los Pistons para adelantarse por 6 puntos, 89-83, faltando apenas un minuto!
El doble de Shaq, agregando un tiro libre, acercó a los Lakers 89-86, cuando Bryant tomó una pelota y toda la cancha se iluminó.
En la prórroga, dos de Shaq, dos de Kobe y dos de Shaq, amarraron a los Pistons en la cola del caballo 95-89.
Hamilton ripostó con un doble, pero una sacudida de cesto por parte de Kobe y otra de Shaq, los sepultaron.
Larry Brown no lo podía creer. Tuvo la victoria en el bolsillo, y de pronto, no había nada más que angustia y desarticulación.
¡QUE CIERRE!
El tercer cuarto arrancó con Shaq clavando para establecer una diferencia de 10 puntos 46-36, que se amplió levemente a 11 con el marcador moviéndose 54-43 y 56-45 mientras el Staples Center rugía haciendo temblar California.
Súbitamente, después de un doble de Kobe ( 58-47) los Lakers se enredaron y naufragaron en tres intentos. Un triple de Hamilton y un doble de Billups metieron a los Lakers en el pozo de las angustias, manejando una ventaja 59-58.
En medio de las dificultades, los Lakers se las arreglaron para sostenerse arriba. Shaq, Malone y Kobe, funcionaron para construir una saludable diferencia 65-59 faltando un minuto y 6 segundos.
En el último cuarto, los Pistons, dominando los rebotes, garantizando los desbordes y mostrando su puntería, se lanzaron al asalto, enmudeciendo el Staples. Ganaban por 6, se sentían rumbo al cielo, pero Kobe los derribó con una estocada de tres puntos, de esas que nunca se olvidan.

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