Sobre los “clavos” lingüísticos con los que se enfrenta el turista
Róger Matus Lazo
La mayoría de las palabras son polisémicas, y no siempre se conocen los diversos usos dialectales. Una pendeja ecuatoriana no es lo mismo que la pendeja española; la concha en Venezuela es muy distinta a la concha en Uruguay; el culillo en España lo confundirían con fundillo; el boludo de Cuba no tiene nada que ver con nuestros holgazanes; decir pico entre damas chilenas es cosa seria; si una española quiere ver un perico, no la lleve al “Chocoyero”; al fruto del papayo en Cuba llámelo mejor fruta bomba; hay una tortilla en España que no es precisamente tortilla española; nuestros pájaros vuelan, pero en Costa Rica se pelean a pañuelazos; un cubano podría ofender a una mexicana confundiéndola con una resbalosa; si usted no sabe lo que significa coño, mejor no lo diga en España; comer la polla no tiene nada que ver con rosti-pollos; aquí nadie quiere tener amigos chivos, pero en Cuba hasta los llevan a sus centros de trabajo. Y si una española le dice a usted “hijo de la Gran Bretaña”, no crea que lo confundió con un inglés. Veámoslo con más calma.
Pendejo, según parece, nos viene del latín y tiene un significado que ni siquiera imaginamos: “Pelo que nace en el pubis y en la ingle”. Pero el pendejo propiamente nicaragüense se parece un poco al tico (torpe o poco hábil) y al ecuatoriano (tímido): ¡No seás pendeja, Clovia, si no te va a pasar nada! En España, en cambio, usted no puede decirle tan fácilmente pendeja a una dama, porque le está diciendo que es una sinvergüenza, de vida licenciosa. Un argentino o un uruguayo nos pregunta en casa si nuestros hijos son pendejos (adolescentes). Pero un pendejo de marca mayor lo encontramos en Perú: persona astuta, taimada.
La concha de los moluscos, tortugas y crustáceos tiene, según algunos países, acepciones diferentes. Como en Venezuela, en Nicaragua lo empleamos para referirnos a la “cápsula vacía de cualquier proyectil de armas de fuego”. En Colombia y Venezuela llaman igualmente concha a la corteza de los árboles. En nuestro país —como en Colombia, Costa Rica, Ecuador y Perú— significa “desvergüenza, descaro”. Es común en la frase interjectiva ¡qué concha! El Diccionario académico lo registra como americanismo. Pero esta frase interjectiva puede ofender a una dama en Argentina, Chile, Perú o Uruguay, en donde el término designa a la parte externa del aparato genital femenino.
Un boludo en Nicaragua es un tipo que tiene las gónadas grandes y pesadas. Un haragán, que apenas levanta los zapatos para caminar. En cambio, en Cuba es el calzado de puntera redonda. En México debemos tener cuidado, por humanidad, pues un boludo es un pobre hombre con protuberancias. En Uruguay podemos presenciar un juego de futbol entre boludos (jóvenes); y en El Salvador podemos conversar, de pura chiripa, con un boludo realmente grueso: un adinerado.
Ya sabemos que en Nicaragua, como en Bolivia y Colombia, llaman pico al beso. Pero si usted tiene una novia chilena o costarricense no le pregunte si desea un pico, porque ella entenderá de inmediato que se refiere al pene. La papaya es un exquisito fruto del papayo. En nuestro país tiene también una connotación sexual: órgano sexual de la mujer. Pero no se siente tan fuerte como en Cuba, en donde lo sustituyen por fruta bomba. Sin embargo, escuchar a una joven colombiana decir que le va a dar papaya a su enamorado, no se sorprenda: simplemente, quiere darle una oportunidad (aunque no sabemos qué). Como en Nicaragua, en México resbalosa es una mujer que se insinúa o que da a entender que desea relaciones amorosas. Pero en Cuba, usted puede tranquilamente decirle resbalosa a una dama, si en verdad le falta al cumplimiento de un compromiso.
Si usted es aficionado a las aves, pero no de corral, como los pájaros de cualquier tipo, tenga cuidado porque en Costa Rica es un hombre homosexual, y en Guatemala y Venezuela llaman pájaro al miembro viril.
En nuestro país, el término coño es totalmente desconocido. Eso tiene sus riesgos. En Venezuela significa “tipo, individuo cualquiera”. Los ecuatorianos llaman coño a un individuo tacaño, miserable; y los chilenos le dicen coño a cualquier individuo de nacionalidad española. Pero si usted va a España puede tener problemas, porque allá denominan así a la parte externa del aparato genital de la mujer.
Una polla es una gallina nueva; de ahí lo de mujer joven. En El Salvador significa “esputo” (pollo, en Nicaragua). Los ecuatorianos lo emplean para referirse al papelito lleno de apuntes que el estudiante esconde para usar durante el examen (la piedra, de nuestros adolescentes); y los mexicanos llaman polla a una bebida con leche, huevos, canela y licor (el ponche nuestro). En Nicaragua una polla es la novia; y aunque tiene una connotación sexual (pene), no tiene la fuerza semántica del uso peninsular. Por eso, si usted oye en España decir “comer la polla”, no piense en una rosticería, pues significa la estimulación bucal del miembro viril.
No conocemos el verbo chingar en nuestro país. El Diccionario académico nos informa que se trata de una voz derivada del caló (cingardr, pelear). En algunos países centroamericanos significa “cortar el rabo a un animal”. Y como sinónimo de “frustrar o fracasar”lo emplean los canarios, argentinos, bolivianos, chilenos y colombianos. En España denota “estropear”. También se refiere a “fastidiar, importunar, molestar”: ¡Deja de chingar! Pero chingar tiene un significado que usted debe conocer (realizar el acto sexual) para no decirle a una dama: ¡Vaya usted a chingar a otra parte!
Chingada es un sustantivo que en Nicaragua se usa sobre todo en construcciones fraseológicas: Este reloj anda por la chingada (marcando la hora alocadamente); Esta raya te quedó por la chingada (torcida); La novia lo mandó a la chingada (cortó relaciones sentimentales); Este tipo piensa por la chingada (tiene ideas desacertadas); Vive por la chingada (lejos). Veamos este texto: Vengo de la chingada grande. (Tatiana Rothschuh Andino: “Dime cómo hablas…” (La Prensa, 9 de mayo del 2004, revista Magazine, p. 41). En México, chingada es “prostituta”. En España no se emplea este término, pero si usted oye decir “hijo de la gran chingada”, es exactamente como “hijo de la Gran Bretaña”, es decir “hijo de la gran p…”
Un nica, como buen centroamericano, acompaña las comidas con tortilla de maíz. Como los mexicanos, los puertorriqueños y los dominicanos, también. La tortilla de los argentinos, bolivianos y chilenos es más bien una especie de torta de harina de maíz o trigo, pero salada y cocida en las brasas. La tortilla española consiste en un plato preparado con huevos batidos y fritos, papa cocida u otro ingrediente. Pero hay aquí también una tortilla que para qué le digo: relación sexual entre mujeres.
Del chibcha nos vino la voz chivo, la cría macho de la cabra; de ahí el cabrón de los cubanos, uruguayos y venezolanos. En la jerga de los estudiantes guatemaltecos se llama así al papelito con los apuntes para usarlo subrepticiamente en los exámenes (la piedra, en Nicaragua). En Cuba llaman chivo también a la bicicleta, y a un fraude, una malversación, un negocio ilícito. Entre salvadoreños, es juego de dados. En el nivel popular de Nicaragua significa “hombre que convive con una prostituta”. Ahora bien, si usted es un hombre de gran prestigio, un venezolano se lo diría en su lengua con deferencia y especial amabilidad: ¡Usted es un gran chivo!
Un perico entre nosotros es un chocoyo. También llamamos así al aprendiz, novato o inexperto. Pero en España, si usted dice que necesita un perico, le llevan una bacinilla. Y si le dice perico a una dama, probablemente lo sacan a leñazo limpio porque significa “mujer de vida libertina”.
Culillo en nuestro país —como en los demás países centroamericanos, Colombia, Ecuador, Puerto Rico y Venezuela— significa “miedo, temor”. También lo empleamos con el significado de “preocupación, inquietud”: ¡Ya dejate de culillos…! (La Prensa, 29 de febrero del 2004, suplemento El Azote Semanal, semana del 29 de febrero al 6 de marzo). En Cuba se usa como sinónimo de “prisa, impaciencia”; y en República Dominicana denota “rabia, ira, enojo”. No se conoce en España este término, pero si un cubano o un dominicano le dice a una española “me preocupa tu culillo”, ella entenderá quizá que se refiere al diminutivo que tiene detrás. O, para decirlo de otra manera: ¡Ya me duele el chiquito de estar sólo sentado! (La Prensa, 2 de mayo del 2004, suplemento El Azote Semanal, semana del 2 al 8 de mayo)
El autor es Miembro de Número de la Academia Nicaragüense de la Lengua.

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